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Hacer memoria de Dios.
2014-08-15 (Artículo)
«Por encima de todo, tu voluntad, Señor» (Artículo)
«El camino para ser creativos es a través de la oración» (Artículo)

Padre, esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo
ARGENTINA | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Gerardo Bouzada Iglesias, L.C.

P. Gerardo Bouzada Iglesias, L.C.
P. Gerardo Bouzada Iglesias, L.C.

Pasando por el corazón las experiencias que me más han marcado, aparece un hilo conductor: El Encuentro con Cristo.

Mi interior, un mar de palabras

Nací en una familia católica de raíces españolas. Mi padre es comerciante y mi madre, ama de casa. Tengo un hermano, casi cinco años más joven que yo, casado y con una hija. Mis padres me transmitieron el valor del amor a la familia, de trabajo, de progreso, sobre todo de amor a Dios al haberme dado una formación católica.

Al empezar la adolescencia, las chicas, la música, el fútbol y la TV se convirtieron en ídolos a los que sacrificaba mucho: a Dios y mis compromisos fundamentales. Recuerdo que me hice socio del club de fútbol River Plate sin decirle nada a mis padres, sabiendo que ellos no querrían por la violencia que suele haber en los estadios de Argentina. Pero yo lo tenía calculado. Si salía 5 minutos antes del final del partido a así evitaba batallas de pedradas.

Mi banda preferida eran “The Ramones”. Punk Rock. Tenía deseos de cambiar el orden establecido, cambiar el mundo y criticar la corrupción del mundo y de la Iglesia de los años 90´.

El encuentro que
P. Gerardo Bouzada Iglesias, L.C.
P. Gerardo Bouzada Iglesias, L.C.
tuve con Cristo en mi bautismo y en la comunión se llenó de polvo. No lo recordaba. Era un peso ir los domingos a misa.

En el mar de las palabras el silencio

En 1996, un amigo y yo recibimos la invitación de ir a conocer un grupo de jóvenes que iba a iniciar en nuestra parroquia: el Regnum Christi. Lo que dijo el sacerdote quedo grabado en mi corazón. Primero nos presentamos. Yo era el más joven, tenía 16 años. Cada uno contó su historia. Luego el padre dijo: «A lo largo de la historia Dios había suscitado carismas para el bien de la Iglesia y para combatir contra el demonio y sus seducciones. En los inicios del cristianismo, los benedictinos para proteger la cultura, los franciscanos para valorar la pobreza, dominicos para predicar la verdad, los jesuitas para luchar contra los protestantes y en nuestro siglo XX, Dios suscitó los movimientos para luchar contra la cultura del relativismo». «Con el bautismo, recibimos la misión de ser santos y santificar a los demás». «La felicidad la encuentras haciendo la voluntad de Dios». «El tiempo de la vida es breve, aprovecha el tiempo de tu vida» . «Yo te ofrezco en el RC un camino que te ayudara a descubrir la voluntad de Dios. ¿Quieres conocerlo?»

Yo me dije: «Yo quiero ser feliz, quiero ayudar a los demás, quiero descubrir lo que Dios quiere de mí. Si esto es una oportunidad para hacerlo, ¡sí quiero!».

A partir de ese momento, empecé junto al padre y a los jóvenes un camino que Cristo había unido entre nuestros múltiples caminos.

La semana siguiente tuve una experiencia que cambio mi modo de unirme a Dios. La actividad se llamó y se llama “Encuentro con Cristo”. Tiene dos partes: la reflexión evangélica y los hechos de vida. Esta actividad unió la fe a la vida. Ir a los encuentros era un cargar los pulmones de aire fresco para el resto de la semana.

Inicié un camino de crecimiento en la fe. El sacerdote me ayudó mucho, gracias a la dirección espiritual, a crecer en mi libertad interior y  responsabilidad. Yo quería libertad de opresiones, corrupciones, culto al dinero que me ofrecía este mundo. Fue un modo de encauzar lo que el punk había sembrado en mí. Ante la invitación del punk que me ofrecía como solución: «Las 24 horas del día yo quiero estar drogado...», apareció otra alternativa.

El partido de mi vida se batallaba en mi corazón. Recuerdo un día que por la mañana fui al estadio de Boca Juniors para participar del rezo del rosario de los niños con el cardenal Bergoglio. Yo llevé a los niños que tenía en el club del ECyD. Experiencia espiritual bella. Y ese mismo día por la noche me encontré junto a 100.000 jóvenes en el campo del estadio de River Plate. Yo estaba a dos metros del escenario, gritando y cantado las canciones de AC/DC como Highway to hell. Desde donde estaba me empezó a faltar el aire, así que me fui hacia la parte de atrás y desde las gradas contemplé el resto del espectáculo. Al final del espectáculo, vi a jóvenes en el piso borrachos, drogados. Yo quería y sentía emociones a flor de piel, pero pensaba: «¿Por qué al final, sientes un vacío? ¿Qué te deja esto?».

En el mar de las palabras, La Palabra

Después de un verano en España y de un noviazgo fugaz, al iniciar el año, retomé los Encuentros con Cristo. La charla del padre sobre la vocación vino como anillo al dedo. Me aclaró cómo Dios entiende el amor: como donación íntegra de mí mismo para la edificación de los demás, familia, amigos, novia, compañeros. Amor no es sentir bonito. Amor es llenar de contenido las palabras. «Sí, te quiero». El contenido es la propia vida entregada a los demás, caiga quien caiga, para descubrir en los demás y donar a los demás a Jesús, el Señor.

Fui a la Jornada Mundial de la Juventud  a París en 1997. La Iglesia es joven. ¡Qué ambientazo!. Fiestas sí, pero no superficiales. Eran fiestas construidas sobre quien tiene palabras de vida eterna. ¡Qué ejemplo el de los jóvenes voluntarios!. Increíble.

¿Dios me llama al matrimonio? A los 17 años buscaba la persona con la cual formar un proyecto de vida. El padre en una dirección espiritual me dijo: «Pídele a Dios que te muestre cuál será». Así lo hice. Estuve de novio 2 años. Nuestra relación no era entre ella y yo, sino ella, yo y Dios.

El año transcurría entre la universidad, el trabajo, la fiestas, las charlas formativas, encuentros con Cristo, ejercicios espirituales, retiros, visitas a Cristo eucaristía. Una duda empezó a inquietarme. «¿Cómo sabes que Dios no te llama al sacerdocio?. Yo quiero ser generoso contigo, Señor, porque te quiero corresponder al amor que tienes por mí».

Decidí ir al candidatado al terminar mi primer año de universidad. Algunos amigos habían sido colaboradores y eso contagiaba el deseo de ser generosos con Dios. Si Dios no me llamaba al sacerdocio sería colaborador.

A lo largo de ese año dos hechos me marcaron profundamente y me ayudaron a aumentar mi fe: las misiones de verano y un intento de robo en mi casa. En esas misiones hubo una  pelea entre algunos misioneros y unos jóvenes alcoholizados. Los jóvenes terminaron en la cárcel. Los misioneros fueron a visitarles. Al final, los jóvenes que antes estaban alcoholizados pasaron a acompañarnos en la misión. Valoré mucho a Dios misericordioso que nos usó para ir al encuentro de los necesitados. En el intento de robo, hubo en mi casa un tiroteo entre policías y ladrones en los que mi hermano y yo fuimos heridos, pero sin riesgo para la vida. A lo largo de esa dolorosa experiencia, las frases que solía leer de la Escritura me venían al corazón y me dieron paz. Toqué con la mano el valor de la oración y de Dios providente y presente en la comunidad que nos asistió.

En el mar de las palabras, los hechos.

Viajé a Brasil, para el curso de discernimiento vocacional. Oración, deporte, buena comida, paseos. Poco a poco, el director nos fue introduciendo en lo que significa la vocación sacerdotal y la vocación a la Legión. Estábamos ahí para ver si había llamado, cualidades y generosidad.

Yo tenía la inquietud, pero no sabía si tenía las cualidades. Esperaba que en cualquier momento me dijeran: «¿Sabes qué? Esto no es lo tuyo». Pero el tiempo pasaba. Yo vivía al máximo cada actividad. Era un encuentro con Cristo no de una semana, sino permanente. Me sentía en mi lugar. Faltaba una semana y el director me dijo después de una comida: «Gerardo, ¿qué decides? ¿te quedas o te vas?». «Espéreme un momento», le respondí. Fui a la capilla y ante el Santísimo le dije a Cristo: Estoy  feliz aquí. Estoy con miedo porque no veo claramente lo que vendrá si digo “sí”. Estoy con miedo  porque sé lo que dejo (familia, universidad, trabajo, novia). Tengo la certeza de que Tú no te dejas ganar en generosidad. Por lo tanto, Señor, toma la hoja de mi vida en blanco y escribe Tú. Quiero darte toda mi vida y que me muestres con más claridad mi vocación en estos dos años de noviciado, donde me conoceré más y conoceré más a la Legión. Siempre será tiempo bien aprovechado darte el sí a Ti».

Así fue. Salí lleno de paz y felicidad a dar la respuesta al sacerdote. En 10 días regresé a Argentina para despedirme de mi familia. Fue muy duro porque ellos no entendían el camino que había detrás y no compartieron la decisión, pero les agradezco que me respetaran. Dejé el trabajo. Dejé la universidad. Y fui a la playa a despedirme de mi novia que estaba de vacaciones.

Yo me sentía presente en la oración de Cristo en la última cena: «No ruego solo por ellos, sino por los que creerán en mí por su palabra, para que todos sean una sola cosa... para que el mundo crea que Tú me enviaste» (Jn 17,20-21). «No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal» (Jn 17,15). «Santifícalos en la verdad, Tu Palabra es la verdad» (Jn 17,17).

Es escalofriante la llamada a seguir a Cristo. Yo no lo hubiera hecho sin aquellos sacerdotes que lo han hecho antes que yo. Pedro no lo hubiera hecho sin Andrés, Francisco Javier sin Ignacio. ¡Cuántas almas no podrán salvarse sin ti!. Cristo ha vinculado el bien de muchas almas a nuestra generosidad. Cuando Cristo hacía planes redentores de conquista, barajaba nuestros nombres.

Hoy como ayer, Cristo concreta en cada bautizado planes y proyectos que ilusionan. Nos elige porque nos ama. Cristo podría haber hecho por sí mismo lo que quiere hacer por medio de ti.

Cada etapa de mi formación fue un profundizar el encuentro con Cristo. Agradezco a los formadores y hermanos que con paciencia me ayudaron a conocerme, a formar hábitos de vida religiosa y una creciente pasión por aprovechar el tiempo. Formar se dice rápido. Hacen falta muchos golpes de Dios en el yunque de la vida para que el hierro del corazón se purifique y se forme.

Decidí dejar todo en manos de Dios. Ahora después de trece años, es Dios el que bajará a mis manos en cada misa y a mis labios para pronunciar palabras de misericordia. Cristo quiere vitalizar el mundo porque ha muerto por todos. Ser apóstol es la mayor de las aventuras por y con la persona más grande.


El P. Gerardo Bouzada Iglesias, L.C., nació el 5 de mayo de 1980 en Buenos Aires, Argentina. Ingresó el 13 de marzo de 1999 al noviciado de la Legión de Cristo en São Paulo, Brasil. Emitió la primera profesión religiosa en 2001 y la profesión perpetua en 2007. Estudió Humanidades Clásicas en Salamanca, España. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Regina Apostolorum. Colaboró en la pastoral juvenil y vocacional en Córdoba, Argentina. Actualmente colabora con la pastoral juvenil en Milán, Italia.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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