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Hacer memoria de Dios.
2014-08-15 (Artículo)

Yo contigo iré...
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Jesús Murillo Ferro, L.C.

P. Jesús Murillo Ferro, L.C.
P. Jesús Murillo Ferro, L.C.

En un recreo de la escuela, había cuatro niños que comían su refrigerio. La conversación no era la más trascendente del mundo pero en un momento comenzaron a platicar sobre lo que a cada uno le gustaría ser de grande. Uno quería ser abogado, otro cantante, otro profesor de universidad y el cuarto estaba indeciso… Quería ser médico o tal vez sacerdote…. Quién diría que años más tarde ese niño, que no sabía qué ser de grande, estaría escribiendo su propia historia ya como sacerdote.

Los primeros indicios de mi vocación no fueron muy claros. Recuerdo que me atraía mucho la idea de ejercer una profesión y formar una familia. En esos años mi hermano estaba en el centro vocacional de Ajusco y en más de una ocasión fui con mi familia a visitarlo. La primera vez que lo visité, me pareció un lugar con muy buena vista de la ciudad pero nada más. Unos años después, volví junto con mi familia para un festejo del día de las madres y, no sé por qué, todo me pareció distinto. La acogida que nos dieron, la alegría de los demás niños… Aunque había mucho ruido por la música y el festejo, me
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parecía un sitio de mucha paz. Antes de despedirnos de mi hermano, se acercó un padre y me preguntó que si me gustaría conocer un poco más del centro vocacional. Medio por compromiso le dije que sí, pero sería  más adelante. Yo estaba en quinto de primaria.

Mi hermano pasó al noviciado en Monterrey y yo ya no tenía más contacto con el centro vocacional. Un día recibo una llamada de un padre desconocido que casualmente andaba cerca de mi casa. Me dijo que un padre la comentó que yo tenía algo curiosidad por conocer más sobre el centro vocacional y me quería invitar a una convivencia al D.F, justo al mismo lugar donde mi hermano estuvo cuatro años. Yo sí quería ir, pero faltaba el permiso de mi papá… Cuando hablamos no le gustó mucho la idea, pero gracias a la intercesión de mi mamá me dejó ir.

La experiencia fue muy agradable y sí me quedé con ganas de volver e incluso de quedarme, pero no sabía bien qué hacer. Durante un mes estuve pensado sobre esto hasta que por fin lo hablé con mis papás. No se esperaban la noticia. Sobre todo mi papá no quería que me fuera; me decía que lo pensara bien, pues mi hermano ya estaba en otra ciudad, que me compraría varias cosas, etc. Yo hablé con mi mamá y ella me apoyó mucho. Me dijo que si yo realmente quería irme al seminario, ella se encargaría de convencer a mi papá. No fue tan sencillo convencerlo, pero al final conseguí el permiso de mis papás. Los padres me mandaron toda la información para poder entrar y el 4 de julio de 1993 comencé una aventura que me ha cambiado la vida y hasta la fecha me sigue sorprendiendo de lo que Dios hace por uno.

Estuve cuatro años en el centro vocacional de Ajusco, en la Ciudad de México. Fueron años donde aprendí muchas cosas y lo más importante es que me fui interesando más por mi vocación legionaria. A esa edad pasaban por mi mente muchas cosas y no tenía una respuesta definitiva de si quería ser sacerdote. Recuerdo que en esos años se enfermó mi papá de algo que lo dejó totalmente paralizado. No se podía mover y mi mamá le tenía que hacer, literalmente, todo. A mí me impactó mucho verlo en esas condiciones y sobre todo a mi mamá tan dedicada a la tarea de atenderlo. Más de una vez estuve a punto de volver a casa para estar cerca de mi papá. Quien me hizo ver que debía seguir adelante fue mi mamá, pues me dijo que Dios da las fuerzas a cada uno para llevar su cruz y en ese momento ella estaba totalmente copada con lo de mi papá. Que yo siguiera mi formación y todo saldría bien.

Del noviciado, recuerdo que lo comencé con mucha ilusión. Fueron dos años en los que aprendí a rezar, a hacer oración y sobre todo a conocerme a mí mismo. Personalmente, estas dos cosas fueron como el fruto de esos dos años. Todavía sigo aprendiendo y mejorando en mi oración y claro que me sigo conociendo a mí mismo, pero ahí estuvo su punto de partida.

Tras mi profesión religiosa, el 12 de octubre de 1999 comencé mis estudios de humanidades. La primera cosa que me impactó fue el volver a juntarme con varios de mis compañeros. Durante el noviciado cada uno estuvo en lugares distintos y ahora nos volvíamos a juntar. Me impresionó mucho el verlos tan cambiados positivamente. Debo decir que su ejemplo fue importante para mí, pues veía que no estaba solo, que ellos estaban a mi lado y me animaban a seguir adelante.

En el 2001 vino mi paso a Roma. Fue un momento muy impresionante para mí, pues ya me sentía grande… Recuerdo la llegada al centro de estudios, me quedé admirado de ver la cantidad de padres y hermanos que estaban estudiando. Mi actitud era la de aprovechar al máximo mis estudios porque luego vendrían las prácticas apostólicas.

A los pocos meses de haber llegado a la Ciudad Eterna, Dios me mandó una prueba muy grande. Un domingo por la mañana, después del Veni Creator me fui a mi habitación para hacer mi meditación. Casi acababa de cerrar la puerta cuando alguien toca, era mi rector. Me dijo que en la madrugada llamó por teléfono una de mis hermanas para decir que mi mamá estaba muy grave, estaba en cuidados intensivos porque tenía una trombosis pulmonar. Me quedé paralizado, como en «shock». Llamé a casa para ver cómo seguía mi mamá y confirmaron lo dicho. Era muy difícil que saliera adelante… Ya casi estaba en estado vegetal… Yo no podía creer lo que estaba viviendo. Nunca había imaginado que me llegara ese momento tan pronto, a mis 21 años de edad. Volví a hablar con mi superior y me dijo que saldría en el primer vuelo que hubiera para México. Ya tenía todo listo para viajar y justo en la víspera de mi salida estaba en la capilla. Se acerca de nuevo mi superior y me dice que mi mamá acababa de fallecer… Me llegó mucha tristeza por no haberme despedido de ella… Esa noche no pude dormir por la cantidad de recuerdos que me venían de ella, no podía creer que ya hubiera muerto… Esto fue lo que más me costó y tardé casi un año en poder asimilarlo…

En mis prácticas apostólicas me tocó trabajar en los centros vocacionales como formador. No fue una tarea fácil, pero a mí me llenaba de ilusión poder compartir todo lo que había recibido en esos años que llevaba en la Legión. Mal que bien fui aprendiendo cómo ganarse la confianza de los niños y sobre todo a formarlos. Durante esos años no tuve ninguna dificultad especial, pero me pude probar en muchos elementos de mi vida religiosa y legionaria.

En el 2006 regresé a Roma para continuar mis estudios de filosofía. El cambio de ritmo de vida no fue fácil, pues ahora debía dedicarme al estudio y no tenía que estar todo el día de un lado a otro con un grupo de seminaristas menores a mi cargo. Compaginaba los estudios con el trabajo en la secretaría general. Eso me mantenía todo el tiempo ocupado…

En la vida de cada persona hay momentos de mayor alegría, de mucha prueba o dificultad. Ese momento a mí me llegó cuando estaba a mitad del primer año de teología. Tal vez mi proceso de maduración fue un poco más lento o tardío, pero en esos años me llegó algo de rebeldía, de indiferencia, de acidia… Todo eso me hizo entrar como en un estado de ensimismamiento y me llevó a perder muchos elementos de mi vida religiosa y legionaria. Todo esto dejó varias heridas en mí y, aunque mi relación con mi superior no era la mejor, sabía que necesitaba tiempo para sanarlas y volver a recuperar la ilusión por mi vocación sacerdotal legionaria. Por eso atrasé dos años más mi ordenación. A todo eso se sumaron otras muchas cosas de la situación de la congregación y estos años me han ayudado a volver a retomar el camino que Dios quiere para mí. No ha sido nada fácil, pero la virtud que más me ha sostenido y que Dios me ha dado es la confianza teologal. De muchas formas esta ha sido la luz para ver con más claridad mi propia vida. Confiar y confiar plenamente en Dios. Por eso, puedo resumir mi vida en la frase inicial de historia vocacional: «Yo contigo iré…».


El P. Jesús Murillo Ferro, L.C., nació el 15 de mayo de 1981 en León, Guanajuato, México. Ingresó el 15 de septiembre de 1997 al noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey, México. Emitió la primera profesión religiosa en 1999 y la profesión perpetua en 2005. Estudió humanidades clásicas en Salamanca, España. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Fue miembro del equipo de formadores del Centro Vocacional de Porto Alegre (Brasil) y del Ajusco (México). Fue auxiliar de la secretaría general de la congregación. Actualmente colabora en la pastoral juvenil en Monterrey, México.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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