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La plenitud del amor sólo se puede experimentar en la plenitud del don de sí mismo
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Testimonio vocacional del P. Ediclei Araújo da Silva, L.C.

P. Ediclei Araújo da Silva, L.C.
P. Ediclei Araújo da Silva, L.C.

Crecí en un ambiente sencillo. Mi familia, por parte de mi padre, es en su mayoría evangélica, y por la parte de mi madre, católica, pero no muy practicante. Hoy, mirando hacia atrás, puedo ver la mano providencial de Dios tejiendo los hilos de mi historia y conduciéndome, a través de varias personas que Él puso en mi camino, hacia la hora de la llamada al sacerdocio.

Después de mi primera comunión, fui enfriándome en la fe y pasé un buen tiempo lejos de la Iglesia, yendo a misa pocas veces. Durante este período, vivía con las preocupaciones y rebeliones de un adolescente normal, nada fuera de lo común. Pero Dios se hacía sentir constantemente. Tengo a mi abuelo como un instrumento importante de esa presencia de Dios en mi vida. Viví con mis abuelos durante algunos años después de la muerte de mi madre. Él, aun siendo evangélico, era ejemplo de coherencia con su fe, de vida de oración y de participación en su comunidad. Siempre me impresionó y me hizo cuestionarme sobre cómo una persona puede abstenerse de tantas cosas en nombre de una fe que parecía cada vez más lejana del «mundo real»... Yo no tenía idea de
P. Ediclei Araújo da Silva, L.C.
lo que Dios me estaba preparando.

A los dieciocho años tuve una novia. Una pareja de amigos que conocí a través de ella nos invitaron a participar de un encuentro de jóvenes en la parroquia. El encuentro era conocido como E.J.C. (Encuentro de Jóvenes con Cristo). Este momento marcó mi regreso a la Iglesia y a la Santa Misa. A partir de entonces, me encontré cada vez más involucrado en las actividades juveniles de la parroquia. Un tiempo después terminé mi noviazgo. Tuve otra novia, pero llegó a un punto en el que sentí que Dios me había dado un corazón más grande y que el amor humano por más bello que fuese, no iba poder saciar una sed íntima de mi corazón que no sabía definir... Fue un período de cierta confusión, pues la posibilidad de una vocación sacerdotal ni siquiera pasaba por mi cabeza. Sólo tenía una certeza: las actividades desarrolladas en el grupo de jóvenes de la parroquia, los frutos de conversión que veía en los encuentros etc., me llenaban de una alegría y una plenitud que nunca había experimentado antes.

En febrero de 2000, asistí a un campamento juvenil dirigido a la formación de jóvenes ya activos en sus parroquias. En este campamento fue cuando hice mi primera experiencia fuerte del amor personal de Dios. Allí descubrí lo que Dios quería para mi vida. Me di cuenta de que la plenitud del amor sólo se puede experimentar en la plenitud del don de sí mismo.

A partir de entonces, comencé el proceso de discernimiento vocacional. Durante un año, fui acompañado por un sacerdote diocesano, quien me recibió como un padre y con gran celo me iba presentando a este "nuevo mundo" de la vocación al sacerdocio. En mayo de 2001, me encontré con la Legión de Cristo y me entusiasmé por el celo con el cual vivían los sacerdotes legionarios que he conocido en aquel entonces.

En enero de 2002, fui invitado a participar del candidatado, Allí pasé dos meses conociendo la Legión de Cristo y dejándome conocer por ella. Fue un período difícil tanto por las comprensibles dificultades que mi padre tuvo en aceptar mi vocación, como también por el cambio en el ritmo de vida y las exigencias que esto implicaba. A pesar de todo, estaba convencido de que Dios me había llamado y que Él mismo se encargaría de solucionar estas dificultades y me daría las gracias necesarias para seguir adelante. Puedo decir que no he sido defraudado por Él. Dios ha sido y se mantiene siempre fiel.

Tengo que dar gracias a la Virgen por su ejemplo de fe en Dios ante su Hijo crucificado y por su constante intercesión. Ella ha sido mi apoyo durante todos los momentos difíciles de estos doce años de mí caminar rumbo al sacerdocio.

Ser dócil instrumento del Espíritu Santo, olvidado de mí mismo; ese es el ejemplo de María a poner en práctica, buscando la salvación de todas las personas que encuentre en el camino del ministerio. Para ello pido sus oraciones por mí y por mis hermanos en el sacerdocio y en la Legión.


El P. Ediclei Araújo da Silva, L.C., nació el 19 de mayo de 1978 en São Gonçalo, Rio de Janeiro, Brasil. Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en São Paulo, Brasil, el 12 de marzo de 2002. Emitió su primera profesión religiosa el año 2004 y la profesión perpetua el año 2010. Estudio las Humanidades Clásicas en Cheshire, Connecticut, Estados Unidos. Es bachiller en filosofía y teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Colaboró con la pastoral juvenil y vocacional en las ciudades de Minas Gerais, Curitiba y São Paulo (Brasil) y fue miembro del equipo de formadores del noviciado de la Legión en São Paulo, Brasil. Actualmente es miembro del equipo de formadores del Seminario María Mater Ecclesiae de São Paulo, Brasil.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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