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Él se levantó y lo siguió
MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS
Testimonio vocacional del P. Paul Silva, L.C.

P. Paul Silva, L.C.
P. Paul Silva, L.C.

«Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. Él se levantó y lo siguió». Estas líneas tomadas del evangelio según San Mateo tienen mucho que ver con la historia de mi vocación. Ya me imagino que estarás pensando, pero debo aclarar que no me llamo Mateo, nunca trabajé en un banco y jamás se me pasó por la mente ser Secretario de la Tesorería Nacional o policía aduanal. Tampoco crecí con la idea del sacerdocio como una posibilidad en mi futuro, al menos eso pensaba yo…

Provengo de un pequeño pueblo de Michoacán llamado Briseñas, en el corazón de México. Nací en el seno de una familia católica y soy el mayor de tres hijos. En edad me sigue mi hermano Francisco Javier y luego mi hermana menor Rubí. De mis padres aprendí la fe y la confianza en Dios. Solamente el Señor sabe los sacrificios y el amor latente que han puesto para brindarme ese apoyo silencioso durante estos veinte años de mi camino al sacerdocio. Nunca podré agradecerles suficientemente, pero sé que Dios les tendrá preparada una gran recompensa en el cielo.

Mi escuela primaria la estudié en el colegio “El Refugio” dirigido por las madres Misioneras Guadalupanas. A ellas les debo la devoción a Cristo eucaristía y el amor a su Santísima Madre, que pacientemente formaron en mi alma durante aquellos años de mi niñez. Sin duda alguna todas estas experiencias fueron preparándome para acoger la vocación en un futuro no tan lejano.

Yo conocí a los legionarios de Cristo mediante un amigo de mi infancia. Estando en el tercer año de secundaria me enteré de que Antonio se había ido al seminario menor. Él estaba estudiando en escuela Apostólica dirigida por unos sacerdotes muy
P. Paul Silva, L.C.
P. Paul Silva, L.C.
jóvenes, simpáticos y santos. Éstos pertenecían a una congregación religiosa nueva llamada Legionarios de Cristo.

La señora Juanita, mamá de Antonio, nos contó que su hijo estaba muy contento y nos invitó a visitarlo y pasar algunos días con él. El lugar era estupendo, con canchas de fútbol, jardines y una capilla muy hermosa. Mi hermano se interesó, yo no tanto. En ese momento la idea del seminario y el sacerdocio parecían muy remotos. Dios tiene su plan y mi opinión estaba a punto de cambiar.

La oportunidad se dio cuando la señora Juanita nos invitó, a mi hermano y a mí, a comer en su casa. Nos dijo que también había invitado a dos padres legionarios que estaban en el seminario con Antonio. Este primer encuentro con los legionarios me causó mucha impresión, pues no esperaba encontrar al P. Enrique Flores y al P. Eugenio Martín tan llenos de jovialidad y alegría. Su entusiasmo era contagioso. Después de la comida y de un buen rato de conversación, el P. Enrique nos invitó a visitar la Apostólica.

De regreso a casa comencé a darle vueltas a la idea del seminario y me acuerdo que pensé: «Si Dios me llama a ser sacerdote, yo quiero ser un sacerdote como los legionarios». Los días pasaron y la idea del sacerdocio seguía rondándome la cabeza como una mosca fastidiosa. Es una cosa que no se puede describir con palabras. Dentro del corazón palpita una pregunta: «¿Qué es lo que Dios quiere de mí?». Uno siente la urgencia de encontrar respuestas y sacarse la espina, pero a veces no es tan sencillo y es necesario darle tiempo.

Fue así como un buen día, en medio de mis actividades cotidianas la respuesta llegó. No hubo rayos, luces o fenómenos apocalípticos. Simplemente la certeza de que Dios me decía: «Sígueme». Así de sencillo. Al igual que San Mateo, un día cualquiera sentado a la mesa de recaudación de impuestos el Señor pasando por ahí le dijo: «Sígueme». Es por eso que me siento tan identificado con este pasaje evangélico.

Ese mismo año mi hermano y yo fuimos al cursillo de verano a la Apostólica. Desde mis primeros días en el seminario menor con los legionarios de Cristo supe que Dios me quería ahí, algo así como amor a primera vista. Han pasado ya casi veinte años de aquel primer encuentro con el Señor y la aventura de seguir a Cristo me ha llevado a muchos lugares.

Al cabo de un año en la escuela apostólica ingresé al noviciado en Salamanca, España. Después de dos años hice mi profesión religiosa y ahí mismo cursé mis estudios de humanidades por otros dos años. Luego mis estudios de filosofía en Roma, Italia, donde pude empaparme de un profundo conocimiento y amor por la Iglesia y el Santo Padre. Al concluir mis estudios en Roma, regresé a México donde estuve trabajando en la promoción vocacional en las ciudades de Monterrey, Torreón, Durango y Chihuahua.

Después de tres años de labor pastoral en México volví a la Ciudad Eterna para continuar con la licenciatura en filosofía y los estudios de teología previos a la ordenación sacerdotal. Fue justo en este momento en el que el Señor me pidió cargar de manera especial con la cruz de la enfermedad. Por razones de salud me trasladé a los Estados Unidos donde pude continuar con mi  recuperación y colaborar en la formación intelectual de los seminaristas menores en la Escuela Apostólica del Sagrado Corazón en Indiana.

El camino que me ha tocado recorrer desde el momento que le di mí sí al Señor ha sido una gran aventura. No puedo describir la felicidad, paz y profunda alegría que he tenido desde aquel momento inicial en el que me decidí seguir a Cristo. Ha sido un camino largo y en medio del gozo también ha habido pruebas y dificultades. Lo más importante para mí ha sido el seguir adelante con aquella actitud de sencillez que el evangelio nos resalta en San Matero: «Cristo le dijo: ‘Sígueme’. Él se levantó y lo siguió».


El P. Paul Silva, L.C.,  nació el 28 de octubre de 1979 en La Barca, Jalisco, México. Ingresó el 15 de septiembre de 1995 al noviciado de la Legión en Salamanca, España. Emitió la primera profesión religiosa en 1998 y la profesión perpetua en 2007. Estudió humanidades clásicas en Salamanca, España. Es licenciado en filosofía y bachiller en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Colaboró en la pastoral vocacional en las ciudades de Monterrey, Torreón, Durango y Chihuahua (México). Fue miembro del equipo de formadores del Centro Vocacional del Sagrado Corazón en Indiana, Estados Unidos. Actualmente es profesor en el Centro de Noviciado y  Humanidades Clásicas en Cheshire, Estados Unidos.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-12-14


 

 


 



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