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| Los misioneros ayudaron a atender el comedor infantil con espíritu de caridad y entrega. Esto además de su labor evangelizadora. | |
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El 23 de julio del 2002, un grupo de misioneros
acompañado por el P. Arturo Díaz, L.C., realizó las misiones
más australes del mundo: misionaron en Tierra del Fuego. Todo
comenzó en Río Grande. El grupo se hospedó en la
misión salesiana y trabajó durante tres días en el barrio
Perón, en la capilla "Virgen de Luján". La labor apostólica
iniciaba a las 7:30 de la mañana con las oraciones
de la mañana, la meditación y el desayuno, para después
salir a visitar las casas. Por la tarde los misioneros
impartían charlas para adultos y jóvenes u organizaban juegos y
catequesis para los niños. Finalizaban el día con el rosario
y la Santa Misa. De ahí partieron a la localidad
de Tolhuin, no sin antes ser despedidos con mucho cariño
por los habitantes de Río Grande, donde antes de emprender
su viaje, los sorprendieron con un asado. Antes de partir
a Tolhuin, los misioneros no sabían dónde íban a dormir,
pero al llegar ya tenían para ellos el gimnasio de
la localidad. Mientras estuvieron ahí, pertenecieron en la capilla Sagrada
Familia. A su primera misa sólo asistieron tres personas del
pueblo, pero al día siguiente la misa superó los 60.
Dios bendecía su trabajo. Su gracia los sorprendió de nuevo
con la llegada de nuevos misioneros, sumando un total de
dieciséis jóvenes. El pueblo respondió con muchísimo amor y gratitud
al mensaje que les dejaron. Finalizados los tres días en
Tolhuin, volvieron a la misión salesiana en Río Grande para
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| Cuatro días de intenso trabajo en los que se ganaron muchas almas para Cristo. | |
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comenzar la última misión en el barrio Austral. Ahí formaron
parte de la capilla Nuestra Señora del Rosario, donde el
pueblo recibió a los misioneros con mucha calidez. Fueron cuatro
días intensos misionando con todo el corazón. Además de las
actividades normales, los jóvenes ayudaron a atender un comedor infantil
donde las cocineras y personas del lugar los impactaron con
su ejemplo de amor y dedicación. Como despedida, los barrios
Perón y Austral se unieron en una misa y una
cena, donde tanto los misioneros como la gente del lugar
compartieron sus experiencias de fe durante estos días. Los misioneros
se desprendieron de sus cruces para regalarlas a los jóvenes
de la zona. Les dijeron: "Jóvenes de Tierra del Fuego:
nuestra misión terminó, pero la de ustedes recién empieza, ¡ánimo,
que Cristo vale la pena!".