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Evangelizador... en la cárcel
INTERNACIONAL | APOSTOLADO | TESTIMONIOS
Pablo Pérez, Evangelizador de Tiempo Completo, nos narra su dura experiencia tras ser internado en la cárcel por un accidente fortuito con su furgoneta

Pablo Pérez Pantaleón. Evangelizador
Algunos de los trabajos realizados por Pablo Pérez durante su periodo de internamiento
El 28 de agosto del 2002 me pidieron que llevara a una señora al Hospital porque se encontraba muy enferma. Me acompañaba mi esposa y mis dos niñas pequeñas. Llegamos a Arcelia a las 7 de la noche. Ya en Arcelia y de camino al Hospital, salió un niño corriendo de una casa perseguido por una señora con una vara que quería pegarle y se atravesó la calle justo cuando estaba pasando. El niño chocó con la camioneta. Paré y bajé a ver qué había pasado y vimos al niño lastimado del pie derecho. Le preguntamos a la señora por qué estaba persiguiendo al niño y que si era familiar de ella y nos dijo que no y que no había ningún familiar que se hiciera cargo del niño. En ese momento, tomamos al niño y lo llevamos a la Clínica con el Dr. Mario Velásquez quien lo atendió lo antes posible. Como a la hora de estar en el Hospital, llegaron los abuelos del niño, de quienes dependía, ya que su madre se encontraba en Estados Unidos. Les expliqué cómo había estado el accidente y ellos se molestaron. El doctor dijo que iba a enviar al niño a México a un especialista. Yo me ofrecí a ir a México con los abuelos y el niño. En ese momento sale el doctor y nos dice que el niño necesita sangre; me ofrecí a donar sangre para él. Después de esto, el abuelo me acompañó a casa para cambiarme y llevarme lo necesario para el viaje a México. La abuela se había quedado con el niño y el doctor le dijo que el niño estaba grave y que si lo mandaban a México posiblemente se muriera en el camino y que lo único que podía hacer en ese momento era amputar el pie del niño para que se salvara. La abuela aceptó y firmó un documento para que lo operaran. Cuando llegamos, estaban operando al niño y la abuela nos comentó lo que había dicho el doctor. El abuelo, sin decir nada, salió y a la media hora llegó con la Policía Judicial, me detuvieron y me llevaron preso. En ese momento empezó, para mí y mi familia, una pesadilla. Me detuvieron 72 horas y para arreglar mi problema me pidieron 50 mil pesos más la reparación del daño. Yo no contaba con dicha cantidad. La gente de mi comunidad se enteró del problema y comenzó a venir a verme y darme ánimos. Por la noche, meditando, me preguntaba por qué me estaba pasando esto. No encontraba respuesta a esta prueba que Dios me había enviado. Mientras meditaba, llegó a mi mente el pasaje del Evangelio de Lucas del Buen Samaritano,
Pablo Perez Pantaleon
Dirigiendo el Víacrucis en el CERESO con internos y familiares
que se compadeció del hombre malherido, lo ayudó y lo llevó a la posada. Después Jesús le preguntó al maestro cuál de los 3 había hecho bien. Le contestó, el que se portó como prójimo. Entonces di gracias a Dios por no haberle fallado en ese momento, por no haber salido corriendo o haberme escapado, porque ese niño representaba a Jesús malherido con sus lágrimas diciéndome: ayúdame. Qué prueba tan difícil para mi en ese momento de decir, sí o no. Mucha gente de la comunidad vio en esto un gran testimonio, pues no sólo les predicaba de palabra sino también con hechos. Cuántas veces les hablé del prójimo en las pláticas, en las celebraciones de la Palabra, en los cursos que les impartía y diciéndoles que lo más importante era amar a los demás, ayudarlos y respetarlos. Le doy gracias a Dios por haberme dado esta prueba, ya que si hubiera seguido de largo y no hubiera visto a ese niño como mi prójimo, todo mi trabajo evangelizador hubiera sido en vano. Pasadas las 72 horas me trasladaron al CERESO (Centro de Readaptación Social) de Arcelia. Era un sábado en la mañana. Tuve miedo. Yo sabía que la cárcel era para gente mala, gente que hace daño, que mata, roba, viola, secuestra. Pero después me di cuenta de que no era así. También hay gente inocente que está allí porque los calumniaron o hubo una equivocación. Así entré al CERESO con miedo. Sólo imaginaba que al entrar me darían una golpiza, pero, gracias a Dios, no fue así. Se me acercó un interno y platicamos mucho. Me contó sus problemas y yo le conté los míos. Me habló también del ambiente que se vivía ahí dentro. Me presentó a otros reclusos y me llevó a una celda más tranquila. Las celdas tienen capacidad para 8 personas y a veces estábamos hasta 12. Todo el tiempo que estuve encarcelado, tuve que dormir en el suelo. En la tarde, era día de visitas y vino a verme mi esposa con mis 4 hijos. También vinieron muchas personas de la comunidad. Siempre que era día de visitas, gracias a Dios, nunca estuve solo. Siempre había mucha gente que venía a darme ánimos. Me traían comida y algunas cosas que pude compartir con los otros reclusos. Esto me sirvió más para valorar a mi esposa y mis hijos así como a todos los que venían a verme. Me decían que no me desanimara, que Dios me había puesto esa prueba para ver si de verdad lo amaba. No descuides ahí dentro tu trabajo evangelizador. Así fue como me fui presentando con todos ellos, platicaba con cada uno y los fui conociendo. Les dije
Testimonio Pablo Pérez P.
El 15 de Enero del 2003 cumplí 32 años, mi esposa y mis hijos vinieron a festejarlo
que yo era católico y que trabajaba como Evangelizador de Tiempo Completo al servicio de mi parroquia. Muchos internos me empezaron a tener confianza por lo que era y por lo que hacía. Así pasaron los primeros días. Una señora que era la coordinadora de la pastoral penitenciaria de la parroquia, al enterarse de que estaba yo allí, vino de inmediato a verme y me brindó todo su apoyo. Cada vez que venía a ver a los presos yo la ayudaba en las reflexiones o actividades que tenía programadas. Se sentía muy contenta con mi apoyo. Como a los 15 días de estar preso, programamos la celebración de la Santa Misa con el párroco más cercano. Empecé a platicar con todos los presos para que se acercaran al Sacramento de la confesión y a la comunión y que participaran en la Misa. Después de tenerlos motivados, llegó el Padre y celebró muy a prisa. Había dicho que venía con tiempo para platicar con todos, pero terminó la Celebración y se fue de inmediato. Les comenté a mis compañeros que tuvieran paciencia, que posiblemente le había salido algún compromiso al Padre. Después me organicé para impartirles pláticas, al principio yo quería que fueran diarias, pero en el CERESO, todos los días hay muchas actividades, por lo que les daba las platicas dos veces por semana. Al lado de la carpintería, teníamos un altar y era donde nos reuníamos. También organicé unos grupos para hacer oración en las tardes todos los días. Algo muy satisfactorio para mí es que dos internos protestantes regresaron a la fe católica, a pesar de que los protestantes visitaban el penal una vez por semana. Nunca tuve ningún problema con ellos. En el penal es común que a todos les pongan apodos. Yo me llevaba bien con todos y me respetaban, nunca me pusieron ningún apodo. También tuve buena relación con el Director del CERESO ya que me tenía como una persona de confianza. Gracias a eso recibimos todo su apoyo para realizar las Misas con el párroco y reflexiones así como las diversas actividades que llevaba a cabo, por ejemplo en Navidad, las posadas, en Cuaresma, los vía crucis. Bueno, todo momento se prestaba para hacer algo. Aprovechando esta relación con el Director del CERESO, hablé con otro Evangelizador de Tiempo Completo, Antonio Chamú Bernache, experto en Biblia y Sectarismo e impartimos un Curso de Sectarismo a los presos. Este fue un gran apoyo para todos. En todo el tiempo que estuve preso, mi párroco me visitó 2 veces. Yo seguía acercándome a todos para darles alguna palabra de aliento, mi apoyo, mi consejo. No hice la gran cosa, el lugar no se presta para lo que uno quiere. Hay algunos que no apagan su grabadora en todo el día. Mucho ruido. Algunos gritan, otros cantan, otros ven tele, otros juegan, bueno hay de todo. En ese tiempo, descuide un poco el estudio, casi no me concentraba, ni en el día ni en la noche. Todo era igual. Yo no tuve cama, dormía en el suelo, nos encerraban en una celda en la noche, unos hablaban, reían, no había silencio. También les di ejemplo con mi trabajo. Trabajé todos los días en la carpintería y con manualidades. Aprendí a hacer muchas cosas, gracias a Dios, a hacer canastas, tortilleros, bolsas, pulseras, cinturones y cosas artesanales de todo tipo: cuadros, calados finos, floreros, porta retratos, mesas, etc. Aproveché al máximo mi trabajo. Y así fue como ocupe todos los días dentro del CERESO, ocupando siempre mi mente en cosas buenas. Ese ejemplo les di, de ser tranquilo, trabajador, hombre de oración, e invité a muchos a hacer lo mismo hasta que se llegó el día de mi salida. Muchos sintieron mi salida y me acompañaron hasta la puerta deseándome lo mejor. La verdad, es que me sentí mal dejándolos a todos, ya eran mis amigos y ahora los extraño y creo que igualmente ellos me extrañan. Regresando nuevamente al momento de la detención, los abuelos del niño me dijeron que si pagaba los gastos de la operación del nieto, retirarían la demanda. Conseguí con la gente 15.000 pesos y pagué el hospital. Se habló con los abuelos para que retiraran la demanda y en el Ministerio Público, el encargado se llevó a parte a la abuela y estuvo hablando con ella. Cuando regresó, ya no quiso retirar la demanda. Después la abuela nos dijo que si enviábamos al niño con su madre a Estados Unidos, entonces si retiraba la demanda. Gracias a Dios y al apoyo del P. Salvador Cisneros y también a Antonio Gracia, Evangelizador de Tiempo Completo, que me brindaron mucho apoyo y vinieron a hablar con los abuelos, se encargaron de trasladar al niño a Estados Unidos. Con esto la abuela se daba por satisfecha del daño y sólo habría que cubrir lo de la fianza. Se hizo una petición a Kirche in Not en Alemania de 3.000 dólares para pagar la fianza avalada por S.E. Mons. Felipe Aguirre Franco, Arzobispo de Acapulco, a quien estoy realmente agradecido. Se fue a hablar con la abuela para que retirara la demanda y nos dice que le demos una cantidad igual a la de la fianza, 35.000 pesos. Vimos entonces que se estaba aprovechando de nosotros. Era la tercera vez que había roto un trato, por lo que vimos que lo mejor era no darle nada pues luego nos iba a pedir el doble y mi abogado me dijo que esperáramos al juicio, que todo estaba muy fácil y que iba a salir inocente, cosa que no fue así. Pasaron los días, me sentenciaron, y se cerró mi caso. La sentencia final fue de un año y ocho meses de cárcel y la reparación del daño por valor de 85.000 pesos. Se apeló la sentencia y redujeron la reparación del daño a 41, 600 pesos. Con el dinero de Kirche in Not y el apoyo con el resto, por mis hermanos, gracias a Dios, ya estoy fuera de la cárcel. Ahora, estoy feliz con mi esposa y mis 4 hijos que siempre estuvieron conmigo, en las buenas y en las malas. También estoy muy agradecido con todas las personas que me ayudaron y en especial con el programa de Evangelizadores de Tiempo Completo, pues en ningún momento me dejaron solo y siguieron apoyándome con la beca para que mi familia pudiera subsistir. Gracias al P. Salvador Cisneros, a Antonio Gracia, a S.E. Mons. Felipe Aguirre. Estoy seguro de que Dios los bendecirá por el gran apoyo que hicieron conmigo. Gracias a esta situación, me di cuenta de que no estoy solo, que la gente me quiere, me apoya y que rezaron mucho por mí. Por todo esto, soy feliz. Cuando salí, me presenté a mi Párroco. Le dio mucho gusto y me felicitó por haber salido libre. Le comenté que estaba dispuesto a seguir trabajando como Evangelizador de Tiempo Completo y aquí estoy.

        Pablo Pérez Pantaleón


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2004-01-22


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