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Los otros efectos de la quimioterapia
MÉXICO | TESTIMONIOS
Testimonio del señor Fernando Casillas, miembro del Regnum Christi y padre de dos consagrados

La familia Casillas
La familia Casillas

«Sigo ofreciendo estos síntomas tan molestos y tiempos tan delicados de mi salud por la felicidad de mis hijos, por los sacerdotes legionarios y por las consagradas y consagrados», dice el señor Fernando Casillas Robles en un testimonio que refleja lo que él mismo suele llamar «los otros efectos de la quimioterapia». Él es miembro de la sección de señores en el sur de la Ciudad de México, y desde hace año y medio lucha contra un cáncer que le ha generado los problemas que se suelen derivar de esa enfermedad. Padre de tres hijos, dos de ellos consagrados en el tercer grado del Regnum Christi, Rebeca y Jerónimo, desde hace algunos meses aprovecha sus sesiones de quimioterapia y de reposo, cuando su trabajo se lo permite, para escribir reflexiones sobre su vida y el proceso de enfermedad. El señor Fernando ha querido compartir este testimonio. 

Señor, me has bendecido por el hecho de ponerme en una empresa que me permite un amplio seguro de gastos médicos y eso me ayuda a que sea atendido muy bien en el hospital, por un cuerpo médico de primera. Sin embargo, la sensación durante la aplicación de la quimioterapia me produce un cansancio enorme que, además, durante la noche me provoca temperaturas altas que hay que controlar. Esto resulta “peor” porque la fatiga se incrementa más. Cuando ya se tiene controlada la temperatura me aplican la segunda parte de la quimioterapia, pues es en dos fases, de tal suerte que en el hospital permanezco en  lugar de dos días, de tres a cinco. Esto sucede aproximadamente cada 20 días.

Cuando me retiro a casa con todas las recomendaciones medicas, continúo con esa inmensa fatiga y con cierta depresión. Y sigo ofreciendo estos síntomas tan molestos y tiempos tan delicados de mi salud por la felicidad de mis hijos, por los sacerdotes legionarios y por las consagradas y consagrados. Después me alisto al día siguiente y voy un poco marchito a la oficina, pero con deseos de seguir adelante, con ese cansancio que parece crónico, sin hambre y sin deseos de comer para evitar tener sensación de vómito, aunque me encuentre tomando medicamentos para evitarlo. Dios mío, creo en tu poder. Sé que Tú eres el
El señor Fernando con sus dos hijos consagrados: Rebeca y Jerónimo.
El señor Fernando con sus dos hijos consagrados: Rebeca y Jerónimo.
Señor de la historia. Gracias por recordarme que al final sólo contará lo que haya hecho por amor a Ti y a mis hermanos. Ilumina mi oración, te la ofrezco junto con mi vida, toma el control de esta enfermedad para que sepa pedirte aquello que me conviene para glorificarte. Señor, te pido que me cuides y cuides a toda mi familia.

Todavía no se cual ha sido un mal mayor en mi espíritu y en mi cuerpo, si mi enfermedad del alcoholismo en los años noventa o esta enfermedad que estoy viviendo. En aquel entonces, con el alcohol, no me morí porque tú, Cristo, me diste otra oportunidad: una oportunidad de renacer en la vida. Aquello era una evasión total de la realidad y esto que ahora vivo es la realidad cruda y pura. Veo lo jactancioso que he sido y he aprendido a vivir la amargura y humildad. También estoy aprendiendo que soy débil como humano y que necesito el perdón. A veces he estallado en llanto de arrepentimiento liberador al darme cuenta de la verdad de mi corazón y carne débil de pecador creyente, cargando con esta cruz. Y tengo que levantar la mirada para también ver la  presencia de Dios y de María a mi lado.

Tú me permitiste superar el alcoholismo, Señor, e incluso lamiéndome todavía mis heridas y tratando de curar las heridas provocadas hacia los demás, en esa ocasión, Señor, me brindaste la oportunidad de estudiar la maestría y doctorado en  filosofía. Ahora la pregunta es qué quieres de mi, Señor, a través de esta enfermedad que estoy viviendo. ¿Será que me estás concediendo este tiempo para escribir estas reflexiones?



FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-09-10


 

 


 



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