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| «Este señor esclaviza, degrada, roba, me "cosifica", me "dolariza"... pero no me hace más humano y menos más cristiano». | |
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Por el P. Antonio Rivero, L.C.
Cristo dice en
el evangelio: No se puede servir a dos señores. ¿Qué
señor tienes en tu familia? ¿A qué señor obedeces y
sirves en tu familia?
¿A qué señores sirven algunas familias?
1. Al señor
“Trabajo-dinero”: y a él dedican todas sus energías, fuerzas, salud,
tiempo… Y no tienen, por lo mismo, tiempo para rezar,
para estar con sus hijos y educarlos, conversar con la
mujer. Este señor esclaviza, degrada, roba, me “cosifica”, me “dolariza”…
pero no me hace más humano y menos más cristiano.
Sí, tenemos que trabajar, por supuesto, pero no puede el
trabajo ser el dueño y señor de mi vida. Es
sólo medio para dignificarme y cuidar a mi familia. Y
no para perder a mis hijos y mi esposa.
2. Al señor
“última moda”: comprar lo de la moda, gastar, despilfarrar. Este
señor, además de esclavizarte, te hace insensible al amor al
prójimo, porque siempre estás pendiente de ti y de tus
cosas. Te desvalija, te roba.
3. Al señor “belleza”: estoy siempre pensando
en arreglarme bien, ir a la peluquería, arreglarme las pestañas
y las cejas, las uñas y las manos. Me hago
cirugía estética de la nariz, del cuello, de la frente. Es
un señor que te quita y roba la belleza interior
de tus valores, que es la que cuenta. Y te
hace un maniquí.
4. Al señor “Light”: todo en tu casa es
Light: comida Light, chocolate Light, cerveza Light, azúcar Light, resfresco
light, etc… Este señor te evapora y te enflaquece, te
hace hombre sin peso, sin convicciones, sin sustancia.
Hoy te presento
al mejor Señor para tu familia: Jesucristo, el Hijo de
Dios:
1. Hace bella y luminosa tu vida familiar, porque Él es
la Luz del mundo.
2. Une a tu familia, porque Él
es el Amor.
3. Cuida tus hijos de las malas compañías
y desenfrenos, porque es Amigo de tus hijos.
4. Te asegura
la fidelidad hasta la muerte, porque Él estará con nosotros
siempre.
Por tanto:
1. Déjale entrar en tu casa, y que ocupe el
lugar principal de tu familia y de tu corazón.
2. Escúchenle
cuando lean juntos la sagrada Escritura, los Evangelios.
3. Aliméntense de
Él cada domingo en la santa Eucaristía.
4. Estén orgullosos de
servirle y hablen de Él a sus amigos, invitándoles a
que también ellos acojan a Cristo y le sirvan (hacer
apostolado).
Conclusión: no debe faltar en tu familia tampoco la madre
de este gran Señor: la Virgen, en un rinconcito bien
aireado y soleado.