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| "Dios es justo y eternamente misericordioso, si nosotros hemos sido leales, correctos y honestos, nada nos pasará". | |
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Por el P. Dennis Doren, L.C.
Todos hemos tenido
experiencias de tratos injustos, cuántos juicios ajenos a la verdad
han vivido tantas personas, cuántos intereses creados en la sociedad,
en la que siempre buscamos un culpable aunque no lo
sea, inventamos las pruebas necesarias para condenarlo.
Dios es justo
y eternamente misericordioso, si nosotros hemos sido leales, correctos y
honestos, nada nos pasará, como bien dice el refrán, “Quien
nada debe, nada teme”, el juicio de Dios vendrá tarde
o temprano y la verdad se hará relucir con su
implacable justicia. No nos engañemos, no seamos cómplices de acciones
objetivamente malas, no cambiemos lo códigos morales por conveniencias o
políticas baratas que solo buscan intereses personales, al final la
verdad saldrá a relucir, y todo quedará al descubierto, el
que actuó correctamente, puede caminar en paz y con la
mirada en alto, pero el que engañó, mintió, no se
preocupe, que ya le llegará la hora de responder a
cada una de sus acciones incorrectas. Tenga la certeza que
tendrá que responder personalmente y no precisamente delante de un
juez humano, sino Divino. Ahí te mando esta historia para
que la analices, especialmente para que nunca dudes ni temas
de ir por el camino de la verdad y del
bien, Dios lo sabe, que nada te inquiete.
Cuenta una
antigua leyenda, que en la Edad Media un hombre muy
virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.
En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente
del reino, y por eso, desde el primer momento se
procuró un “chivo expiatorio”, para encubrir al culpable.
El hombre
fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o
nulas esperanzas de escapar al terrible veredicto: !!la horca!! El
Juez, también comprado, cuidó no obstante, de dar todo el
aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado:
“Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor,
vamos a dejar en manos de Él tu destino: Vamos
a escribir en dos papeles separados las palabras “culpable” e
“inocente”. Tu escogerás y será la mano del Dios la
que decida tu destino.
Por supuesto, el mal funcionario había
preparado dos papeles con la misma leyenda: “CULPABLE” y la
pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta
que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.
El Juez ordenó al hombre a tomar uno de los
papeles doblados. Este respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos
segundos con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba
ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña
sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su
boca y lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados los presentes le
reprocharon... “Pero, ¿qué hizo...? Y ¿ahora...? ¿Cómo vamos a saber
el veredicto...?” “Es muy sencillo, respondió el hombre.... es cuestión
de leer el papel que queda, y sabremos lo que
decía el que me tragué”.
Con un gran coraje disimulado, tuvieron
que liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo...
“Por más
difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de
buscar la salida ni de luchar hasta el último momento.
Muchas veces creemos que los problemas no tienen solución y
nos resignamos a perder y no luchar, olvidando aquellas palabras
de: “Lo que es imposible para el ser humano es
posible para Dios”. Solo basta tener buena fe, ser sincero
y jamás buscar el mal de nadie. El bien siempre
a la larga vencerá al mal, y los que vamos
por el camino del bien, tenemos el triunfo asegurado.