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La esperanza que llevas en tu corazón y que nunca muere
EL SALVADOR | ARTÍCULOS DE OPINIÓN
«Ten la certeza que la esperanza iluminará tu camino, sé siempre positivo y agradece a Dios por todo. Sé siempre feliz y contagia con tu corazón iluminado a otras personas».

Van Gogh
"Pero con el pasar del tiempo, las estrellas resolvieron abandonar a los hombres y volver para el cielo, dejando la tierra oscura y triste...".

Por el P. Dennis Doren, L.C.

¿Qué sería de la vida del ser humano sin la esperanza? Naufragaríamos en el mar de la incertidumbre, de la duda, del sufrimiento, del dolor, del mal, sin que nada nos alentara a seguir confiando, luchando, trabajando, proyectando, amando, confiando, creyendo, esperando; nuestra vida sería muy corta.

¿Cuál es el objeto de la esperanza cristina?, ¿en dónde la esperanza cristiana ancla su última mirada? Nuestra respuesta es una y es la Resurrección: “el que ha resucitado a Jesús, el Señor, nos resucitará también a nosotros”. Cristo ha sido el primero, no sería el primero si nosotros no fuésemos los siguientes. Pero no existe solo una resurrección del cuerpo; existe también otra, la del corazón, y si la del cuerpo es del “último día”, la del corazón es una resurrección diaria. Esta es la que nos tiene que interesar, porque es la que concretamente depende de nosotros…

Los cristianos somos, esencial y fundamentalmente, hombres y mujeres de esperanza, porque tenemos la certeza que resucitaremos. El cristiano vive en la espera de que las promesas de Dios lleguen a su cumplimiento, que el Reinado de Dios triunfe sobre el reinado del mundo, que la misericordia de Dios triunfe sobre el egoísmo y que el poder de Dios venza sobre los podercitos mezquinos del hombre, en definitiva, que el bien venza al mal.

Es el momento en que Dios, Estrella de la Esperanza, guíe mis pasos, me acompañe día a día, y su color verde llene de ánimo e ilusión mi vida.

Existían millones de estrellas en el cielo. Estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas y azules. Un día, inquietas, se acercaron a Dios y le dijeron: Señor Dios, nos gustaría vivir en la Tierra, entre los hombres. Dios atendió con agrado tal petición. Así será hecho, -respondió el Señor. Las conservaré a todas ustedes pequeñitas, como son vistas para que puedan bajar a la Tierra.

Se cuenta que, en aquella noche, hubo una linda lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños y la tierra quedo maravillosamente iluminada. Pero con el pasar del tiempo, las estrellas resolvieron abandonar a los hombres y volver para el cielo, dejando la tierra oscura y triste.

¿Por qué volvieron?, -les preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al cielo.

Señor, no nos fue posible permanecer en la tierra. Allá existe mucha miseria y violencia, mucha maldad, mucha injusticia. Y el Señor les dijo: ¡Claro! El lugar de ustedes es aquí en el cielo. La tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquel que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere, nada es perfecto. El cielo es el lugar de la perfección, de lo inmutable, de lo eterno, donde nada perece.

Después que llegaron todas las estrellas, y verificando su numero, Dios habló de nuevo: Nos está faltando una estrella, ¿será que se perdió en el camino?

Un ángel que estaba cerca replicó: No Señor, una estrella resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay limite, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor.

¿Qué estrella es esa? -volvió Dios a preguntar.

Es la esperanza Señor. La estrella verde. La única estrella de ese color.

Y cuando miraron hacia la tierra, la tierra no estaba en oscuridad, estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene, y Dios no necesita tener, es la esperanza.

Dios ya conoce el futuro y la esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo será el futuro.

Recibe en estos días de la Resurrección del Señor esta estrella en tu corazón, la esperanza, tu estrella verde. No dejes que ella huya y no permitas que se apague.

Ten la certeza que ella iluminará tu camino, sé siempre positivo y agradece a Dios por todo. Sé siempre feliz y contagia con tu corazón iluminado a otras personas. El alma vive mientras mantenga la esperanza.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-04-29


 

 


 



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