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| «Uno de los grandes retos de la nueva evangelización es lograr que todos los católicos conozcamos bien nuestra fe». | |
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El P. Álvaro Corcuera, L.C., director general de los legionarios de Cristo y del Regnum Christi, escribió la
siguiente carta dirigida a los participantes de las misiones de
evangelizción de Semana Santa 2011, organizadas por los apostolados del
Movimiento, principalmente por Juventud y Familia Misionera, y apoyando
a las diócesis durante los próximos días santos.
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¡Venga
tu Reino!
Roma, 8 de abril de 2011
A los participantes
en las misiones de Semana Santa
Muy estimados en Jesucristo:
Hace algunos
días recordamos de modo especial a nuestro querido Juan Pablo
II, que hace seis años terminó su paso por este
mundo. Recordamos con emoción las imágenes de sus últimos días.
Especialmente nos impresiona la foto en que le vemos en
su capilla, rezando el Via Crucis, abrazando el crucifijo. ¡Nos
llena de alegría saber que en unas semanas se celebrará
su beatificación!
De él podemos decir, como de Cristo, que pasó
haciendo el bien, que vivió amando y entregándose a los
demás. En él tenemos un ejemplo de lo que es
«ser misionero», vivir para realizar la misión que Dios nos
confía. Teniendo así fresco en la memoria y en el
corazón su testimonio, ahora que ustedes se preparan para participar
en las misiones de evangelización quisiera compartirles estas reflexiones sobre
una más de las obras de misericordia espirituales. Hace un
año tratamos el perdón, el consuelo y la paciencia. En
esta ocasión les propongo otra: enseñar al que no sabe.
Uno
de los grandes retos de la nueva evangelización es lograr
que todos los católicos conozcamos bien nuestra fe. Hay una
gran necesidad de formación, de catequesis, de reflexión sobre las
verdades que creemos para que no sea algo superficial, algo
que heredamos pero no hacemos propio. Nosotros mismos lo experimentamos
y por eso buscamos continuamente profundizar más en todo esto.
Sabemos que no se ama lo que no se conoce.
San Pablo pregunta en su carta a los Romanos: «¿Cómo
invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber
oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él,
si nadie lo predica?» (Rm 10, 14). Quienes más oportunidades
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| «Quienes más oportunidades hemos recibido, estamos llamados a compartir este tesoro». | |
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hemos recibido, estamos llamados a compartir este tesoro. La formación
en la fe que nos han dado en nuestras familias,
en la parroquia, en el colegio, en el Movimiento, es
un talento que Dios nos da para ponerlo al servicio
de los demás.
Las misiones son una gran oportunidad para enseñar
a quienes no han tenido tantas oportunidades. La catequesis que
ustedes ofrecerán a la gente será para ellos una bendición.
¡Y cuánto nos conmueve ver cómo la valoran, pues están
deseosos de aprender! Por eso es muy importante también que
ustedes se hayan preparado con gran ilusión.
Éste es sin duda
un modo de enseñar que podrán poner en práctica, pero
hay otro, quizás más importante, pues a fin de cuentas
todas las verdades, la doctrina, los contenidos, están centrados en
Jesucristo, y el objetivo final no es que la gente
sepa algunas cosas más, sino que puedan encontrarse con Dios
y experimentar su gran amor. Y esto no se enseña
con palabras, sino con el testimonio de vida. Sabemos que
el Señor, a través de ustedes, quiere obrar milagros y
auténticas conversiones en las personas que se encontrarán. Al verles
a ustedes, llenos del amor de Dios, viviendo la caridad,
entregándose sin reservas, las personas estarán aprendiendo la lección más
importante de todas: Dios nos ama, Él está con nosotros,
Él da sentido a nuestras vidas.
Los mejores misioneros y catequistas
han sido siempre los santos. Juan Pablo II lo dijo
así en una de sus encíclicas: «El hombre contemporáneo cree
más a los testigos que a los maestros, más a
la experiencia que a la doctrina, más a la vida
y a los hechos que a las teorías» (Juan Pablo
II, Redemptoris missio, 42). Si queremos realizar una catequesis y
una misión que transforme a los hombres, debemos ser ante
todo testigos, sal de la tierra y luz del mundo.
Einstein dijo una vez que la «educación es lo que
queda después de olvidar lo que se ha aprendido en
la escuela». Por eso, no basta transmitir unos contenidos. La
catequesis debe llevar a la madurez de la fe, al
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| «Si queremos realizar una catequesis y una misión que transforme a los hombres, debemos ser ante todo testigos, sal de la tierra y luz del mundo». | |
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encuentro con Cristo.
En este sentido, creo que en las misiones
hacemos la experiencia de que vamos a enseñar, y sin
duda lo hacemos, pero también vamos a aprender. Dios nos
enseña y nos da grandes lecciones, especialmente a través del
testimonio de las personas. Su fe sencilla, su piedad y
fervor, su generosidad abnegada, sus detalles de acogida, su paciencia
ante los sufrimientos son cosas que se quedan grabadas en
nuestros corazones. Son mensajes que Dios nos da, invitándonos quizás
a un cambio en nuestra vida. Por eso, qué importante
es que vayamos con el corazón abierto, con profunda conciencia
de que también nosotros tenemos mucho que aprender. Por encima
de la sabiduría humana, está la sabiduría de Dios. «Porque
la locura divina es más sabia que las personas, y
la debilidad divina, más fuerte que las personas» (1Co 1,
25).
Vamos a dar y a enseñar, pero puede ser que
seamos nosotros quienes más recibamos y más podamos aprender. Vamos
a evangelizar, pero nosotros somos también evangelizados. Vamos a transmitir
el amor de Cristo, y nuestro corazón será también tocado
por esta gracia. Así es la lógica de Dios, del
evangelio, de las bienaventuranzas, de las obras de misericordia. Dios
no nos quita nada y nos lo da todo, como
ha dicho Benedicto XVI desde el inicio de su pontificado.
Cuando damos con alegría, somos los primeros beneficiados.
La Semana Santa
nos ofrece el marco ideal para que en estas misiones
de evangelización Dios pueda tocar el corazón de muchas almas
y nuestro propio corazón. Les encomiendo mucho, para que sean
instrumentos de su gracia. Estoy seguro de que, como los
primeros discípulos, volverán felices, contando las maravillas que Dios hizo
a través de ustedes, y contemplando también la obra de
Dios en sus propias almas. ¡Muchas gracias por su testimonio
y generosidad al sumarse a esta obra evangelizadora! Cristo ha
querido sentir necesidad de nosotros y estará muy feliz de
contar con cada uno de ustedes.
Afectísimo en Cristo y el
Movimiento,
Álvaro Corcuera, L.C.