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| Mons. Velasio De Paolis, C.S. preside la celebración eucarística con el director general y los miembros del consejo de la Legión de Cristo. Les asisten dos de los nuevos diáconos (atrás). | |
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Roma, 12 de julio de 2010. Mons. Velasio De Paolis,
C.S., Delegado del Santo Padre para la Legión de
Cristo, visitó la sede de la dirección general y el
centro de estudios superiores de la Legión de Cristo en
Roma el pasado 10 de julio. En la sede de
la dirección general, se reunió con el director general, P. Álvaro Corcuera, L.C. y los miembros del consejo general.
Su Excelencia les entregó la carta de nombramiento del Santo
Padre en la cual le encomienda esta misión, y otra
carta escrita por él mismo, en la cual se dirige
a los miembros de la congregación para explicar algunos aspectos
de su encargo como Delegado del Santo Padre y el
espíritu con el cual debemos afrontar este periodo.
Después de esta
reunión, Mons. Velasio se dirigió al centro de estudios superiores,
donde celebró la santa misa. Siguen a continuación algunos extractos
de la homilía (el texto completo se puede leer en
el blog "Regnum Christi en vivo", en este enlace):
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«Ayer se ha hecho la comunicación oficial, y en
este momento, mi emoción interior ha crecido todavía más, sintiendo
a tantos decirme: «Bien, felicidades por tu encargo, pero será
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| «La Iglesia que, en un primer momento, les ha ayudado al enviar sus Visitadores para hacer un primer discernimiento, la misma Iglesia, en la misma persona del Santo Padre, hoy les envía su Delegado». | |
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un encargo difícil», y al mismo tiempo, me han asegurado
todos su oración, porque este encargo, al menos se puede
intuir la dificultad desde la oración, es un encargo que
con la gracia del Señor se puede y se debe
realizar».
«El Papa dice que –frente a la situación–, ha creído,
por una parte, urgente iniciar un camino de reflexión que
él mismo, el Santo Padre, quiere acompañar. La Iglesia que,
en un primer momento, les ha ayudado al enviar sus
Visitadores para hacer un primer discernimiento, la misma Iglesia, en
la misma persona del Santo Padre, hoy les envía su
Delegado. Un Delegado que –como el Papa dice en la
carta– tiene la tarea de testimoniar la cercanía del Papa
a todos ustedes. Y es todavía en el gozo de
que estamos en la Iglesia y tenemos la tarea de
realizar el proyecto de Dios, que tenemos esta misión nuestra,
esta tarea».
«Ustedes mismos, con su presencia, son un testimonio que
invita a la esperanza y que nos infunde ánimo. El
Papa manda a su Delegado para decirles que él los
ama y que está cercano a ustedes. Él, al mismo
tiempo, constata –lo dice él en la carta– un gran
número de miembros de esta congregación que tienen un gran
celo y viven con gran fervor».
«Y es todavía el momento
de un examen de conciencia porque tenemos necesidad de vez
en cuando de hacer un alto para realizar un examen
de conciencia. Pero no para reflexionar continuamente sobre un pasado,
sino para constatar nuestro presente, darnos cuenta de nuestra situación,
dando, primero que todo, gracias al Señor. La primera palabra
que debería nacer de la profundidad de nuestro corazón es
la palabra de “gracias”. Gracias a Dios que nos ha
llamado, los ha llamado a la vocación sacerdotal y religiosa
en este instituto. Gracias a Dios que les ha acompañado.
Gracias a Dios que puede llevar a cumplimiento su obra.
Gracias a Dios y gracias a la Iglesia, porque el
Señor resucitado vive en su Iglesia y cumple su obra
a través del ministerio de la Iglesia. Y esta Iglesia
que ha cumplido una primera obra de discernimiento, hoy quiere
cumplir la obra –a través del Delegado Pontificio– de reconstrucción,
de restructuración, o mejor, de un nuevo compromiso en nuestro
camino espiritual».
«Estamos llamados a recorrer un camino, nos dice el
Papa, un camino de renovación particularmente de las normas con
las que regimos nuestra vida para llegar después renovados y
con nuevo entendimiento, con nueva conciencia y con nuevas fuerzas,
a la celebración de un capítulo extraordinario, en el cual
reconfirmaremos nuestra fidelidad al Señor, donde reconfirmaremos nuestro compromiso de
seguir a Cristo en la profesión de los consejos evangélicos;
donde reconfirmaremos que el Señor es nuestro todo. Por Él
hemos entregado nuestra vida, y queremos que esta vida le
pertenezca a Él totalmente y para siempre a Él; es
éste mi deseo al inicio de este camino que queremos
recorrer. Nos encontraremos más seguros, más serenos, más llenos de
confianza, si renovamos nuestro pacto de alianza con el Señor;
y dado que el Señor es siempre fiel, y nunca
falla, así también nosotros encontraremos la valentía de nuestra fidelidad,
de nuestra entrega y de nuestra total dedicación al Señor».
«Para
celebrar bien el Domingo, debemos pasar no sólo a través
del Viernes, sino también a través del silencio del Sábado
Santo, conservando intacta la fe en la presencia de Jesús
entre nosotros y en medio de cualquier circunstancia de la
vida, pero con la certeza de que la última palabra
es el triunfo de nuestro Señor Jesucristo, que la última
palabra es el triunfo de la vida sobre la muerte,
que la última palabra es el misterio del amor de
Dios que transforma nuestro corazón, y con su gracia lo
hace capaz de responder con el mismo amor a nuestro
Señor Jesucristo. Superemos las tinieblas que a veces pueden oprimirnos;
superemos las dificultades también de nuestra fragilidad y debilidad humana,
porque el misterio de Dios es mayor que toda debilidad
humana».
«No entra Dios en nuestras vidas para aniquilarnos, sino que
entra para liberarnos y para permitir que la vida se
manifieste en su plenitud. Y purificados por Dios, descubrimos dentro
de nosotros energías insospechables, y entonces si el hombre solo
no puede hacer nada, el hombre con Dios puede hacerlo
todo. Para Dios nada es imposible y nosotros estamos llamados
cada día, nosotros seres creados, nosotros que tenemos una vocación,
estamos llamados cada día a redescubrir el eterno misterio de
Dios; a constatar nuestra debilidad y fragilidad y, al mismo
tiempo, a hacer la experiencia de la gracia misericordiosa y
renovadora de Dios. Y al lado de Dios, bajo la
protección de la Bienaventurada Virgen María, con Jesús que ha
resucitado y nos ha llamado sus amigos y sus hermanos,
podemos realizar grandes cosas, estar al servicio de su Reino,
y hacer triunfar el Reino de Dios primero en nosotros
mismos y luego por el testimonio de vida que queremos
dar».
«Con la gracia todo es posible, y la gracia de
Dios ha triunfado en nosotros, en vosotros hasta hoy, y
triunfará de nuevo hoy y también mañana hasta que sea
revelado plenamente el misterio de Dios. Con esta confianza, queremos
comprometernos en la oración, en la humildad, en la conciencia
de nuestros límites, pero sobretodo en la certeza del amor
infinito y misericordioso de Dios. El Señor tiene grandes proyectos
para cada uno de nosotros, el Señor tiene una misión
para cada uno de nosotros. No abandonemos al Señor, Él
siempre es fiel; que también nosotros permanezcamos fieles en el
encuentro con el Señor en este momento, particularmente en esta
Eucaristía. Él nos nutre con su palabra, Él se vuelve
nuestro cuerpo y sangre, Él se vuelve nuestra vida y
con la vida del Señor en nosotros, nos volvemos personas
transfiguradas, capaces de dar siempre testimonio del misterio del amor
de Dios que camina en el tiempo».