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Llamado a servir: un capellán en la armada de los Estados Unidos
ESTADOS UNIDOS | REGNUM CHRISTI | NOTICIAS
Entrevista al P. Anselmo Hernández, L.C.

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El P. Anselmo Hernández, L.C., es originario de Brooklyn, NY. Fue ordenado sacerdote  en Roma, el 2 de enero de 2001, e ingresó a la armada de los Estados Unidos como capellán militar, en 2008. Fue enviado a Irak en 2009 y desde 2011 se encuentra en Ft. Eustis, Virginia, Estados Unidos, esperando su próxima misión.

¿Cómo se le ocurrió ser capellán militar y qué lo motivó a hacerlo?

Ingresé a la armada de los Estados Unidos en junio de 2008. Pero el proceso inició más o menos un año antes, mientras me encontraba en Roma estudiando la licenciatura en teología moral. Platiqué con el arzobispo castrense de los Estados Unidos en ese entonces, quien de hecho es mi amigo, y fue rector del Colegio Norteamericano de Roma en los años en que fui estudiante de filosofía. Iba ahí con frecuencia para visitar a mis amigos de mis años de seminarista en Brooklyn. El arzobispo me comentó que necesitaba ayuda. También por esas fechas estuve recibiendo correos de soldados diciéndome que tenían como 6 meses sin ver a un sacerdote, algunos incluso más de un año, desde que los enviaron a la zona de guerra.

Hablé entonces con nuestro director general, el P. Álvaro Corcuera, L.C., y él me invitó a tratar esto en la oración con Dios, para discernir bien qué era lo que Dios me estaba pidiendo. Después de algunos meses, mientras tomábamos una merienda en tiempos de exámenes semestrales, el P. Álvaro se me acercó y me dijo que sí, que podía ser capellán militar. Esto me confirmó en lo que ya había visto y así fue que inicié todo el papeleo para ingresar al a las fuerzas armadas de Estados Unidos (que también incluía un serio programa de ejercicios físicos para estar listo).

¿Qué fue lo que me llevó a hacer esto? Diría que es lo que siempre me ha movido a hacer lo que hacemos como legionarios de Cristo y miembros del Regnum Christi:
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ver la necesidad del Reino de Dios y escuchar la voz de Dios llamándonos a la acción para extender este Reino. La voluntad de Dios ha sido siempre el Norte que ha guiado lo que busco hacer y sé que si Él es quien lo pide, entonces es lo mejor para mí. Así, al final, es “su problema”: “¿Me llamaste para esto? Te daré todo…¡Pero tú me das las gracias que necesito!”.

¿Cuáles son sus obligaciones como capellán militar?

Mi “trabajo” es cuidar las necesidades espirituales de las tropas (de todos los elementos; no sólo de los que son católicos) y de sus familias, para asegurar que practiquen su fe con libertad, y colaboro también como asesor del Comandante en aspectos de religión, moral, etc. ¿Cómo hago esto? Conociendo a todos los soldados y a sus familias y asegurándome de que no sólo vivan su fe (lo subrayo de nuevo, no sólo de los católicos), sino que también profundicen en el conocimiento de ella, permitiendo también que ellos me conozcan y puedan conocer mi fe. Como sacerdote, me preocupo por los católicos, pero también miro por quienes no son católicos y desean asistir a sus servicios según la fe de su grupo; trato de encontrar capellanes protestantes para que realicen servicios litúrgicos para los soldados protestantes, así como rabinos para los soldados judíos, etc. Organizo retiros y grupos de estudios bíblicos, celebro misa, expongo el Santísimo para la adoración eucarística, ofrezco el sacramento de la reconciliación, doy educación religiosa, dirección espiritual, etc. Hago todas estas cosas que hacen otros sacerdotes, también voy con ellos al campo de batalla, entreno con ellos y hasta voy a la guerra con ellos (sin armas, por supuesto). La idea es llevar a Dios a los soldados (y a sus familias), y que los soldados vayan a Dios.

¿Cómo es un día ordinario en la vida de un capellán del ejército de Estados Unidos?

Generalmente mi día inicia como a las 4:30 a.m.,
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que es cuando me levantó, me preparo y hago mis oraciones matutinas y la meditación del día. Luego, a las 6:30 a.m., hago entrenamiento físico con las tropas. A las 8:00 a.m. estoy rezando el Breviario para después estar en el cuartel general a las 9:00 a.m. Para ese momento envío un correo electrónico a los soldados con el “pensamiento del día”, que es una breve meditación para que ellos reflexionen durante el día. Una vez que envío esto, me dirijo hacia el Comandante para pasar lista y hablar acerca de las tropas y de las actividades pendientes que se van a realizar. Inmediatamente después, llega el momento de ir a donde están los soldados y estar con ellos, dando clases, dirección espiritual, misa y confesiones. El día normalmente concluye cerca de las 22:00 p.m. cuando llego a casa para comer algo, terminar algún trabajo pendiente en la computadora e irme a dormir cerca de las 23:00 p.m., después de las oraciones de la noche.

¿Cómo se realiza en su misión sacerdotal como capellán militar?

Tengo la oportunidad de servir a Dios y a mí país, como dice el emblema de nuestra capellanía. Tengo la oportunidad de llevar a Cristo a las realidades más difíciles que se pueden afrontar afrontar. Comparto los mismos sentimientos que los soldados, vivo lo que viven, paso por sus mismas dificultades –y a través de mí, también Cristo lo vive. ¿Cómo no sentirse pleno como sacerdote cuando estás en zona de guerra y eres capaz de bautizar a más de 60 soldados, confirmar a otros tantos, dar la primera comunión a más de 100, exponer el Santísimo Sacramento y ver la capillita llena de soldados, con sus armas, dándose cuenta que su verdadera fuerza está en su intensa vida de oración. Lo que me mantiene de pie son las oraciones de los soldados y el saber que esto es lo que Cristo me pide, luego Él me dará las gracias necesarias para poder llegar al fin y decirle “misión cumplida”. Cada misa, cada confesión, cada unción, cada bendición, cada corazón abierto a la gracia de Dios hace que todo esto valga la pena.



FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-09-24


 

 


 



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