¡Venga tu Reino!
25 de enero de 2013
A los
legionarios de Cristo
A los miembros y amigos del Regnum
Christi
Muy queridos en Cristo:
En este día de la conversión
de San Pablo, les mando un gran saludo acompañado de
mis oraciones por cada uno para que, como el santo
que hoy recordamos, podamos decir de corazón y en todo
momento: «Ya no soy yo, sino es Cristo quien vive
en mí».
Dios me concede la gracia, después de la
operación y en el tiempo de recuperación, de mandarles estas
líneas y agradecerles de corazón sus oraciones y su cercanía,
que tanto conmueven y comprometen. Les agradezco las notas que
me han enviado y sus muestras de apoyo y cariño.
En una o dos semanas iniciaré el tratamiento de radiación
y quimioterapia, y créanme que me han dado muchísimo consuelo.
Sólo Dios sabe todo lo que les debo y cuánto
ofrezco por cada uno de ustedes.
El contexto del Año
de la Fe es un impulso especial para afrontar todo
desde las virtudes teologales: la fe para ver a Dios
en cada persona y circunstancia, la confianza para saber que
«todo contribuye al bien», la caridad para corresponder al amor
que Dios nos tiene. La operación fue el viernes primero
de enero y en este detalle he podido experimentar especialmente
cerca el amor del Sagrado Corazón de Jesús.
Este período está
siendo para mí un compromiso para tratar de dar lo
mejor y responder a este talento de Dios, Padre amoroso.
Lo veo como una oportunidad para experimentar que en la
debilidad se manifiesta la fortaleza de Dios y que su
gracia nos basta. Con el primero con quien tengo un
compromiso es con Cristo mismo, para amarle más y para
preguntarle: «¿qué es lo que Tú quieres, Señor?». Es también
un momento para amarlos más a todos ustedes y ofrecerlo
todo con tal de renovar la búsqueda de la santidad
y el sentido apostólico de nuestras vidas: llegar al abrazo
con Dios y que todos los hombres lleguen al cielo.
Este
momento de enfermedad me ha ayudado a palpar en primera
persona que la vida es un continuo examen para prepararnos
para el día de nuestro encuentro definitivo con Dios, una
constante conversión para ir al cielo. ¿Y de qué nos
examinarán? «Al final de la vida te examinarán del amor».
En cierto sentido, no es sino un examen sobre el
mandamiento de Cristo: «Amaos los unos a los otros como
Yo os he amado»; «un mandamiento nuevo os doy». Dios
está siendo muy bondadoso al darme este regalo de poder
meditar más a fondo en esto y experimentar su misericordia.
No hay momento en que no me venga al corazón
lo bueno que es Dios.
No saben cómo quisiera poder responder
a cada uno los mensajes que me han ido llegando,
manifestarles toda la gratitud que siento y cuánto me conmueven
sus cartas y oraciones. Como les dije en mi mensaje
anterior, me quiero unir muy especialmente con todos los que
están enfermos y con los que sufren, especialmente con quienes
se sienten olvidados o están solos. Seguimos recordando con especial
cariño al P. Antonio Izquierdo, quien nos dio tanto ejemplo
de entrega y abandono en las manos de Dios.
Oremos
mucho por el Santo Padre y ofrezcámosle nuestro apoyo incondicional,
nuestra respuesta generosa y entusiasta. Pongamos todo en las manos
de María. Su mirada dulce nos inspira tranquilidad, serenidad y
confianza en la misericordia de Dios. Que Ella sea nuestro
sostén, enjugue las lágrimas de quienes sufren y nos conduzca
en todo momento a ser como Cristo, su Hijo. Un
abrazo de corazón a cada uno.
Afectísimo en Cristo, Alvaro Corcuera,
L.C.