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Una aventura de amor
MÉXICO | REGNUM CHRISTI | TESTIMONIOS

"Por parte de mis amigos había algo de incredulidad, pero al final también me apoyaron."
"Por parte de mis amigos había algo de incredulidad, pero al final también me apoyaron."

El P. Alberto Leal Villanueva, L.C., nació en la ciudad de Aguascalientes y actualmente tiene 34 años de edad. Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en 1993. Realizó sus estudios humanísticos en Salamanca, España. Estudió filosofía y teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, en Roma. Ha colaborado en la formación de los novicios en Salamanca, España, y con grupos de jóvenes y adolescentes en la Ciudad de México. Actualmente es el secretario general del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum y de la Universidad Europea de Roma.

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Mi vida es una continua aventura de amor. Tengo el secreto de la felicidad. Me dedico a entregar a los hombres la medicina que les ayudará a vivir una vida feliz y plena. Estoy convencido de que el hombre, en lo más profundo de su ser, experimenta una necesidad imperiosa de Dios. Sólo Él le puede dar la paz y serenidad de espíritu que en nuestro mundo de hoy tanta falta hace. Mi trabajo consiste en ayudar a cada hombre que encuentro en mi camino a descubrir el amor de Dios. ¡No te imaginas cuánto trabajo tengo...!

Todo empezó por “bocón
En casa había una gran devoción a la Virgen de Guadalupe.
Familia Leal con un hijo sacerdote legionario de Cristo y una hija que está consagrada en el Regnum Christi.
y vanidoso”. Tengo una prima de mi edad y tenía trato frecuente también con sus amigas. Estudié en un colegio dirigido por los hermanos maristas y, más que nada para vanagloriarme, solía decirles a ella y a sus amigas que de grande sería hermano marista. Me complacía en mi interior cuando decían: “¡No, por favor!”.  Nunca imaginé que ese era sólo el principio de una verdadera aventura de amor.

Mi infancia y juventud estuvieron rodeadas de deportes, amigos y fiestas. Formé parte de la selección de fútbol del colegio casi toda mi vida de estudiante. No era muy bueno pero al menos estorbaba en la cancha al contrincante. Me gustaba también jugar al tenis y practicar la equitación. Más tarde descubrí una gran pasión por las corridas de toros. Me gustaba mucho ir al campo y montar a caballo paseando entre los toros. Puedo decir que viví una vida tranquila al estilo de una pequeña ciudad de provincia.

En casa había una gran devoción a la Virgen de Guadalupe. Con frecuencia rezábamos el rosario en familia y de igual modo acudíamos todos los domingos a la parroquia del Campestre para escuchar la Palabra de Dios y recibir la Eucaristía. En casa aprendí a amar a Dios y a aceptar con amor su voluntad en mi vida. Somos una familia muy unida y esta unión se ha ido acrecentando cada vez más aun a pesar de la distancia: mi hermano, ahora casado y con dos hijas, vive en Atlanta y mi hermana, consagrada en el Movimiento Regnum Christi, vive en Washington. Mis padres se trasladaron a la Ciudad de México y yo, desde hace siete años, vivo en la ciudad eterna de Roma.

En el año de 1987, mientras cursaba el 5º año de preparatoria, conocí el Movimiento de apostolado Regnum Christi y la Legión de Cristo. Me cautivó el dinamismo y la alegría de los sacerdotes legionarios. Colaboré activamente en algunos apostolados y esto dio a mi vida un sentido más pleno: una verdadera realización.

En el verano de 1987, durante un
 ¡Qué satisfacción poder dibujar una sonrisa de esperanza en el rostro de las personas!
¡Qué satisfacción poder dibujar una sonrisa de esperanza en el rostro de las personas!
cursillo de formación, Dios sembró en mi alma una profunda inquietud sobre lo que podría ser mi vida. Leyendo un libro titulado “Cristo me dejó preocupado” me identifiqué fuertemente con el protagonista: un muchacho normal al que Dios le pedía que fuera su profeta. Este muchacho le decía a Dios que no sentía las cualidades, que había otros mejores que él... Sin embargo, Dios lo quería a él.

Hablé de esto con mi director espiritual y aunque me costaba mucho la posibilidad de dejarlo todo para entrar al seminario, quise ser generoso con Dios: “¿Cómo podía negarle algo a mi Creador?”. Sin embargo, no era ese el momento... A pesar de que yo expuse con claridad mis inquietudes, no recibí respuesta en aquel momento.

Inicié así el 6º año de preparatoria y durante ese año me dediqué a colaborar en la preparación de nuestra fiesta de graduación. Al terminar la preparatoria me fui un año a Estados Unidos para aprender inglés. Al regresar inicié la carrera de Ingeniería Industrial en la Universidad Bonaterra. Un semestre más tarde me trasladé a la ciudad de Monterrey, al “TEC”, porque decidí cambiar de carrera.

Durante mi estancia en esa ciudad seguí participando en diversas actividades formativas y apostólicas del Regnum Christi. Un domingo, estando en misa, volví a sentir con una fuerza muy especial que Dios me invitaba a entregarle mi vida para poder hacer algo más por los demás. Volví a exponer esta inquietud a mi director espiritual y, ahora sí, Dios puso delante de mí los medios para poder madurar esta decisión.

Había que informar a la familia y a los amigos de esta decisión. Gracias a Dios en mi familia encontré siempre un apoyo incondicional. Por parte de mis amigos había algo de incredulidad, pero al final también me apoyaron. Ingresé al noviciado de la Legión de Cristo en el verano del año 1993.

Han pasado 13 años desde entonces. Ha sido una larga trayectoria
El sacerdocio no se improvisa, es un don muy grande y aunque se recibe indignamente, hay que presentarle a Dios la materia humana mejor dispuesta para que Él pueda realizar su obra de salvación por nuestro medio.
"El sacerdocio no se improvisa, es un don muy grande y aunque se recibe indignamente, hay que presentarle a Dios la materia humana mejor dispuesta para que Él pueda realizar su obra de salvación por nuestro medio".
de formación y apostolado para llegar al altar. El sacerdocio no se improvisa, es un don muy grande y aunque se recibe indignamente, hay que presentarle a Dios la materia humana mejor dispuesta para que Él pueda realizar su obra de salvación por nuestro medio.

Hace aproximadamente 15 años Dios me invitaba a hacer algo más por los demás. Hoy descubro la grandeza de transmitir el amor de Dios a las almas. ¡Qué satisfacción poder dibujar una sonrisa de esperanza en el rostro de las personas! No una sonrisa hueca, sino la sonrisa profunda de la presencia de Dios en el alma.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2007-03-29


 


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