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P. Luis Garza, L.C.: Eligiendo una amistad
ITALIA | REGNUM CHRISTI | TESTIMONIOS
Una entrevista sobre algunas de sus experiencias sacerdotales.

P. Luis Garza, L.C., Vicario General de la Legión de Cristo.
P. Luis Garza, L.C.

Traducción del original en inglés: “Fr. Luis Garza, LC, on the Choice for a Friendship
Por Trish Bailey

Roma, 21 de enero de 2010. Algunas veces, el trayecto de la vida de una persona se puede vislumbrar hacia atrás con una simple decisión. Cuando el P. Luis Garza, L.C. tenía 10 años, su papá decidió inscribirlo en un colegio que apenas iniciaba en la ciudad de Monterrey (México).

Se trataba de un colegio de los Legionarios de Cristo, que en aquel tiempo era más una idea que una realidad. Pero el papá del P. Luis estaba convencido que el colegio sería una excelente decisión porque prometía una formación integral, además de una sólida formación académica. De hecho, estuvo en lo cierto; por muchos años hasta el día de hoy, el Instituto Irlandés de Monterrey ha sido uno de los colegios más apreciados en Monterrey.

En el colegio, el joven Luis, de 13 de años, se unió al ECYD y comenzó a comprometerse en proyectos apostólicos. Como supo brillar en sus estudios, la secundaria la concluyó a los 16 años y posteriormente fue a la Stanford University, en California, para estudiar ingeniería, terminando su Bachelor of Science en Industrial Engineering a los 19 años.

Mientras estaba ahí, decidió formar parte de uno de los Campus de la universidad al otro lado del océano, en Francia. Ahí, le esperaba también una sorpresa.

«Cuando estaba ahí, me vino una idea como un rayo, un viernes por la noche: “¿Por qué no eres sacerdote?”. Me sobresalté tanto que no supe qué hacer», dijo el P. Luis.

Mientras se debatía con la idea, recibió la invitación de ir a Italia a un curso de verano organizado por los jóvenes del Regnum Christi. Decidió así utilizar ese tiempo para reflexionar y discernir en la oración la posible vocación.

Estando allí, la elección se le presentó del modo más sencillo.

«El sacerdote con el que hablé, me dijo que no debería esperar mucha claridad por parte de Dios, que debería tomar un pedazo de papel, dividirlo en dos partes y escribir en un lado las razones por las cuales debería ser sacerdote, y en el otro lado, las razones por las cuales no debería de serlo», comentó el P. Luis.

Un lado del papel lo llenó muy rápido. Las razones por las cuales no debería ser sacerdote fueron fáciles de enumerar: los planes personales, sueños, estudios, carrera, futuro, familia… Del otro lado del papel, una sola razón: “parecía ser un llamado incierto por parte de Dios”.

En un lado, la decisión era obvia. 50 razones de un lado eran suficientes para derrotar una sola del otro lado. Pero el problema era que esa razón solitaria tenía mucho más peso que las demás; pertenecía a otra categoría completamente diferente.

«En el proceso de elaborar mi lista, pensé que me estaba mintiendo. Me di cuenta de que no podía poner a Dios y mis ideas y expectativas propias en el mismo nivel, porque son de naturaleza completamente diversa», dijo.

Para una persona con la lógica del P. Luis, la decisión estaba al revés, si bien no necesariamente era una decisión fácil.

«Simplemente pensé que Dios realmente me llamaba por amor y que sólo podía responderle dándole mi vida».

La decisión sobre la Legión de Cristo, dijo, fue “de lo más natural”. La Legión de Cristo «se encontraba donde nací y donde inicié mi vida apostólica, el lugar donde me pude poner al servicio de Dios y de la Iglesia».

Medianoche en la Ciudad de México

El P. Luis Garza ha desempeñado muchas responsabilidades apostólicas en la Legión de Cristo, muchas de las cuales han tenido repercusiones importantes. Hasta este año se ha venido desempeñando como director territorial de Italia y, también, como vicario general de la Congregación. Como vicario general, es responsable de velar en áreas clave para la logística del gobierno de la Legión de Cristo y del Regnum Christi. Es mucho trabajo mental, con mucha frecuencia desarrollado detrás de un escritorio, con un constante análisis del personal, de las estructuras y las organizaciones, riesgos y oportunidades. Aquí, también, hay un lugar para las listas; y hay ocasiones en que el plan de Dios pesa más en esa parte de la lista con una sola razón.

Una noche, mientras trabajaba en la Ciudad de México, regresó a la casa después de una cena, como a eso de las 11:00 p.m., cerrando cuidadosamente la reja detrás de él. En la Ciudad de México muchas veces es necesario que las casas tengan rejas, paredes y sistemas de alarmas. En una ciudad con más de 21 millones de habitantes, los robos e incluso los secuestros suceden de cuando en cuando.

Caminó por el pasillo exterior, entró en la casa y cerró la puerta. En ese momento sonó el timbre. Dos hombres estaban parados afuera viéndolo entre las rejas de la entrada. Al inicio pensó detenidamente en abrirles o no; después de todo eran las 11:00 p.m. y nunca había visto a estos hombres. Pero decidió abrirles y descubrir qué necesitaban.

Los dos hombres, uno mayor que otro, le dijeron que su abuela estaba enferma y necesitaban de un sacerdote. Cuando les preguntó dónde estaba, le dijeron que se encontraba en una de las colonias aledañas.

«En esos momentos, pensé, no les podía decir que no, llegué a pensar que incluso podía ser una trampa».

Se subió a su coche y fue con ellos a la casa de la abuela. En ese espacio pobre y pequeño, vivían juntas tres generaciones. Todos ahí eran empleados como criados de algunas de las casas ricas de la zona.

Mientras el P. Luis entraba en la casa, todos salieron para darles privacidad para la última confesión y los ritos finales. La dejaron con la abuelita en medio del silencio, con paredes y cornisas llenas de imágenes de Cristo, de Nuestra Señora y de los santos. Dado que ella estaba ya casi inconsciente y desmayándose, el P. Luis empezó la unción de los enfermos, ayudándola a decir las palabras del acto de contrición después de la confesión.

«Fue un momento especial y sereno donde experimenté cómo Cristo estaba ahí celebrando los sacramentos. Parecía que el tiempo se había detenido», enfatizó.

«Pensé que bien pude ser sacerdote sólo para ese momento, para ayudar a alguien, a una señora que ni conocía y cuyos familiares no volvería a ver después, para que se encontrara con Dios».

En aquella noche en la Ciudad de México, su presencia trajo un oasis de paz y de luz a un alma en sufrimiento. Subirse al coche con dos hombres desconocidos cerca de la medianoche no estaba en el lado más pesado de la lista de papel; pero estaba en la lista de Dios.

Un Sábado Santo muy largo

Como vicario general de la congregación, el P. Luis Garza participó en la difícil tarea de visitar a los legionarios de Cristo y a los miembros consagrados de todo el mundo para ayudarles a digerir las noticias dolorosas relacionadas al fundador. No hay un modo fácil de resumir esa experiencia; no se presta el hecho para fórmulas espirituales fáciles, ni mucho menos es algo que la mente pueda entender fácilmente.

Como uno puede suponer, la “zona cero” que envolvió a la Legión de Cristo ha generado múltiples reacciones, y estas son tan variadas como los individuos que las tuvieron.

«Ha habido mucho sufrimiento y dificultad entre la gente afectada por todo esto, y tristemente, he visto a algunos desesperarse. Esto te rompe el corazón. Queremos a nuestros hermanos y hermanas. No hay duda de que este es un tiempo de prueba y sabemos también que nada se escapa del amor providente de Dios, porque esto es duro de entender. Sólo la fe puede derramar algo de luz y esperanza en la penumbra de estas circunstancias tan extrañas», comentó el P. Luis.

A la par estaban las reacciones comprensibles de dolor y odio, y también estaba la respuesta de la gente que sopesó las opciones y decidió por una vocación que será teñida por la cruz de manera muy especial en los tiempos por venir.

«Compartir noticias demoledoras con mis hermanos sacerdotes en la Legión de Cristo y con los miembros consagrados del Regnum Christi ha sido una experiencia terrible», reconoce. «Pero ha sido edificante para mí el darme cuenta cuánta fe, amor, valor y decisión hay en cada uno de ellos, y qué tesoro tan hermoso tenemos. Todos estamos tristes por la gente que ha sufrido con todo esto y deseamos que con nuestras penitencias y acciones podamos reparar de algún modo el daño que se ha hecho».

En los seglares, también, el P. Luis ha encontrado una fuente de fortaleza y de aliento, no sólo en estos tiempos, sino también durante el trayecto de su sacerdocio.

«Estoy muy agradecido por todas y cada una de las personas que he encontrado en mi vida. He visto en muchos de ellos mucha generosidad y fe, y me han ayudado a ver cuán real e importante es la vida del sacerdote para mucha gente. Con ellos, mantener la esperanza en un mundo lleno de desánimo ha sido mucho más sencillo, ya que es muy fácil ver en ellos el rostro de Cristo», dijo.

De un modo, añadió, el tiempo presente en la Legión de Cristo es como una larga noche de purificación, un tiempo cuando todo el desánimo causado por el pecado puede empezar a pesar mucho en el corazón.

«A veces, uno puede pensar que Dios nos ha abandonado. Pareciera que estamos caminando por un Sábado Santo muy, muy largo. Todos estamos esperando la resurrección, el momento en el que podamos vivir nuestro carisma en paz con la bendición de la Iglesia, sirviendo a los demás y edificando a la Iglesia».

¿Hay frutos que broten de esta noche oscura de purificación? El P. Luis así lo cree.

«Es verdad que para nosotros, esta experiencia no ha ayudado a ser humildes, mucho más dependientes en Dios y no en nuestras propias capacidades. Nos ha permitido crecer más en la confianza y cerca de la Iglesia, con un mayor deseo de servirla. Nos ha hecho crecer en la comprensión del ser humano, y nos ha dado la oportunidad de reflexionar en lo que significa un corazón manso y humilde, un poquito como el corazón de Cristo», comentó.

«Todavía hay un largo camino por recorrer, pero creo que Dios nos dará las gracias de esperanza y de aliento para vivir de manera más evangélica y para ser mejores instrumentos en sus manos».

“Los llamo amigos”

Al final, la vocación al sacerdocio y el ministerio sacerdotal –del Viernes Santo al Domingo de Resurrección– no es para nada un hecho de meras decisiones personales. Es sobre todo un don del corazón de un amigo cuya voluntad es un misterio a las veces hermoso, y en otras ocasiones doloroso.

«“No los llamo siervos, sino amigos”. Esta frase ha resonado siempre en mi vida por muchas razones», dice el P. Luis.

Esta amistad le ha traído muchos dones: una buena familia, la fe católica y la vocación al sacerdocio. Pero además de estas cosas, por las que está muy agradecido, hay un don permanente que aparece de maneras inesperadas: la experiencia de ver cómo Cristo toca las vidas de los demás.

«Especialmente, me ha permitido ver –si bien de manera indirecta muchas veces– cómo Dios llega a todos, ayudándoles a ser sus hijos, haciéndolos amigos y no siervos”, dijo el P. Luis.

«He visto cuánta alegría da ser cristiano a la gente y cómo cada sueño y deseo se completa en la vida de la gente cuando encuentran a Cristo y son tocados por su gracia».

«Esta gente –fieles laicos, madres de familia, almas sufrientes– han llegado a ser amigos de Cristo y capaces de dar nueva vida a otros a través de su testimonio y alegría, de su compromiso».

En medio de las decisiones que requieren una reflexión cuidadosa, quizá lo que pesa más es sólo eso: la opción por una amistad que brinde esperanza y vida nueva cuando más lo necesitemos.

El P. Luis Garza, L.C., es originario de Monterrey (México). Obtuvo un Bachelor of Science en Industrial Engineering en la Universidad de Stanford. Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en 1978. Durante su vida en la Legión obtuvo una licenciatura en filosofía y teología, seguido de un doctorado en Derecho Canónico. Fue ordenado sacerdote en 1985, y fue nombrado director territorial de México y Sudamérica de 1988 a 1991. Ha sido vicario general de la Congregación desde 1992 hasta el presente. En el 2003, el Papa Juan Pablo II lo nombró consultor de la Congregación para el Clero y en 2008, el Papa Benedicto XVI lo confirmó en este nombramiento por un período de 5 años.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-01-21


 

 


 



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