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P. Álvaro Corcuera, L.C.: Benedicto XVI, Vicario de Jesucristo
ITALIA | REGNUM CHRISTI | ESPIRITUALIDAD
«Se detiene, sin prisas, sabe escuchar, acoger, alentar. Es fácil ver la bondad de Cristo en su mirada y en su forma de acoger al prójimo».

Audiencia con el Papa Benedicto XVI
El Santo Padre Benedicto XVI saluda al P. Álvaro Corcuera, L.C. (Foto: L'Osservatore Romano)
Roma, 16 de abril de 2007. El P. Álvaro Corcuera, L.C., director general de la Congregación de los Legionarios de Cristo y del Movimiento de apostolado Regnum Christi, escribió para el Semanario Alba un artículo sobre el aniversario del Papa Benedicto XVI.

Publicamos el texto a continuación.

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He tenido la gracia de encontrar al Santo Padre en varias ocasiones, y siempre me impresionan las expresiones profundas y a la vez sencillas y espontáneas de su amor tan personal a Jesucristo. Es un amor que se manifiesta en sus palabras y en sus gestos, en su saludo, en su presencia externa; y sobre todo en su modo de celebrar la Eucaristía. Todo, en su persona y en su ministerio, está centrado en Jesucristo.

Es un amor que le ha llevado a abandonarse totalmente al querer de Dios, al estilo mismo de Jesús que supo ponerse en manos de su Padre. Así nos lo explicó el Papa en la homilía de la misa de inicio de su ministerio, en la Plaza de San Pedro, el 24 de abril de 2005: "Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia".

Otra faceta del Santo Padre que me llama la atención es su pasión por comunicar al mundo entero que Dios es amor, y que Jesucristo es la primera y más alta expresión de este amor divino a los hombres. El Papa nos manifiesta con convicción que somos los cristianos quienes, con palabras y obras, hemos de llevar a los hombres este amor. Jesucristo nos llama para estar con Él, vivir con Él y ver todo desde su amor. Nuestra respuesta ha de ser el lanzarnos a la aventura de comunicar a Cristo a los demás.

Cada vez que tengo la dicha de encontrarlo, me sorprende también la manera en la que el Papa saluda a cada persona. Se detiene, sin prisas, sabe escuchar, acoger, alentar. Es fácil ver la bondad de Cristo en su mirada y en su forma de acoger al prójimo. Hace algunos años, dos seminaristas que llevaban muy poco tiempo en Roma buscaban una tienda en las inmediaciones de San Pedro, pero no terminaban de encontrarla. Por ahí pasaba un clérigo en sotana y con un maletín en la mano. Los seminaristas le preguntaron si de casualidad sabía dónde estaba el negocio que buscaban. Muy amablemente les dio las señas e incluso les acompañó para encaminarles. Los seminaristas le dieron las gracias y se despidieron. Tiempo después se dieron cuenta de que aquel sacerdote había sido el Cardenal Joseph Ratzinger quien, como todos los días, iba de camino a su casa desde la oficina de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Es ésta la sencillez y caridad de nuestro Papa. Es la vivencia de quien ama a Cristo, manso y humilde de corazón.

El Papa también nos enseña y anima a amar a María. Todos los días sale puntualmente de su apartamento para rezar el rosario. En la Santísima Virgen encuentra a la Madre que le llena de paz.

Sabemos que la cruz que pesa sobre los hombros del Vicario de Cristo puede ser humanamente insoportable, pero el Papa Benedicto la lleva confiado en el Señor, con la fortaleza que viene de lo alto, buscando sólo cumplir fielmente su misión de pastor por la vía que Dios le ha trazado. Sólo Dios sabrá cuánto sufrirá el Papa. Y, sin embargo, es él quien ayuda a sus hijos a llevar con suavidad el peso de la cruz.

El Domingo de Ramos, en la Plaza de San Pedro, el Papa ha explicado a los jóvenes lo que significa seguir a Cristo hoy: "…se trata de un cambio interior de la existencia. Exige que ya no me cierre en mi yo, considerando mi autorrealización como la razón principal de mi vida. (…) Se trata de la decisión fundamental de dejar de considerar la utilidad, la ganancia, la carrera y el éxito como el objetivo último de mi vida, para reconocer sin embargo como criterios auténticos la verdad y el amor. Se trata de optar entre vivir sólo para mí o entregarme a lo más grande. Hay que tener en cuenta que verdad y amor no son valores abstractos; en Jesucristo se han convertido en una Persona. Al seguirle a Él, me pongo al servicio de la verdad y del amor. Al perderme, vuelvo a encontrarme". Sigamos a Jesucristo muy unidos a su Vicario en la tierra. Será el mejor regalo que le podamos hacer a nuestro querido Santo Padre para su 80º cumpleaños.

P. Álvaro Corcuera, L.C.
Director general
Congregación de los Legionarios de Cristo
Movimiento de Apostolado Regnum Christi


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2007-04-16


 

 


 



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