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Un período para conocer a Jesucristo, al Regnum Christi y a sí mismo
MÉXICO | MIEMBROS | NOTICIAS
Entrevista a Diego de Robina sobre el bienio de formación de los miembros del tercer grado masculino.

Diego de Robina, miembro del tercer grado del <em>Regnum Christi</em>.
Diego de Robina, miembro del tercer grado del Regnum Christi.

México, 17 de octubre de 2012. Al promulgar el nuevo reglamento para los miembros consagrados del Regnum Christi, el Delegado Pontificio aprobó que en lugar del año de formación que se hacía antes se tuvieran ahora dos años antes de hacer las promesas de consagración a Dios en el Regnum Christi. El pasado 12 de agosto, por primera vez, empezó a ser realidad para los miembros de la rama masculina. Diego de Robina, miembro del consejo general para los consagrados y director del centro de formación de Medicina en la Ciudad de México nos comparte sus impresiones.

 ¿Cuáles son los fines de este periodo de formación en la vida consagrada?

Diego de Robina: Tiene tres objetivos principales: En primer lugar, conocer la persona de Cristo para enamorarse de él, su relación con el Padre, su forma de amar y su forma de ser apóstol. Segundo, que el joven que aspira a consagrarse conozca a fondo qué es este estilo de vida en el Regnum Christi, esta familia en donde va a entregar su vida a Dios: qué busca, hacia dónde se dirige… de modo que después de terminar este período, pueda definir en la fe si Cristo le llama a esta vocación. Y tercero, conocerse a sí mismo: su carácter, cualidades, defectos, victorias y derrotas. Estos objetivos se logran mediante las clases de formación, la convivencia con los miembros de su equipo, la dirección espiritual, el contacto íntimo con Cristo en la Eucaristía y el Evangelio, el apostolado…

¿Por qué se ha establecido que de ahora en adelante serán dos años de formación? ¿Faltaba algún aspecto formativo por abarcar o afianzar mejor?

Diego de Robina: En base a la experiencia de los años pasados, se ha visto que algunos candidatos llegaban
Algunos miembros del bienio de formación, después de la ceremonia de inicio. Abajo: Juan Pablo Vázquez, Adríán González y Alfredo Rodríguez. Arriba: Jesús Torres, Héctor Bracho, Jorge López y Diego de Robina.
Algunos miembros del bienio de formación, después de la ceremonia de inicio. Abajo: Juan Pablo Vázquez, Adríán González y Alfredo Rodríguez. Arriba: Jesús Torres, Héctor Bracho, Jorge López y Diego de Robina.
con menos elementos para discernir con profundidad su vocación. El joven, después de unas semanas de candidatado, hacía su consagración y, ya consagrado, trabajaba en los tres objetivos de formación de los que hablábamos en la pregunta anterior. No había un periodo lo suficientemente largo como para comprobar su capacidad de vivir la vida consagrada y también él mismo necesitaba un tiempo más amplio de discernimiento.

Este cambio, conlleva una serie de novedades prácticas. Hay un período de candidatado de seis semanas y, después, los que así lo deseen, pasan al bienio de formación. En agosto hicimos por primera vez en la historia de la vida consagrada masculina una emisión de compromisos. En esa ceremonia se propone a los que empezarán esta etapa de formación que tomen una especial disposición de discernimiento, de silencio interior, de vivir con mayor intensidad la pobreza, la castidad y la obediencia, y la disciplina propia de la vida consagrada. Otro cambio no menor, al que ya me referí de alguna manera es el tema de la consagración. Antes, nos consagrábamos a perpetuidad desde el inicio y dos años más tarde, hacíamos nuestra renovación solemne de promesas y nos entregaban nuestro anillo, signo exterior de nuestro compromiso con Cristo y con la Iglesia. Ahora el joven que aspira a entrar a la vida consagrada, inicia sus dos años de formación sin estar consagrado y, al terminar, hace su consagración por un período de tres años. Después de esos tres años, se hace una renovación por otros tres años. Y finalmente, se hace la consagración a perpetuidad. Se favorece así un discernimiento más profundo que le permite al consagrado tomar la decisión de ser todo de Cristo y para siempre con mayor madurez.

¿Qué actividades formativas marca el nuevo reglamento para esta etapa de formación?

Diego de Robina: El currículum académico
Los nuevos miembros del Centro Estudiantil de México con sus familias después de la misa de inicio del curso escolar el pasado mes de agosto.
Los nuevos miembros del Centro Estudiantil de México con sus familias después de la misa de inicio del curso escolar el pasado mes de agosto.
se basa en los objetivos de formación del bienio. Hay que tener en cuenta que el nuevo reglamento se publicó en mayo de este año, cuando se constituyó el gobierno interno para los consagrados. Por ello todavía estamos perfilando la Ratio Institutionis para todo el período formativo de los consagrados y la Ratio Studiorum del bienio de formación. Está claro que en esta etapa tenemos que cuidar que la preocupación principal sea la formación, el conocimiento experiencial de Jesucristo, la escucha de la Palabra de Dios, la familiaridad con el carisma del Regnum Christi. Sobre el segundo año todavía estamos analizando cómo afrontarlo. No podemos olvidar que para un laico dejar su estilo de vida precedente por dos años es muy complicado. Resulta más difícil insertarse en la vida universitaria y en la relación profesional, y también en la práctica apostólica.

Actualmente, tenemos clases dedicadas al estudio del nuevo Reglamento y explicamos la vida consagrada en el Regnum Christi. Me toca impartir esta clase, y puedo ver la sed que tienen de conocer, vivir y entender la dinámica de la vida consagrada. También les ofrecemos clases de cristología, Nuevo Testamento, sacramentos, teología espiritual,  eclesiología, doctrina social de la Iglesia, predicación y urbanidad. Esto último, que parecería ir en otra lista de cosas, para el seglar consagrado es muy importante, pues debe saber presentarse en el mundo, vivir con formalidad, predicar. Dedican un día al apostolado, pues se ha visto que hacer una experiencia fuerte de transmitir a Cristo, de conocer las alegría, logos y derrotas de la vida apostólica ayuda mucho en la formación del hombre consagrado. La vocación nace en la familia y en la sección del Regnum Christi de donde se es originario y nuestra presencia hace palpable y común la vida consagrada dentro de la sección, junto con los demás miembros del Movimiento y los legionarios de Cristo.

¿Cómo orientar y ayudar a discernir la vocación a la que Dios llama
Foto de grupo de los miembros consagrados y miembros del centro estudiantil en México.
Foto de grupo de los miembros consagrados y miembros del centro estudiantil en México.
a un joven? ¿No hay muchas semejanzas entre las cualidades necesarias para ser sacerdote en la Legión de Cristo y ser consagrado del Regnum Christi?

Diego de Robina: Conviene recordar que ser llamado a ser sacerdote legionario de Cristo y ser llamado a ser un laico consagrado en el Regnum Christi son dos vocaciones distintas. Y creo que esto cada legionario y cada consagrado debe saberlo, entenderlo, aceptarlo y valorarlo. Ambas vocaciones son válidas, necesarias y santas, uno como el otro, en la misma capacidad de misión y apertura, de gloria a Dios y salvación de las almas. Teniendo esto claro, un legionario o un consagrado, debe exponerle a un chico con inquietudes los dos medios que Dios ha dispuesto para nosotros en el Regnum Christi, las dos vocaciones. En muchas ocasiones me ha sucedido que exponiéndoles los dos caminos, eligen la Legión. Yo como miembro consagrado debo promover esa vocación a la Legión. ¿Por qué? Porque es un llamado de Dios, no es mío; el Señor me utiliza como instrumento para ayudar al joven en su discernimiento. Debo ayudarle a discernir y yo mismo discernir a dónde está llamado, dependiendo del Espíritu Santo. Y si como legionario el joven me dice que está llamado a la vida consagrada en el Movimiento, debería promover esa vocación y sentirse muy honrado y hasta orgulloso de poder ayudarle en su camino.

¿Y si él tiene dudas? Hay que ver qué le mueve, qué intención y qué inquietudes tiene. Aquí se podrían distinguir diversos elementos. Por ejemplo, el consagrado se caracteriza por su trabajo apostólico, mientras que el sacerdote por su labor sacramental y de predicación. Un consagrado, debe tener la capacidad de vivir en el mundo, como laico que es, pero consagrado. Debe tener una capacidad intelectual que le facilite la vida universitaria, que es exigente y dura, y que implica un contacto directo con un mundo cada vez más agresivo, y además sin la “protección” que puede dar un distintivo sacerdotal. Para una mayor eficacia apostólica debería aspirar también a tener unos estudios de posgrado: maestría o doctorado, pues entre más preparado esté, más incidencia tendrá en el mundo en el que tocará trabajar. Otro punto importante es que pueda vivir en equipo, en familia. Tanto para ser legionario, como para ser consagrado, es necesario tener unas cualidades, de acuerdo a la misión específica. Quizás en un primer momento el sacerdocio puede llamar más la atención, pero, cuando  se presenta en profundidad la vida consagrada, su enorme potencial apostólico y su vitalidad en la Iglesia, la intimidad con Cristo y cómo nos envía a estar en el mundo para extender su Reino, se interesan más y se sienten atraídos por ella. Hay miembros que tienen muchos años de consagración: que en un inicio querían ser legionarios, pero al conocer y vivir a fondo la plenitud de la vida consagrada y su proyección en el mundo, encontraron su plenitud vocacional en el Regnum Christi. Promover la vida consagrada es deber de todos los legionarios y consagrados por ser un don de Dios para la Iglesia y el mundo.

Una pregunta personal. ¿Qué te ha aportado el trabajo en la formación de los consagrados?

Diego de Robina: No cabe duda que en mi vida personal, desde que me consagré, Dios me concedió el don de un amor muy apasionado por las almas. Lo considero un don que ha alimentado toda mi vida y entrega. Al trabajar ahora directamente con las almas que Dios ha llamado para Él en la vida consagrada en el Regnum Christi, nace en mí un amor hacia su entrega, hacia el don que hacen de sí mismos. Y por eso, sus luchas, sus dificultades, sus caídas y victorias son para mí motivo de aliciente para colaborar, ayudar, entusiasmar y, sobre todo, forjar al hombre consagrado, líder cristiano auténtico. Tengo el deseo de que los miembros que están en formación vivan en plenitud, que gocen su consagración, y se comprometan con ella como el regalo más grande que Dios les ha dado. Mi mayor anhelo es que sean muy felices, que amen profundamente a Dios y lo transmitan a manos llenas. Cuando doy la clase del Reglamento de la vida consagrada, en los diálogos formativos, cuando tienes que consolar, abrazar, acompañar…, tienes que dejar a Dios ser Dios y que Él sea el forjador; yo, mero instrumento.



FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-10-17


 

 


 



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