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La gracia de considerarme Suya
AUSTRALIA | MIEMBROS | NOTICIAS
Entrevista a Rosemary Streckfuss, consagrada a Dios en el Regnum Christi que desempeña su labor apostólica en Australia.

Rosemary Streckfuss en la sede de la asistente del director general, en Roma.
Rosemary Streckfuss en la sede de la asistente del director general, en Roma.

¿Podrías explicar cómo conociste el Regnum Christi?

Mis padres viven en el campo (en Victoria, Australia). Son personas nobles de corazón y llenas de fe. Tengo una hermana mayor y un hermano menor, ambos casados y con seis hijos cada uno. Cuando yo tenía 7 años mi mamá profundizó en su fe, y a partir de ese momento era muy normal que visitara a Cristo en la Eucaristía: yo veía que ella rezaba a una persona real. Cuando tenía 15 años, mi alma se inquietó buscando algo más, y comencé a hacer mis propias visitas a Cristo en la Eucaristía. Fue allí donde Jesús robó mi corazón.

Al terminar el colegio hice la carrera de enfermería y me cambié a la ciudad de Melbourne. Tenía muchos amigos de un grupo de Juventud Católica y desempeñaba mi trabajo en uno de los mejores hospitales. Estaba segura de que Dios me llamaba a la vida consagrada y conocí varias comunidades religiosas pero ninguna me cautivó.

En 1995, Juan Pablo II vino a Sydney para beatificar a nuestra primera santa australiana: María de la Cruz MacKillop. Las consagradas del Regnum Christi que visitaban mi país, fueron al encuentro. Yo no las vi pero una
Rosemary en una actividad de Net en Australia.
Rosemary en una actividad de Net en Australia.
amiga mía sí, y me dio un folleto sobre su vida. Les escribí y en su siguiente visita a Australia pude encontrarme con ellas. Después de ese encuentro no volví a pensar en la consagración, aunque la idea seguía rondando en el fondo de mi mente. Di un año como colaboradora en el Regnum Christi. Tuve una profunda convicción en mi corazón de que éste era el camino que Dios quería para mí, aunque casi no conocía el Movimiento. Poco después me consagré y por un plan misterioso de Dios me encontré de nuevo en Australia viviendo mi vida consagrada yo sola.

¿A qué te dedicas en Australia?

Siempre he sido enfermera, así es que después de mi consagración seguí trabajando medio tiempo en un hospital católico de Melbourne. El resto del tiempo lo dedico a mi apostolado y a mi familia. Mi apostolado son los miembros del Regnum Christi en Australia y Nueva Zelanda: unas 30 personas que participan regularmente.

Ayudamos a la arquidiócesis de Melbourne en lo que necesite. También organizamos misiones y clubes Challenge (en Melbourne, Sydney, Adelaide, Brisbane y Auckland), aunque son pequeños. ¡Es fascinante! Los seglares del Movimiento trabajan muy bien y yo sólo les brindo apoyo espiritual a ellos. Los miembros son una gran inspiración para mí.

¿Puedes contar algo de tus dificultades para combinar tu consagración con tu familia, vida social, etc.?

¡Ésta sí que es una pregunta difícil! Si me conocieran verían que tengo muchas limitaciones, pero hay algo que no puedo ignorar, que es la gracia de Dios que obra en mi vida. La gracia de tener la certeza absoluta de que yo soy suya y que no pertenezco a nadie más. Vivir consagrada es algo natural para mí. Así que vivir mi consagración en el mundo y sola no me es tan difícil por esta gracia que me ha sido dada en mis circunstancias particulares. ¡Es mayor misterio para mí que para aquellos que lo ven desde fuera!  La única cosa increíble de mi vocación es la gracia de Dios.

A nivel humano hay dificultades. Yo nunca podía comprender cómo la soledad podría ser una cruz, pero ahora sí lo entiendo. Encontré que la soledad es algo mucho más profundo que simplemente no tener otra persona con quien hablar. Intento visitar a mi familia cada mes, cosa que hago por amor, también hay compañeros de trabajo cuya compañía disfruto…

Me ha pesado el corazón durante estos tiempos que nos toca vivir, pero en el fondo de mi dolor siempre ha habido una paz misteriosa, constante y casi tangible de que estoy dentro de la voluntad de Dios, que Él me ama y quiere esto para mí, para acercarme cada vez más a Él. Algo que agradezco es la gracia de la perseverancia por el amor. Justo cuando siento que no puedo seguir, Cristo me inyecta dosis de gracia. Y su amor toma el control de mi vida y me encuentro navegando por el río de la gracia en una poderosa barca. Él está allí, yo sólo tengo que decir: «ayúdame, sálvame»; y así lo hace.

¿Hay algo que aún es difícil para ti?

Esta es una pregunta fácil: La lucha diaria por la santidad y por superar mi naturaleza caída y mi rechazo natural a enfrentar cara a cara la cruz en mi vida. Es una lucha constante, como todas sabemos demasiado bien. Tengo una personalidad muy intensa así es que me doy mucho trabajo qué hacer. Pero soy muy feliz consagrada a Dios.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-11-19


 

 


 



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