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Reflexiones sobre el VII Curso Internacional de Formadores del Regnum Christi

Curso formadores 02
ROMA, 4-31 de julio - El día que llegué, 8 de julio, el grupo fue a visitar la ciudad de Roma. En el Coliseo, algunos de nuestros entusiastas miembros se fijaron en una persona que parecía sola y tenía una guitarra eléctrica, un amplificador, una caja de guitarra abierta, y una voz más bien pobre. Álvaro Corcuera, un habilidoso guitarrista de Monterrey, México, que está dando un año como colaborador en el Regnum Christi, se acercó al desamparado músico de la calle y le convenció para que le prestara la guitarra. Lo que siguió fue mágico –o más exactamente- gracia. Álvaro comenzó a tocar y cantar; muchos de sus 50 compañeros se unieron a él. De repente, se juntó una gran cantidad de gente alrededor, reunida por el ruido alegre y hábil. El dinero comenzó a caer dentro de la caja de guitarra. Cuando nuestro grupo ya se tenía que ir, la multitud estaba satisfecha, nuestros jóvenes estaban entusiasmados y el solitario músico de la calle había hecho su agosto. Sí, él se quedó con todo el dinero. Tal vez encuentre su vocación como productor de espectáculos más que como músico.

Estuve una semana en el curso como profesor, aunque regresé convertido en un estudiante más informado sobre la Iglesia Universal. Con orgullo y gratitud hacia el Señor y el Regnum Christi cuento ahora a estos 50 jóvenes y a los colaboradores legionarios y del Regnum Christi que estuvieron en el curso como amigos, amigos de Polonia, Hungría, Alemania, Francia, España, Italia, Irlanda, Brasil, Venezuela, El Salvador, México, Canadá y los Estados Unidos.

Son jóvenes con visión, amor al Señor, y el deseo de ser líderes en sus propios países por el bien del progeso del Reino de Cristo. A mitad de semana, visitamos Orvieto, a dos horas en coche al norte de Roma.
Orvieto cuenta con una fabulosa catedral gótica cuya fachada es una rica amalgama de mosaicos, relieves y estatuas que representan la historia de la salvación. Pero el mejor cuadro está dentro: una pieza de lino manchada con la sangre de una hostia consagrada en 1263. Un sacerdote de Praga iba de peregrinación a Roma y se detuvo a celebrar misa en la ciudad que sigue después de Orvieto. Mientras intentaba ser un sacerdote bueno y fiel, luchaba con el hecho de creer si el pan y el vino realmente se conviertían en el cuerpo y sangre de Cristo. Mientras decía esa misa, dudó durante la consagración y ocurrió el milagro: gotas reales de sangre humana cayeron de la hostia mientras él la elevaba sobre el altar. El sacerdote inmediatamente llevó la prueba, un corporal de lino manchado, al arzobispo que estaba en la catedral de Orvieto. El arzobispo y sus colaboradores se reunieron para ver la prueba y declararon que se trataba de un milagro. Desde entonces, ese corporal manchado de sangre ha estado expuesto al público en la catedral. Cuando nos acercábamos a la capilla donde el corporal está expuesto, un sacerdote australiano dirigía a un pequeño grupo de monjas en adoración eucarística y en la bendición. La presencia del cuerpo de Cristo y de su sangre en el corporal detrás y arriba de éste era poderosamente magnética. Yo me sentí movido a quedarme con esta Presencia en comunión espiritual en silencio. Después de unos minutos, me di cuenta del hecho de que me había arrodillado en un lugar muy cercano a la presencia milagrosa y que otros estaban esperando detrás de mí. Cuando me puse de pie y miré alrededor, todo el grupo de jóvenes estaban de igual manera concentrados en la Presencia, la mayoría de ellos arrodillados en el duro suelo. En sus ojos vi el mismo amor y devoción que yo sentí que brotaban en mi corazón. Una vez que el sacerdote y las monjas terminaron la bendición, nuestro grupo entró a la capilla para celebrar la Eucaristía. El P. Dirk Kranz, que es originario de Alemania y que había sido ordenado diácono apenas tres días antes, se encargó de dar la homilía. Era su primera homilía como ministro ordenado de la palabra. Mientras hablaba de la profunda gracia que supuso para él darse cuenta de la llamada de Cristo en su vida, fuimos testigos de otra dimensión de la milagrosa presencia de Dios entre nosotros. Después de la misa, escuché a los miembros de nuestro grupo comentar espontáneamente y coincidir en lo “inmensamente maravillosa” que había sido la experiencia.

Fue una profunda experiencia para todos nosotros de la unidad que tenemos en Cristo, a pesar de las distintas nacionalidades e idiomas.

Durante el curso de retórica que me tocó impartir, desafié a los alumnos a hacer una gran variedad de discursos. Uno de ellos en particuclar capturó nuestros corazones: Matthew Metzger, un universitario estadounidense que ofrecerá al Regnum Christi un año como colaborador, nos contó la historia de una chica de 16 años que se quedó embarazada. Los adultos que la rodeaban, incluyendo sus padres, le aconsejaron que abortara para que el embarazo no interfiriera en su brillante futuro. Sin embargo, la chica no pudo soportar ese pensamiento; elegió continuar con el embarazo y entregar al bebé en adopción. Matt nos contó cómo tanto la madre como su hijo tuvieron vidas “impresionantes” llenas de bendiciones y de logros. Y luego la sorpresa: él es ese hijo. En mi última clase, les ofrecí algunas reflexiones sobre nuestra misión en la Nueva Evangelización, basadas sobre todo en una conferencia impartida en abril del 2001 por el Card. Jozef Ratzinger. Uno de los puntos más importantes de esa conferencia era que la gran tentación en la Nueva Evangelización es tratar de evangelizar a un gran número de personas en un instante. Él mencionaba que la metodología del Evangelio es plantar la semilla de mostaza y que Dios hará que dé fruto a su debido tiempo.

Me fui del curso convencido de que a través del Regnum Christi Dios está ofreciendo a su Iglesia buenos obreros, tanto laicos como consagrados, que plantarán las semillas para que la Iglesia Universal pueda florecer de nuevo en el siglo XXI.

Jay Dunlap
USA


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2001-08-06


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