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Si lo has recibido gratuitamente, dalo gratuitamente
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Ileana Castillo, una joven mexicana de 20 años, nos cuenta su experiencia como colaboradora en Argentina.

Ileana Castillo
Ileana fue colaboradora en Argentina
"La verdad, se me hace bien eso de ser colaboradora, pero eso no es para mí. No podría acostumbrarme a llevar una vida con horario. Es que extrañaría demasiado a mi familia y a mis amigas(os). Uno puede ser apóstol y hacer cosas por los demás desde su casa. ¿Para qué tanto rollo de irse un año? Perderme todo un año en la mejor etapa de mi vida cuando todas mis amigas se van a Europa. No sé. Aparte, si me voy un año, retraso mi carrera. ¿Graduarme a los 25? ¡Ni loca! Seguro me quedaría cotorra".

Éstas y otras mil ideas pasaban por mi cabeza antes de decidirme a ser colaboradora . Y es que uno inventa tantos pretextos para huir de la entrega a todo lo que se llamen "”cosas de Dios". Yo soy Ileana Castillo, tengo 20 años. Acabo de terminar mi año de colaboradora en Argentina. Me gradué de prepa el año pasado en el Alpes San Javier de Guadalajara. Me gustaría contarles mi experiencia como colaboradora.

Alguien me dijo algo muy cierto: "Si lo has recibido gratuitamente, dalo gratuitamente". Y es que, cuando uno siente tanta felicidad dentro, lo único que quiere es transmitirla para que otros la experimenten.

Quisiera que quien lea esto y esté pensando todas estas cosas que yo pensaba antes de dar mi año, sepa que sólo se necesita un corazón generoso que quiera darle a Dios el lugar que se merece en su vida. Y créanme que no hay mayor felicidad que la de poder dormir con la conciencia tranquila de saber que quizás si Dios nos llamara ya a Su presencia, uno pudiera mirarlo a los ojos y enseñarle las manos, aunque sea un poco menos vacías que ayer.

La decisión

La idea de ser colaboradora no estaba incluida en mis planes de vida hasta poco antes de graduarme. Mi familia y yo pertenecemos al Movimiento desde hace ocho años. Tanto mis papás como mi hermano mayor siempre han trabajado apostólicamente en el Regnum Christi y en la parroquia; mientras que yo, creo que duré una semana siendo responsable de un equipo del ECYD y luego abdiqué.

No era raro que fuéramos cada Semana Santa a misiones con Familia Misionera. Y claro, yo siempre anhelaba enfermarme justo en esa fecha, aunque en el fondo sabía que siempre que regresaba de las misiones me sentía muy feliz; sin embargo, la idea de hacer algo por los demás y, sobre todo, por amor a Dios, no calaba hondo en mí. Y, para ser sincera, la verdad no me preocupaba demasiado.

Hasta que llegó el día en el que hice un alto en mi vida. Me acuerdo que fui a una adoración eucarística un sábado por la noche. Y ahí, frente al Santísimo expuesto, me pregunté: “¿Por qué si lo tengo todo, no soy cien por ciento feliz?”.

Claro que me la pasaba increíble con mis amigas, me iba muy bien en el colegio, con mis papás me llevaba super bien, pero me
Ileana Castillo - LX Aniversario
En enero del 2001, durante los festejos del LX aniversario de la Legión, tuvo la oportunidad de saludar a Nuestro Fundador.
faltaba algo que no sabía qué era. Empecé a imaginar cómo sería mi vida el año siguiente. Me imaginé a mí misma en Europa de viaje con mis amigas, me imaginé estudiando en la universidad. Me imaginé mil cosas que me emocionaban y entusiasmaban mucho, pero de alguna u otra forma seguían dejando un hueco interior en mí.

Empecé a rezar y en eso me vino a la mente esta idea: ¿Qué sería lo peor que Dios me podría pedir ahora en este minuto? Era dejar todos mis planes y dar un poco de mi tiempo a Dios. Así fue. Quise por un minuto ser coherente con mi forma de pensar y decidí apostar por Cristo.

Mi cursillo

Me fui a Cotija un mes al cursillo de colaboradoras. Me costó un poco adaptarme los primeros días porque me sentía medio hereje al lado de las demás. Pero me encantó el ambiente que se vivía ahí. Pude abrirme muy fácilmente y ser yo misma en poco tiempo, cosa que me gustó mucho porque siempre me ha gustado hacer shows e imitaciones. Sólo que para hacer eso tengo que estar muy en confianza. Y aquí era como si hubiera conocido a todas desde hace mucho tiempo.

En el cursillo aprendí que no sólo es un sí el que nos prepara para ser apóstoles. Aprendí que rezar no sólo era decir y decir oraciones, sino saber escuchar y saberse escuchado. Pero sobre todo aprendí a sentirme infinitamente querida por Dios.

El día que supe mi destino brinqué de la emoción: Argentina. No sé lo que sentí en ese momento. Sólo me repetí a mi misma: “Donde Tú quieras, como Tú quieras y cuando Tú quieras”.

Fui a mi casa unos días y luego el 31 de Agosto del 2000 me subí a un avión que me llevaba por primera vez no adonde yo había planeado ir, sino a donde Dios había planeado que yo fuera. No puedo expresar
con palabras lo que sentí en ese momento. Sólo sé que nunca había estado tan feliz.

Empieza mi año

Finalmente llegué a Buenos Aires. El equipo de consagradas y colaboradoras era pequeño y por eso me tocó hacer de todo un poco.

Estuve trabajando en el ECYD de Buenos Aires. Pero como les digo, mis funciones incluían contestar el teléfono de la casa, ayudar en la recepción del colegio cuando no había nadie, lanzar actividades apostólicas, dar meditaciones, organizar campamentos, etc. Yo era como multiusos, pero me encantaba la idea de que todos los días de mi año eran diferentes. Esta nueva forma de vida me gustaba mucho, aunque me costaba mucho también. Todas las mañanas surgía esa lucha en mí, entre el seguir o ya no seguir, y rezaba pidiéndole a Dios que me diera las fuerzas para seguir.

Llegó un momento de mi año en el que todas las cosas que en un principio me costaban bastante, como el rezar y el cumplir el horario, empezaron a pasar a segundo plano. Y otra vez sentía que necesitaba dar más.
Ileana Castillo
En Córdoba, Argentina
Creo que Dios me fue preparando para lo que venía. ¿Y qué era eso? Una nueva fundación en Córdoba, Argentina.

Cambio de planes

Ileana, ¿estarías dispuesta a ir a fundar a Córdoba? La propuesta era increíble. Pero al mismo tiempo era algo que parecía sobrepasarme, pero no podía decir que no porque yo ya le había dicho a Dios: "Cuando Tú quieras, como Tú quieras y donde Tú quieras".

Termina mi año

De pronto, uno cierra los ojos y cuando los abre se da cuenta de que el año se ha terminado. Le doy gracias a Dios de que antes de que me vaya me esté dejando ver algunos frutos de lo que fue mi año.

Es muy cierto lo que dicen: hay países que conquistan. Pero yo creo que el mejor destino para una colaboradora no depende ni del país, ni de la gente, ni de el apostolado. Creo que el mejor destino para una colaboradora es aquél en el cual Dios le conquista el corazón.

Mi año de colaboradora fue y seguirá siendo una experiencia que cambió y marcó toda mi vida. Una experiencia tanto de encontrarme con mi yo verdadero, conocerme, aceptarme y luchar por superarme. Como una experiencia de el amor de Dios. Si pudiera resumir el fruto de mi año lo haría así: ¡Convencerme por Jesucristo!


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2001-09-03


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