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Llamar al corazón de Dios para que nos dé sacerdotes
CIUDAD DEL VATICANO | ACTUALIDAD | TEXTOS
Coloquio del Papa Benedicto XVI con los sacerdotes - Pregunta 5, Plaza de San Pedro (10 de junio de 2010).

Ciudad del Vatucano, 14 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la transcripción de la quinta pregunta del coloquio que el Papa Benedicto XVI mantuvo con cinco sacerdotes de los cinco continentes, en representación de los miles de presbíteros presentes el pasado jueves 10 de junio en la Vigilia de Clausura del Año Sacerdotal, en la Plaza de San Pedro.

* * * * *

Oceanía

P. – Beatísimo Padre, soy don Anthony Denton y vengo desde Oceanía, desde Australia. Esta noche aquí estamos muchísimos sacerdotes. Sin embargo, sabemos que nuestros seminarios no están llenos y que, en el futuro, en varios lugares del mundo nos espera una bajada, incluso brusca. ¿Qué hacer de verdaderamente eficaz por las vocaciones? ¿Cómo proponer nuestra vida, en lo que hay en ella de grande y de bello, a un joven de nuestro tiempo?

R. – Gracias. Realmente usted toca de nuevo un problema grande y doloroso de nuestro tiempo: la falta de vocaciones, a causa de la cual Iglesias locales están en peligro de volverse áridas, porque falta la Palabra de vida, falta la presencia del sacramento de la Eucaristía y de los demás Sacramentos. ¿Qué hacer? La tentación es grande: de tomar nosotros mismos en mano la cuestión, de transformar el sacerdocio – el sacramento de Cristo, el ser elegidos por Él – en una profesión normal, en un empleo que tiene sus horas, y que por lo demás uno se pertenece solo a sí mismo; y hacerlo así como cualquier otra vocación: hacerlo accesible y fácil. Pero es una tentación, esta, que no resuelve el problema. Me hace pensar en la historia de Saúl, el rey de Israel, que antes de la batalla contra los filisteos espera a Samuel para el necesario sacrificio a Dios. Y cuando Samuel, en el momento esperado, no viene, él mismo realiza el sacrificio, aun no siendo sacerdote (cfr 1Sam 13); piensa resolver así el problema, que naturalmente no se resuelve, porque toma en mano por sí mismo lo que no puede hacer, se hace él mismo Dios, o casi, y no puede esperarse que las cosas vayan realmente a la manera de Dios. Así, también nosotros, si ejerciésemos solo una profesión como las demás, renunciando a la sacralidad, a la novedad, a la diversidad del sacramento que solo Dios da, que puede venir solo de su vocación y no de nuestro “hacer” no resolveremos nada. Tanto más debemos – como nos invita el Señor – rezar a Dios, llamar a la puerta, al corazón de Dios, para que nos de vocaciones; rezar con gran insistencia, con gran determinación, con gran convicción también, para que Dios no se cierre ante una oración insistente, permanente, confiada, aunque deje hacer, esperar, como a Saúl, más allá de los tiempos que nosotros hemos previsto. Este me parece el primer punto: animar a los fieles a tener esta humildad, esta confianza, este valor de rezar con insistencia por las vocaciones, de llamar al corazón de Dios para que nos dé sacerdotes.

Además de esto diría quizás tres puntos. El primero: cada uno de nosotros debería hacer lo posible para vivir su propio sacerdocio de tal manera que resultase convincente, de tal manera que los jóvenes puedan decir: esta es una verdadera vocación, así se puede vivir, así se hace algo esencial para el mundo. Creo que ninguno de nosotros habría llegado a ser sacerdote si no hubiese conocido sacerdotes convincentes en los que ardía el fuego del amor de Cristo. Por tanto, este es el primer punto: intentemos ser nosotros mismos sacerdotes convincentes. El segundo punto es que debemos invitar, como ya he dicho, a la iniciativa de la oración, a tener esta humildad, esta confianza de hablar con Dios con fuerza, con decisión. El tercer punto: tener el valor de hablar con los jóvenes si pueden pensar que Dios les llama, porque a menudo una palabra humana es necesaria para abrir la escucha de la vocación divina; hablar con los jóvenes y sobre todo ayudarles a encontrar un contexto vital en el que puedan vivir. El mundo de hoy es tal que casi parece excluida la maduración d una vocación sacerdotal; los jóvenes necesitan ambientes en los que se viva la fe, en los que aparezca la belleza de la fe, en los que aparezca que éste es un modelo de vida, “el” modelo de vida, y por tanto ayudarles a encontrar movimientos, o la parroquia – la comunidad en parroquia – u otros contextos en los que realmente estén rodeados por la fe, por el amor de Dios, y puedan estar abiertos para que la vocación de Dios llegue y les ayude. Por lo demás, damos gracias a Dios por todos los seminaristas de nuestro tiempo, por los jóvenes sacerdotes, y oramos. ¡El Señor nos ayudará! ¡Gracias a todos vosotros!

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La trascripción de las demás preguntas se pueden encontrar en los siguientes enlaces:

1. Estar llenos de la alegría del Evangelio.

2. La verdadera teología viene de Dios.

3. El celibato es un gran signo de fe.

4. Vivir la Eucaristía es una escuela de vida.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2010-06-10


 

 


 



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