Por el P. Dennis Doren, L.C.
Cuántas oportunidades maravillosas
para hacer el bien. Cada día necesitamos nuevos ejemplos de
vida, gracias a Dios nunca faltan personas generosas que se
dedican a ayudar y a mejorar su entorno. Si quieres
recibir amor, debes dar amor, si quieres recibir cosas buenas,
tienes que repartir a manos llenas cosas buenas, tus decisiones
son muy importantes, pues en ellas tú podrás ofrecer actos
de generosidad y ello te hará crecer. Hoy es la
oportunidad de que todos ganemos, sigamos estos buenos ejemplos que
orienten nuestras vidas y todo será más fácil.
Un hombre tenía
un sembrado de flores estupendas; cada día salían de su
cultivo centenares de paquetes a vender a la ciudad con
las flores más bellas y fragantes que nadie pudiera conocer.
Este señor año por año ganaba el premio a las
flores más grandes y de mejor calidad y como era
de esperarse era la admiración de todos en la región;
un día se acercó un periodista de un canal de
televisión a preguntarle el secreto de su éxito, a lo
que el hombre contesto:
- Mi éxito se lo debo
a que de cada cultivo saco las mejores semillas y
las comparto con mis vecinos, para que ellos también las
siembren.
- ¿Cómo?- respondió el periodista- pero eso es una
locura, ¿acaso no teme que sus vecinos se hagan famosos
como usted y le quiten su importancia?
El hombre dijo:
- Yo lo hago porque al tener ellos buenos
sembrados el viento me va a devolver a mi cultivo
buenas semillas y la cosecha va a ser mayor; si
no lo hiciera así ellos sembrarían semillas de mala calidad
que el viento traería a mi cultivo y cruzaría las
semillas, haciendo que mis flores sean de mala calidad.
Es necesario compartir nuestras mejores semillas de cualidades y virtudes
para así obtener una cosecha excelente de una sociedad mejor.
La
vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo encontramos
el rumbo? La vida es como un viaje por el
mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un
viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican
la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las
personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de
esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol
que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero
para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que
dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación
para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser
para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su «sí»
abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella
que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza,
en la que Dios se hizo carne, se hizo uno
de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cfr. Spe Salvi
del Papa Benedicto XVI).