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Hacer memoria de Dios.
2014-08-15 (Artículo)

Cristo está vivo y siempre está con nosotros, ¡ha resucitado!
EL SALVADOR | ACTUALIDAD | ARTÍCULOS DE OPINIÓN
«Por el bautismo estamos “contagiados” de RESURRECCIÓN, y desde ahora tenemos una relación especial con Cristo Resucitado».

Cristo Rey (Via Crucis del PCIMME)

Por el P. Dennis Doren, L.C.

Ayer sábado, vivimos una extraordinaria Vigilia de una noche extraordinaria; Vigilia, madre de todas las Vigilias, en ella la Iglesia entera ha permanecido en espera junto a la tumba del Mesías, sacrificado en la Cruz. La Iglesia esperaba y rezaba escuchando las Escrituras que recorrían de nuevo toda historia de la salvación.

Pero en esa noche no son las tinieblas las que dominaban, sino el fulgor de una luz repentina que irrumpe con el anuncio sobrecogedor de la resurrección del Señor. La espera y la oración se convierten entonces en un canto de alegría: «¡Exulte el coro de los Ángeles!».

Ha cambiado totalmente la perspectiva de la historia: la muerte da paso a la Vida; Vida que no muere más. Enseguida se canta en el Prefacio que Cristo «muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida». He aquí la verdad que nosotros proclamamos con palabras, pero sobre todo con nuestra existencia. Aquel que las mujeres creían muerto está vivo. La experiencia de estas mujeres se debe convertir en la nuestra.

¡Oh Vigilia santa penetrada de esperanza. Tal vez esa esperanza que habíamos perdido, que habíamos sepultado, Dios la quiere revivir!

¿Por qué alegrarnos de este espectáculo sin público?, ¿qué tiene que ver conmigo la resurrección de otro que ni siquiera he conocido? Tratemos de desentrañar sus efectos en nuestra vida.

Porque no estamos hablando solo del sepulcro de Cristo, sino también del nuestro, de tu muerte y de mi muerte; porque si hemos acompañado a Cristo en su sepulcro es porque nosotros también estábamos muertos, también estábamos fajados y con el sudario de la muerte y del pecado.

Sus misterios son los nuestros, su muerte es nuestra muerte, y sobre todo SU VIDA ES TU VIDA, MI VIDA, LA DE TODOS. Por eso, escuchamos en S. Pablo, sus palabras que asombran: “¿Pero es que ignoráis acaso que el bautismo nos ha vinculado a su muerte? Por el bautismo ¡hemos sido sepultados con Cristo!... para que como Cristo ha resucitado de entre los muertos, así llevemos nosotros también una vida nueva” (Rm 6,3-4).

Por el bautismo estamos “contagiados” de RESURRECCIÓN, y desde ahora tenemos una relación especial con Cristo Resucitado.

Se acabó la tristeza, se acabó la soledad, se acabaron los lutos, los miedos y las dudas... lo tenemos todo, y ¿por qué?, ¿con qué derecho, después de lo que hemos meditado en los días santos de la Pasión, de lo que hemos sufrido?, ¿con qué derecho podemos quitar de nuestra memoria esos recuerdos? No por vana superficialidad, sino por la profundidad de un anuncio, de un evento que ha cambiado, ha sido como la explosión del Big Bang Cristiano: CRISTO HA RESUCITADO, ¡ALELUYA! Para nosotros no es “una creencia”, un mito, un hecho del pasado que no tenga incidencia; hoy es EL CREDO, es el centro de la buena nueva. Esta afirmación es lo que llevó al martirio a la mayoría de los apóstoles, a los de ayer y a los de hoy; a los que descansan bajo criptas y tumbas desde hace siglos y a los que aún luchamos proclamando su fe unos metros por encima de esas tumbas, soportando el martirio del dolor.

Es una realidad para nosotros cristianos, Cristo está vivo, y está siempre con nosotros. Las palabras del Papa Benedicto en el Angelus de Resurrección del año 2008, son significativas: "He resucitado y estoy aún y siempre contigo". Estas palabras nos invitan a contemplar a Cristo resucitado, haciendo resonar en nuestro corazón su voz. Con su sacrificio redentor, Jesús de Nazaret nos ha hecho hijos adoptivos de Dios, de modo que ahora podemos introducirnos también nosotros en el diálogo misterioso entre Él y el Padre. “Estoy aún y siempre contigo" - nos concierne también a nosotros, que somos hijos de Dios y coherederos con Cristo, si realmente participamos en sus sufrimientos para participar en su gloria (cf. Rm 8,17). Gracias a la muerte y resurrección de Cristo, también nosotros resucitamos hoy a la vida nueva y, uniendo nuestra voz a la suya, proclamamos nuestro deseo de permanecer para siempre con Dios, nuestro Padre, infinitamente bueno y misericordioso” (mensaje de Pascua que pronunció Benedicto XVI, 23 marzo 2008).

Hoy es un gran motivo de alegría saber que Cristo ha resucitado de entre los muertos y que es la misma suerte que nos espera si somos fieles.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-05-21


 

 


 



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