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| «No es correcto exponerse demasiado, pues más de uno puede usar información pública para dañarnos». | |
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Por el P. Fernando Pascual, L.C.
Tomado de
Análisis y Actualidad
Un caso imaginario (y muy verosímil). Un alumno
pide disculpas al profesor porque no ha tenido las dos
horas necesarias para realizar un trabajo académico. El profesor va
al perfil público del alumno en Facebook y comprueba que
ha escrito durante unas tres horas cientos de mensajes. ¿Conclusión?
El alumno había tenido tiempo pero lo invirtió en Internet
y no en sus deberes académicos.
Ese es uno de los
aspectos emergentes en el mundo de Internet: existe la posibilidad
de quedar demasiado expuestos ante ojos ajenos. En la prensa
leemos, de vez en cuando, la noticia de un trabajador
que después de haber pedido permiso para no ir al
trabajo por enfermedad, luego cuelga en la Red sus fotos
en la playa, con señales de gozar de perfecta salud.
O que una chica descubre que su novio tiene, con
otro perfil, una segunda novia. O que la noticia dada
por exclusiva en un periódico lleva varias semanas girando por
los blogs...
Esta situación, ¿es una ventaja o un riesgo? Depende.
En parte, Internet permite descubrir pequeñas mentiras de quienes dicen
hacer una cosa cuando en realidad hacen otra. Esto sirve
para conocer mejor al otro, como ocurría antes con el
teléfono: gracias a una llamada sabíamos que el amigo que
no vino porque decía estar enfermo acaba de aparecer en
primera fila en el cine. No será tan amigo quien
inventa excusas falsas.
Pero esta situación conlleva riesgos. Unos pueden abusar
de las muchas informaciones que otros, por ingenuidad o por
otros motivos, ponen sobre sí mismos en Internet. Quienes conocen
mejor los peligros de aparecer en exceso, saben esconderse y
juegan con ventaja, mientras que otros quedan muy expuestos al
poner continuamente datos sobre su situación (qué hacen, dónde se
encuentran, qué leen, cuáles son sus gustos, a quién van
a visitar, etc.).
Una buena dosis de prudencia ayuda a encontrar
criterios adecuados sobre lo que se pone o se deja
de poner en Internet. No es correcto exponerse demasiado, pues
más de uno puede usar información pública para dañarnos. Pero
sí es correcto condividir cosas buenas que valen para todos
y desarrollan ese deseo humano de que otros lleguen a
conocer ideas o hechos que estimulan al bien y que
dan pistas para entender un poco mejor el mundo complejo
en el que vivimos.
[Comentarios al autor: fpa@arcol.org]