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| "Si sólo damos, nos vaciamos; si sólo recibimos, somos egoístas. El amor es dar y recibir". | |
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Por el P. Dennis Doren, L.C., y bajo la
autoría del P. Antonio Rivero Regidor, L.C.
La virtud de la
fidelidad, en general, “no es otra cosa que la lealtad,
la cumplida adhesión, la observancia exacta de la fe que
uno le debe al otro” (Teología de la perfección cristiana,
P. Royo Marín, Editorial BAC, Pág. 777); ella nos lleva
a mantener, a través del tiempo, el compromiso tomado en
un momento determinado de la vida. La fidelidad, hija de
la fortaleza, es la constancia en un comportamiento determinado; se
refiere a lo que creemos, a nuestros principios y a
nuestro prójimo. En el mundo de hoy cada vez encontramos
más ausente esta virtud, con mucha facilidad se engaña, se
miente, se ocultan cosas. Hoy queremos valorar este don y
compromiso con las personas que queremos.
Abarca lo que se cree,
lo que se piensa y se valora, aceptando incomprensiones, desafíos,
burlas, silencios y aún calumnias, antes que permitir renunciar o
poner en conflicto lo que se piensa, lo que se
cree y lo que se vive en el ámbito de
las creencias religiosas, del amor a la patria, a nuestra
vocación religiosa, a la familia, a nuestro cónyuge, a nuestros
amigos y afectos más cercanos, a nuestras ideas, principios, convicciones
o a nuestra palabra empeñada. Ser fiel es la virtud
de los fuertes, de los convencidos. Te invito a formar
parte de este equipo, te llenará de satisfacción y paz
interior.
1) Reflexionar en lo sagrado del matrimonio a los ojos
de Dios.
Es un camino de realización personal y es sagrado
porque viene de Dios, y lo que Dios quiere es
siempre bueno. Es sagrado, porque Cristo lo elevó a sacramento;
es el símbolo del amor de Dios a la humanidad.
Es recomendable y, muy provechoso, leer la carta a los
Efesios.
2) Estar dispuesto a dar y a recibir.
Cada uno tiene
un tesoro que debe estar dispuesto a compartir con el
otro, cada uno tiene características propias que debe poner al
servicio del otro. La mujer es más intuitiva, generosa, delicada,
tierna, con más tacto. El hombre es más pragmático, racional,
firme. Mutuamente deben compenetrarse y complementarse en las carencias de
cada uno. Hay que dar y recibir. Si sólo damos,
nos vaciamos; si sólo recibimos, somos egoístas. El amor es
dar y recibir.
3) Desvivirse en detalles para con el otro.
El
detalle es la esencia, el extracto del amor: "Dime qué
detalles tienes con tu esposo/a y te diré cómo es
tu amor".
Detalles que una mujer pediría a su esposo:
No te
quejes de estar agotado por el trabajo, escúchame.
Después de
una discusión no pases tres días sin hablarme y enojado.
No me recuerdes continuamente mis faltas pasadas.
De vez en
cuando dime que me encuentro linda, agradable.
Durante el desayuno
y la cena préstame atención, que no soy una pared.
Háblame un poco de lo que vas a hacer, aunque
sea trivial.
Preocúpate por tus hijos cuando llegas a casa.
Colabora en las tareas de la casa.
Algún día, en
especial, llévame a cenar fuera
Dame un beso al despedirte
Detalles
que un esposo pediría a su mujer:
Llena mis tiempos de
descanso con calma y sosiego y háblame de los gastos
en el momento oportuno.
Gasta menos, sé más económica.
De
vez en cuando elógiame, elogia mi carrera pues “mi triunfo
es también tuyo”.
Nunca compares nuestro matrimonio con otros.
Sé
oportuna cuando tengas que corregirme y nunca delante de nuestros
hijos y amigos.
No te quejes por todo ni discutas
por cosas pequeñas.
No rechaces sistemáticamente a mis amigos y
mis gustos.
No solo me reclames que le deje más
tiempo a nuestros hijos.
4) Respetar las características del otro.
No podemos
cambiar las características del otro, al contrario, debemos enriquecernos de
ellas. El otro es distinto de ti, por lo tanto,
respétalo. El respeto significa: capacidad de perdonar, apertura, no estar
viendo solo los defectos del otro, comprensión. El respeto se
puede quebrar de tres maneras: con la palabra (dura, grosera,
soez), por actos (agresión física), o con gestos (caras largas,
desprecios, silencios elocuentes). Hay que saber ver las virtudes del
otro y halagarlas.
5) Evitar discusiones innecesarias.
Las discusiones innecesarias desunen y
destruyen la armonía familiar. No se debe discutir, se debe
analizar. Con las discusiones se ganan enfados, nervios, tensiones, desgastes
inútiles, malos ejemplos a los hijos, visitas al psicólogo o
al psiquiatra.
Comienza a analizar estos cinco primeros mandamientos de la fidelidad
y, con ánimo renovado, dale el valor y el peso
que merece, para que así, tu vida, se vea siempre
plenamente realizada.
(Continúa la próxima semana)