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| "¿Es un ser humano en potencia? La fórmula es falsa, porque el embrión humano ya es en acto un individuo de la especie humana, aunque no sea un niño en acto". | |
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Por el P. Fernando Pascual, L.C.
Tomado de
Análisis y Actualidad
Se discute mucho sobre qué sea y qué
no sea un embrión humano. En medio del debate, algunos
afirman que el embrión es un ser humano en potencia,
pero no en acto. ¿Es correcto este modo de pensar?
A
la hora de afrontar el tema, ayuda mucho considerar la
vida como un proceso continuo, que tiene un momento de
inicio y termina con la muerte.
En ese proceso, usamos las
expresiones “en potencia” y “en acto”, que tienen su origen
en Aristóteles y que han adquirido un uso más o
menos común, no siempre filosófico, entre la gente.
Así, podemos decir
que un niño es un joven en potencia. No lo
es en acto, porque todavía no ha llegado a la
juventud, pero puede llegar a serlo: si crece con normalidad,
si la muerte no trunca su desarrollo, un día el
niño se convertirá en un joven.
Lo mismo podemos decir del
joven: es un adulto en potencia. O del adulto: es
un anciano en potencia.
Volvemos la mirada al embrión. ¿Es correcto
decir que es “un ser humano en potencia”? Afirmar esto,
si tenemos en cuenta los paralelismos anteriores, sería algo así
como decir que el embrión todavía no es un ser
humano, pero puede llegar a serlo si su desarrollo no
es interrumpido por la muerte, como el niño todavía no
es un joven pero puede llegar a serlo si su
existencia procede con normalidad.
Sin embargo, algo no cuadra cuando se
usa la fórmula “el embrión es un ser humano en
potencia” como se usan las otras expresiones. Vamos a verlo
con más detalle.
Decir que el niño no es joven en
acto, sino que es joven en potencia, no implica decir
que el niño no sea un ser humano. Es un
ser humano en una etapa de desarrollo, la infancia, que
normalmente conduce a la siguiente etapa de desarrollo, la juventud.
En otras palabras, el niño está en potencia para ser
un adulto, pero ya es un ser humano en acto.
El
embrión, entonces, ¿es un ser humano en potencia? La fórmula
es falsa, porque el embrión humano ya es en acto
un individuo de la especie humana, aunque no sea un
niño en acto.
Entonces, lo correcto sería decir que el embrión
es un niño en potencia, precisamente porque no es un
niño en acto (y también es adulto en potencia, etc.).
A la vez, ya es un ser humano en acto,
aunque todavía no sea en acto ni un niño ni
un adulto (lo es en potencia). Precisamente porque es un
ser humano en acto puede recorrer, como los demás seres
humanos, el proceso de la existencia a través de diferentes
etapas de desarrollo, una de las cuales es la etapa
embrionaria.
Por eso, resulta equivocado afirmar que el embrión sea un
ser humano en potencia. Desde su concepción, el embrión ya
un ser humano concreto, único, irrepetible. Tan real como lo
fuimos cada uno de nosotros en las primeras fases de
nuestro desarrollo. Tal real, que tiene la potencia (la posibilidad)
de llegar a ser un feto, un niño, un joven,
un adulto y un anciano, si consigue recorrer el camino
de la vida sin interrupciones bruscas, sin que la muerte
(accidental o provocada) anule sus potencialidades.
Reconocer, por lo tanto, al
embrión humano como lo que es, un ser humano en
acto y en desarrollo, resulta no sólo un gesto de
honestidad, sino que nos abre a la justicia.
Sólo si le
vemos en su identidad, en su condición auténticamente humana, seremos
capaces de defender su derecho a la integridad y a
la vida, contra quienes defienden su muerte a través del
aborto. Además, seremos capaces de ofrecerle aquello que cada ser
humano merece y necesita: amor, protección, apoyo y asistencia. Algo
que no sólo necesitan los embriones sino también los niños,
los jóvenes, los adultos y los ancianos, en un mundo
que esperamos más solidario y más comprometido en la defensa
de los derechos de todos, especialmente de los más débiles
y desprotegidos.
[Comentarios al autor: fpa@arcol.org]