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| "Quien entra en el círculo de los selectos triunfa. Quien queda marginado, quizá se consuele con publicar sus investigaciones en una revista de menor calidad". | |
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Por el P. Fernando Pascual, L.C.
Tomado de
Análisis y Actualidad
El dogmático afirma que las cosas están como
dice él. Los que rechacen sus ideas se equivocan.
La frase
anterior, ciertamente, puede ser equivocada, pues de lo contrario sería
una definición dogmática del dogmático... Pero en cierto modo refleja
algo real: la actitud de quien cree poseer la verdad
y se siente capaz de considerar en el error a
sus contradictores.
En el mundo moderno se está desarrollando una sutil
forma de dogmatismo que resulta problemática por ser fácilmente aceptable.
Se trata del sistema de selección de publicaciones científicas según
niveles de calidad. Veamos un poco lo que está pasando.
Con
el pasar del tiempo diversas revistas consiguen un estatuto de
reconocimientos que las convierten en punto de referencia casi irrenunciable
sobre una temática concreta. Otras revistas, antiguas o nuevas, quedan
marginadas por no haber alcanzado, según diversos criterios de valoración,
el nivel requerido para llegar a ser declaradas como “científicas”
y de calidad.
Una vez que se crea esta distinción entre
revistas cualificadas y revistas de segunda clase, los investigadores y
estudiosos buscan, a veces con ansiedad, colocar sus artículos en
las revistas de mayor calidad. Quien entra en el círculo
de los selectos triunfa. Quien queda marginado, quizá se consuele
con publicar sus investigaciones en una revista de menor calidad.
En
esta situación, se inicia una extraña forma de dogmatismo. Los
que llega a superar las barreras de quienes controlan las
revistas mejores se convierten en hombres o mujeres que hablan
con mayor fuerza, que ofrecen resultados “superiores” y, para muchos,
casi definitivos. Es decir, sus investigaciones adquieren un nivel tan
elevado que todo lo que las contradiga podría quedar declarado
como falso o, al menos, como no digno de ser
tenido en cuenta.
Es cierto que un estudio publicado hoy en
una revista de primer nivel podrá ser desmentido mañana por
otro estudio publicado en esa misma revista o en otra
de un nivel parecido. Pero mientras la contradicción no llegue,
quien ha superado las barreras de control que filtran qué
se publica y qué no se publica en las mejores
revistas se convierte en una “autoridad” que puede ser vista
como dogmática.
Nos encontramos, de esta manera, ante una modalidad, algo
disimulada, de dogmatismo. Quizá no del todo nueva, pues también
en otras épocas se procedía de maneras parecidas (concursos para
llegar a ser catedrático, licencias para publicar un libro, censura,
etc.); pero no por ello menos real: hay estudiosos con
buenas investigaciones que no consiguen por años y años superar
los filtros de quienes controlan hoy en día los contenidos
de las mejores revistas.
¿Y para qué sirve señalar esta situación?
Simplemente para reconocer que el dogmatismo no es algo del
pasado, sino que se da también en nuestro tiempo. Lo
cual no significa que sea algo malo, ni tampoco le
da un certificado automático de ser bueno. Todo dependerá de
la honradez intelectual de los nuevos “censores”, de quienes dicen
qué se publica y qué queda aparcado, y de los
criterios de valoración que usen.
Si los “censores” tienen una mentalidad
cerrada y rechazan todo lo que vaya contra sus ideas,
está claro que esta forma de dogmatismo es dañina y,
en el fondo, anticientífica. Si, en cambio, son hombres y
mujeres honestos, que aprecian seriamente la verdad y las cualidades
ofrecidas en una investigación, aunque no concuerde con sus ideas
previas, habrá puertas abiertas a contenidos enriquecedores que, en el
fondo, es lo único que sirve a la hora de
valorar cualquier revista auténticamente científica.
[Comentarios al autor: fpa@arcol.org]