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EL SALVADOR | ACTUALIDAD | ARTÍCULOS DE OPINIÓN
«El problema con muchos de nosotros es que no creemos que Dios abrirá una ventana y derramará bendiciones que no tendremos lugar para recibirlas».

Basílica de San Pedro.
"Vine personalmente a decirle GRACIAS a ese pequeño ÁNGEL DE DIOS que llegó justo a tiempo y, de hecho, a rescatar mi vida de una eternidad infeliz".

Por el P. Dennis Doren, L.C.

El domingo por la mañana, el sacerdote estaba explicado el Evangelio que acababa de leer y antes de terminar la homilía dijo: ¿Alguien tiene un testimonio o algo que quiera compartir?

Suavemente, en la fila de atrás de la iglesia, una señora mayor se puso de pie. Cuando empezó a hablar, una mirada radiante y gloriosa brotaba de sus ojos:

Nadie en esta iglesia me conoce. Nunca había estado aquí, incluso, todavía el domingo pasado no era cristiana. Mi esposo murió hace un tiempo atrás dejándome totalmente sola en este mundo. El domingo pasado fue un día particularmente frío y lluvioso, y también lo fue en mi corazón; ese día llegué al final del camino, ya que no tenía esperanza alguna ni ganas de vivir. Entonces tomé una silla y una soga y subí hasta el ático de mi casa. Amarré y aseguré bien un extremo de la soga a las vigas del techo; entonces me subí a la silla y puse el otro extremo de la soga alrededor de mi cuello. Parada en la silla, tan sola y con el corazón destrozado, estaba a punto de tirarme cuando de repente escuché el sonido fuerte del timbre de la puerta. Entonces pensé, esperaré un minuto y quien quiera que sea se irá. Yo esperé y esperé, pero el timbre de la puerta cada vez era más insistente, y luego la persona comenzó a golpear la puerta con fuerza. Entonces me pregunté, ¿QUIÉN PODRÁ SER? ¡Jamás nadie toca mi puerta ni vienen a verme! Solté la soga de mi cuello y fui hasta la puerta, mientras el timbre seguía sonando cada vez con mayor insistencia.

Cuando abrí la puerta no podía creer lo que veían mis ojos; frente a mi puerta estaba el más radiante y angelical niño que jamás había visto. Su sonrisa, ohhh, ¡nunca podré describirla! Las palabras que salieron de su boca hicieron que mi corazón, muerto hacía tanto tiempo, volviera a la vida; cuando dijo con voz de querubín: SEÑORA, solo quiero decirle que DIOS realmente la ama.

Cuando el pequeño ángel desapareció entre el frío y la lluvia, cerré mi puerta y leí cada palabra del volante; entonces fui al ático para quitar la silla y la soga, ya no las necesitaría más. Como ven, ahora soy una hija feliz del REY. Como la dirección de la iglesia estaba en la parte de atrás del volante, yo vine personalmente a decirle GRACIAS a ese pequeño ÁNGEL DE DIOS que llegó justo a tiempo y, de hecho, a rescatar mi vida de una eternidad infeliz.

El papá del niño bajó hasta la primera banca de en frente, (era ministro de la Eucaristía) donde estaba sentado el pequeño ángel; tomó a su hijo en sus brazos y lloró incontrolablemente. Probablemente la iglesia no volvió a tener un momento más glorioso.

“Es importante, sin embargo, saber que yo todavía puedo esperar, aunque aparentemente ya no tenga nada más que esperar para mi vida o para el momento histórico que estoy viviendo. Solo la gran esperanza-certeza de que, a pesar de todas las frustraciones, mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiadas por el poder indestructible del Amor y que, gracias al cual, tienen para él sentido e importancia, sólo una esperanza así puede, en ese caso, dar todavía ánimo para actuar y continuar.

Nuestro obrar no es indiferente ante Dios y, por tanto, tampoco es indiferente para el desarrollo de la historia. Podemos abrirnos nosotros mismos y abrir el mundo para que entre Dios: la Verdad, el Amor y el Bien. Es lo que han hecho los santos que, como « colaboradores de Dios », han contribuido a la salvación del mundo (cf. 1Co 3,9; 1Ts 3,2)” (SS 36).

San Lucas dice en el cap. 28, 27 "Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios". El problema con muchos de nosotros es que no creemos que Dios abrirá una ventana y derramará bendiciones que no tendremos lugar para recibirlas. Dios es fiel a su palabra, no puede mentir y sus promesas son seguras.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-06-24


 

 


 



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