Búsqueda      Idioma 
     

Alerta sobre el «síndrome de Jonás».
2014-07-21 (Artículo)
Falleció el P. Cyril, quien fuera responsable de la Escuela de la Fe en Nigeria (Artículo)
La Sección de Señoras de Madrid se prepara para el proceso de reflexión sobre la identidad del Regnum Christi (Artículo)
"Ahora te toca a ti; depende de ti" (Artículo)
Salud en Movimiento (Artículo)

¡Feliz Navidad!
Noche buena de Navidad - Ciclo B
VENEZUELA | VIDA ESPIRITUAL | ESPIRITUALIDAD
Comentario del P. José Manuel Otaolaurruchi, L.C., al Evangelio dominical.

“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció” (Is 9,1). Para adentrarnos en el misterio de Belén se necesita la luz de la gracia, la luz de la fe. Para celebrar el nacimiento de todo un Dios que se hace niño, hay que tener el corazón limpio, pues la gracia es la luz que ilumina el misterio. Hace dos mil años muchos vieron al niño Jesús, pero como no lo contemplaban con los ojos del alma, no pasaba de ser otro niño cualquier; pero los que tenían la mirada pura, como los reyes magos o los pastores, se alegraron al ver al Dios hecho hombre.

Si nos acercándonos a la cueva, lo primero que nos impacta es la pobreza y sencillez de la Sagrada Familia. María tuvo que dar a luz en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. El niño, envuelto en pañales, yace recostado en una cuna de paja y heno, no existen más datos. ¡Cómo nos conmueve la escena, tan desprovistos de tantas cosas materiales, pero al mismo tiempo cobijados por el inmaculado corazón de la Virgen María que apenas es una doncella. Lo paradójico está en que siendo el niño Jesús pobre, nos colmó de bienes y dones espirituales. Del cielo se trajo tres regalos comenzando con el de nuestra redención. Nos abrió las puertas del cielo que estaban cerradas desde el pecado de nuestros primeros padres, es decir, que nos devolvió la amistad con Dios. Este niño nos trajo el amor de Dios y nos enseñó a invocarlo con el nombre de Padre. Como dice san Pablo, “por su nacimiento, tenemos libre acceso al Padre pues ya nos somos extraños ni forasteros, sino hijos” (Ef 2,18).

El segundo gran regalo que nos concedió fue el permitirnos conocer el rostro de la divinidad. La humanidad finalmente pudo entrar en contacto con él, escucharlo, tocarlo, hablarle. La encarnación del Verbo nos revela a un Dios rico en misericordia, que no sólo es omnipotente, sino también bondad infinita; que no sólo es omnisciente, sino también ternura y cariño. “Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Yo les aseguro que muchos profetas desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron” (Mt 13,16). Exultar de gozo como Simeón pues nuestros ojos han visto al Salvador, luz de las naciones y gloria del pueblo de Israel.

Finalmente nos trajo el don de la paz. “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva sobre sus hombros el signo del imperio y su nombre será: Príncipe de la paz. Este niño nos reconcilió con Dios y con nosotros mismos. La paz es un don del cielo que el mundo desea, pero no logra conquistarla porque no la conoce. La paz es fruto de la presencia de Dios en el alma. ¡Feliz navidad y un año colmado de bendición para todos nuestros lectores!

twitter.com/jmotaolaurruchi


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2011-12-22


 

 


 



Síguenos en :   
Auspiciada por la congregación de los Legionarios de Cristo y el Movimiento Regnum Christi , Copyright 2014 , Legión de Cristo. Todos los derechos reservados.

¿Deseas agregar¡Feliz Navidad! Noche buena de Navidad - Ciclo B a tus favoritos?
  -    No