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2014-08-22 (Artículo)
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Las curaciones milagrosas.
XI domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo C
MÉXICO | VIDA ESPIRITUAL | ESPIRITUALIDAD
Comentario del P. José Manuel Otaolaurruchi, L.C., al Evangelio dominical.

Por la multitud de personas que acuden a las ceremonias de sanación, que piden ser ungidas o que reclaman una bendición, se infiere que abundan los dolores morales, las penas y las enfermedades. El padre Tardiff es un sacerdote que recibió el don de la sanación y da testimonio de la acción de la gracia en su libro, “Jesús está vivo”. Dice que Dios no se opone a la curación, tanto es así, que en la misma naturaleza se encuentra la solución a las enfermedades. Lo dramático es que muchos de los remedios se han comercializado y resulta imposible pagar el precio de medicinas o tratamientos en los hospitales, que en muchos casos, deberían ser casi gratuitos.

Yo no tengo el don de la sanación, aunque no estaría mal comprobarlo, pero sí he sido testigo de cómo la fe puede lograr de Dios la gracia de la curación milagrosa. Estando de misiones en una zona paupérrima del Estado Falcón, Venezuela, conocí a una señora cuyo hijo de escasos meses de nacido sufría una infección que lo llevó a los umbrales de la muerte, hervía en calentura, perdió el conocimiento y estaba agonizando. ¿Qué podía hacer aquella joven mamá desde su chabola perdida en las montañas? Tomó al niño entre sus brazos y se puso a suplicar a Dios, oraba con las fuerzas que la juventud y la fe le daban, oraba con la ternura de sus lágrimas, oraba con la certeza de que Dios la escuchaba, oró hasta que el cansancio la dejó rendida. Fue entonces cuando el niño despertó completamente sano.

La curación milagrosa es una respuesta a la oración de fe que Dios puede conceder, como lo vemos en diversos pasajes del evangelio. El milagro comienza por la fe del creyente y concluye con la salud del alma y del cuerpo, como le ocurrió a la mujer de mala vida que se coló en casa de Simón, el fariseo, para pedir el perdón de sus pecados, bañando los pies del Maestro con sus lágrimas y enjugándolos con sus cabellos. La salud del alma es más grandiosa que la del cuerpo, porque al fin y al cabo, quien se cura de una enfermedad tarde o temprano volverá a quebrantarse, mientras que la salud del alma es prenda de salvación eterna.

Dios realiza innumerables milagros en nuestra vida, el problema está en el concepto de milagro que cada uno tiene. Para la mayoría, un milagro es hacer desaparecer un tumor canceroso cuando los médicos abandonan toda esperanza, pero no se impactan ni reconocen el milagro de las transustanciación, por ejemplo,  infinitamente más asombroso y efectivo. En resumen, Dios actúa, pero depende de cada uno el ser capaz de reconocer su acción milagrosa en su propia vida.

twitter.com/jmotaolaurruchi


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-06-13


 

 


 



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