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La oración del “Padre nuestro”.
XVII domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo C
MÉXICO | VIDA ESPIRITUAL | ESPIRITUALIDAD
Comentario del P. José Manuel Otaolaurruchi, L.C., al Evangelio dominical.



Un día los apóstoles se quedaron contemplando a Jesús en oración, ¡con qué fervor y recogimiento lo habrán visto que le rogaron que les enseñara a orar! Jesús entonces pronunció la plegaria del “Padre nuestro”. Consideremos tres de las siete peticiones que integran esta oración.

“Padre nuestro que estás en los cielos” (Lc 11,2). Las oraciones de Jesús comienzan invocando el nombre de Dios Padre, “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”, “Sí, Padre, porque así te ha parecido bien”, etc. Jesús se da a conocer como Hijo de Dios precisamente en su relación con el Padre y nos revela que no estamos solos en el mundo, que tenemos un Padre amoroso que nos ha creado, que nos conoce por nuestro nombre y que nos espera en el cielo. Considero que la humanidad se desorienta en la medida en que olvida a Dios como Padre y elige vivir en la orfandad. Por eso muchas veces el mundo vive triste, porque ignora la dignidad de su procedencia, cuál es su fin último y el sentido de sus trabajos y desvelos.

“Venga a nosotros tu reino”. El reino de Dios es el núcleo del mensaje y de la vida de Jesús, representa el fin por el cual se hizo hombre. La instauración del evangelio se traduce en un clima de paz, de respeto, de generosidad, de responsabilidad, de justicia y verdad. Al mismo tiempo rechazamos las obras del Maligno, que son, la mentira, la hipocresía, los odios, la venganza, la prepotencia, las ofensas, la maldad. Le pedimos a Dios que se instaure en nuestro corazón, ya que la conversión del mundo pasa a través de nuestra propia conversión. Quien de verdad reza el “Padre nuestro”, no puede vivir en el pecado, porque es una incoherencia pedir lo contrario de lo que vive.

“Danos hoy nuestro pan de cada día”. En la plegaria se nota una clara jerarquía de valores, hay que darle a Dios el primer lugar en nuestra vida. En segundo lugar aceptar con gozo los designios de Dios, consciente de que “ni una hoja de árbol cae sin que lo permita su voluntad” y en esa aceptación hallaremos la paz y la auténtica felicidad, poniendo nuestro mejor esfuerzo por cumplir del mejor modo con nuestros deberes de estado, y confiando en que la Providencia nunca nos fallará. En tercer lugar, pedimos por nuestras necesidades, en la palabra pan, están contenidas todas y cada una de nuestras preocupaciones y penas. El pan no sólo significa el sustento diario, sino también nuestros más hondos anhelos e ilusiones.

El “Padre nuestro” es el resumen del evangelio, hay que rezarlo con fe para que llegue al cielo y sirva de bálsamo para nuestro diario vivir cristiano y mejorar la convivencia en este mundo.

twitter.com/jmotaolaurruchi


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-07-27


 

 


 



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