Para un miembro del Regnum Christi, la confesión frecuente, recomendada
por la Iglesia, aumenta el justo conocimiento propio, hace crecer
la humildad cristiana, ayuda a desarraigar las malas costumbres, aumenta
la delicadeza de conciencia, evitando caer en la tibieza o
en la indolencia; fortalece la voluntad y conduce al alma
a un constante esfuerzo para perfeccionar en sí misma la
gracia del bautismo y a una identificación más íntima con
Jesucristo; asimismo, ayuda a afianzar la experiencia de la propia
impotencia en el orden sobrenatural y a confiar plenamente en
la gracia de Dios nuestro Señor.