Este sacramento lo puede recibir cualquier persona que comienza a
encontrarse en peligro de muerte por enfermedad o vejez. La
misma persona lo puede recibir también otras veces, si se
produce un agravamiento de la enfermedad o bien si se
presenta otra enfermedad grave. La celebración de este sacramento debe
ir precedida, si es posible, de la confesión individual del
enfermo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica - Compendio, n.316).
El
sacramento de la Unción confiere una gracia particular, que une
más íntimamente al enfermo a la Pasión de Cristo, por
su bien y por el de toda la Iglesia, otorgándole
fortaleza, paz y ánimo, así como la preparación del enfermo
para pasar a la Casa del Padre (Idem, n. 319).