La unción del Espíritu marca al presbítero con un carácter
espiritual indeleble, lo configura a Cristo sacerdote y lo hace
capaz de actuar en nombre de Cristo Cabeza. Como cooperador
del Orden episcopal, es consagrado para predicar el Evangelio, celebrar
el culto divino, sobre todo la Eucaristía, de la que
saca fuerza todo su ministerio, y ser pastor de los
fieles (Catecismo de la Iglesia Católica - Compendio, n.328).
En la
Legión de Cristo, las ordenaciones sacerdotales se tienen cada año
y suelen ser en fechas cercanas a la Navidad. Los nuevos
sacerdotes ponen el carisma de la Legión y del Regnum
Christi al servicio de la Iglesia y continúan así la
labor de evangelización. Asimismo, numerosos miembros del Movimiento apoyan activamente
a sus párrocos con los programas de RedMisión, con sus
oraciones y con el apoyo material en la medida de
sus posibilidades.