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| Cristo ayudado por el Cireneo. Vía crucis de la capilla del centro de noviciado de la Legión de Cristo (Salamanca, España). | |
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El vía crucis, como ejercicio espiritual de gran arraigo en
la piedad tradicional de la Iglesia católica, pretende reavivar en
la mente y en el corazón la contemplación de los
momentos supremos de la entrega de Cristo por nuestra redención,
propiciando actitudes íntimas y cordiales de compunción de corazón, confianza,
gratitud, generosidad e identificación con Cristo.
Esta forma de meditación, casi
escenificada y alternada con cantos y oraciones, nos ayuda no
sólo a recordar los sufrimientos de Cristo, sino a descubrir,
en cierta medida, la profundidad, la dramaticidad, el misterio sumamente
complejo, donde el dolor humano en su más alto grado,
el pecado humano en su más trágica repercusión, el amor
en su expresión más generosa y más heroica, la muerte
en su más cruel victoria y en su definitiva derrota,
adquieren la evidencia más impresionante.
INTRODUCCIÓN
Guía:
Oremos:
El que preside:
Padre santo, mira benigno a quienes junto
a Jesús, nuestro Redentor, nos disponemos a recorrer, paso a
paso, el camino luminoso de la cruz. Te lo pedimos
por Cristo nuestro Señor.
O bien:
Oh Dios, mira benigno
a quienes, junto a Jesús, nos disponemos a contemplar los
misterios de su pasión; edúcanos en la escuela del dolor
redentor, para que sepamos descubrir y aceptar nuestra cruz, abrazándonos
a ella por amor. Te lo pedimos por Cristo nuestro
Señor.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a la primera estación todos
rezan el padrenuestro.
Guía:
Primera estación: Jesús es condenado
a muerte.
El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y
te bendecimos.
Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al
mundo.
Lector:
«Viendo entonces Pilato que nada conseguía sino que
el tumulto crecía cada vez más, tomó agua y se
lavó las manos delante de la muchedumbre, diciendo: “Yo soy
inocente de esta sangre, allá vosotros”. Y todo el pueblo
contestó diciéndole: “Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros
hijos”. Entonces se lo entregó para que lo crucificasen».
(Mt
27, 24-26)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Te
pedimos, Dios nuestro, que nos enseñes a agradecer y corresponder
a todo lo que padeció y sufrió Jesucristo por nuestro
amor, dando su vida por nosotros en la cruz y
derramando toda su sangre para que nosotros nos salváramos. Por
Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a la siguiente
estación todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Segunda estación: Jesús
es cargado con la cruz.
El que preside:
Te adoramos,
oh Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por tu santa
cruz redimiste al mundo.
Lector:
«Los soldados le llevaron dentro
del atrio y convocaron a toda la cohorte, le vistieron
una púrpura, le ciñeron una corona tejida de espinas y
comenzaron a saludarle: “Salve, Rey de los judíos”. Y le
herían en la cabeza con una caña y le escupían,
e hincando la rodilla le hacían reverencias. Después de haberse
burlado de Él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus
propios vestidos y le llevaron a crucificar».
(Mt 15, 16-29)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Concédenos, Señor, serte
fieles no sólo en el momento de la prosperidad, cuando
la fidelidad no es difícil, sino también en las horas
amargas de la vida, ya que es entonces cuando sobre
todo vale la pena ser fieles, siguiendo las huellas de
Cristo, camino de la cruz. Te lo pedimos, por el
mismo Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a la
siguiente estación todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Tercera estación:
Jesús cae por primera vez.
El que preside:
Te adoramos,
oh Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por tu santa
cruz redimiste al mundo.
Lector:
«El siervo no es más
que su señor. Si a mí me han perseguido, también
os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también
guardarán la vuestra. Pero todo esto os lo harán por
causa de mi nombre».
(Jn 15, 20-21)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Concédenos, oh Dios, no pensar en
vidas sin cruces, sino más bien en cruces con Cristo;
porque la cruz es un instrumento connatural a la vida
del hombre y, en especial, para aquellos que hemos aceptado
seguir a Cristo por los caminos del Calvario. Te lo
pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante el
trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Cuarta estación: Jesús encuentra a su madre.
El que
preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que
por tu santa cruz redimiste al mundo.
Lector:
«Cuando lo
vieron en el templo, en medio de los doctores, quedaron
sorprendidos y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos
has hecho esto? Mira que tu padre y yo angustiados,
te andábamos buscando”. Él les dijo: “¿Por qué me buscabais?
¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de
mi Padre?”».
(Lc 2, 48-49)
Guía:
Oremos:
El
que preside:
Al agradecerte, Señor, el claro ejemplo de fe
que nos ha dado María, te pedimos que meditando y
sufriendo con Ella, crezca en nosotros la comprensión de los
misterios de Cristo, y que la fe constituya nuestra fortaleza
y seguridad hasta el fin de nuestra vida. Por Jesucristo
nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a la siguiente estación
todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Quinta estación: Jesús es
ayudado por el Cireneo a llevar la cruz.
El que
preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que
por tu santa cruz redimiste al mundo.
Lector:
«Tomaron a
Jesús y lo llevaron fuera para crucificarlo. Mientras salían, encontraron
a un transeúnte, un cierto Simón de Cirene, y le
obligaron a tomar la cruz, detrás de Jesús».
(Mc 15,
20-21)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Señor Jesús,
danos la gracia de cargar con entusiasmo y constancia la
cruz que tú benignamente nos has entregado para acompañarte camino
del Calvario, alentados por el amor a las almas alejadas
de ti. Tú que vives y reinas por los siglos
de los siglos.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a la siguiente
estación, todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Sexta estación: la
Verónica enjuga el rostro de Jesús.
El que preside:
Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por tu
santa cruz redimiste al mundo.
Lector:
«Venid, benditos de mi
Padre, recibid la herencia del Reino... porque tuve hambre, y
me disteis de comer; era forastero, y me acogisteis; estaba
desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la
cárcel, y vinisteis a verme».
(Mt 25, 34-36)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Ante el ejemplo de la
Verónica que honra a Cristo y le rinde el homenaje
sincero de su amor y gratitud, danos tu fortaleza, Señor
omnipotente, para que seamos hombres del Reino que no se
arredran ante una perspectiva de cruz y sufrimiento. Te lo
pedimos por Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a
la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Séptima
estación: Jesús cae por segunda vez.
El que preside:
Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por tu
santa cruz redimiste al mundo.
Lector:
«Bienaventurados los mansos porque
ellos poseerán la tierra; bienaventurados los que lloran porque ellos
serán consolados; bienaventurados los que padecen persecución por la justicia,
porque suyo es el Reino de los cielos».
(Mt
5, 4-5. 10)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Jesucristo, conscientes de que tú lo mereces todo de nosotros
y que siempre será insignificante nuestra donación, mira con agrado
nuestro afán de gastar la vida por ti sin cálculo
y sin medida, y sé la garantía de nuestro triunfo
final. Tú que vives y reinas por los siglos de
los siglos.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a la siguiente estación
todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Octava estación: Jesús consuela
a las santas mujeres.
El que preside:
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por tu santa cruz
redimiste al mundo.
Lector:
«Y les decía: “El que os
recibe a vosotros, a mí me recibe; y el que
me recibe a mí, recibe al que me envió. El
que diere de beber a uno de estos pequeños aunque
sólo fuera un vaso de agua fresca, en verdad os
digo que no perderá su recompensa”».
(Mt 10, 40-42)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Padre de bondad, ilumina
nuestra mente y nuestro corazón para que comprendamos todo lo
que Cristo quiere ser para nosotros, y otórganos gozar del
perdón y de la paz que Él nos ha ganado
con su entrega generosa. Te lo pedimos por el mismo
Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a la siguiente
estación todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Novena estación: Jesús
cae por tercera vez.
El que preside:
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por tu santa cruz
redimiste al mundo.
Lector:
«Y Jesús les dijo: “Velad y
orad para que no caigáis en tentación; el espíritu está
pronto pero la carne es flaca”. Y decía: “Padre mío,
si esto no puede pasar sin que yo lo beba,
hágase tu voluntad”».
(Mt 26, 41-42)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Padre Santo, haznos comprender que no importa
caer mil veces cuando se ama la lucha y no
la caída; danos fuerza para luchar continuamente seguros de que
esto le agrada más a Cristo que la posesión pacífica
y cómoda de una victoria fácil. Te lo pedimos por
el mismo Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a
la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Décima
estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por
tu santa cruz redimiste al mundo.
Lector:
«Llegando al sitio
llamado Gólgota ?que quiere decir lugar de la calavera?, diéronle
a beber vino mezclado con hiel, mas en cuanto lo
gustó no quiso beberlo. Después, los soldados se dividieron los
vestidos echándolos a suertes, y sentados, hacían allí la guardia».
(Mt 27, 33-36)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Señor nuestro, clava en nuestra conciencia la certeza de que
a medida que la vida avanza y la eternidad se
acerca, sólo el amor de Cristo queda; haz que este
amor sea nuestro tesoro por el cual vendamos todo, hasta
llegar a sentir gusto y alegría de ser semillas caídas
en el surco junto a Él. Te lo pedimos por
el mismo Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a
la siguiente estación, todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Undécima
estación: Jesús es clavado en la cruz.
El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por
tu santa cruz redimiste al mundo.
Lector:
«Tomaron, pues, a
Jesús y le crucificaron, y con Él a otros dos,
uno a cada lado y a Jesús en medio. Escribió
Pilato un título y lo puso sobre la cruz. Estaba
escrito: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”. Muchos de los
judíos leyeron este título porque estaba cerca de la ciudad
el sitio donde fue crucificado Jesús, y estaba escrito en
hebreo, en latín y en griego».
(Jn 19, 18-20)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Padre lleno de amor,
que en la cruz de Cristo nos has manifestado la
realidad viva de tu amor personal al hombre, ilumina nuestro
interior para que creamos que no hay vida más fecunda
y hermosa que la del que sigue a Jesucristo hasta
la cruz para cumplir tu voluntad. Te lo pedimos por
Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a la siguiente
estación todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Duodécima estación: Jesús
muere en la cruz.
El que preside:
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por tu santa cruz
redimiste al mundo.
Lector:
«Uno de los malhechores crucificados le
insultaba diciendo: “¿No eres el Mesías? Sálvate, pues, a ti
mismo y a nosotros”. Pero el otro le increpaba: “¿Ni
tú, que estás sufriendo el mismo suplicio temes a Dios?
En nosotros se cumple la justicia pues somos dignos de
castigo, pero éste nada malo ha hecho”. Y decía: “Acuérdate
de mí, Señor, cuando llegues a tu Reino”. Él le
dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Después, dando una
gran voz, gritó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
Y habiendo dicho esto, inclinó la cabeza y expiró».
(Lc
23, 39-43. 46)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Padre Santo, viendo a tu Hijo en la cruz, vituperado
por sus enemigos, negado por los suyos, callando y sufriendo
por nuestro amor, infúndenos valor para que llevemos nuestra cruz
con el optimismo del cristiano que por la fe conoce
la trascendencia de su vida frente a la eternidad, y
ayudemos a otros a llevarla, como buenos samaritanos. Por Cristo
nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante el trayecto a la siguiente estación
todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Decimotercera estación: Jesús es
bajado de la cruz.
El que preside:
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por tu santa cruz
redimiste al mundo.
Lector:
«Y uno de los soldados atravesó
con su lanza el costado, y al instante salió sangre
y agua. El que lo vio da testimonio y su
testimonio es verdadero; él sabe que dice la verdad para
que vosotros creáis, porque esto sucedió para que se cumpliese
la escritura: “No romperéis ninguno de sus huesos”. Y otra
que dice: “Mirarán al que traspasaron”. Después, José de Arimatea
rogó a Pilato que le permitiese tomar el cuerpo de
Jesús, y Pilato lo permitió. Vino, pues, y tomó su
cuerpo».
(Jn 19, 34-38)
Guía:
Oremos:
El que
preside:
Haz, Señor, que nuestros sufrimientos no nos alejen de
ti, sino que nos hagan comprender mejor los sufrimientos de
la pasión de tu Hijo Jesucristo y nos acerquen más
a Él. Por el mismo Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Durante
el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.
Guía:
Decimocuarta estación: Jesús es colocado en el sepulcro.
El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Lector:
«Le envolvieron en una sábana y lo depositaron en un
monumento, cavado en la roca, donde ninguno había sido aún
sepultado. Movieron la piedra sobre la entrada del monumento. Era
el día de la Parasceve y estaba para comenzar el
sábado. María Magdalena y María de José, miraban dónde se
le ponía».
(Lc 23, 53-54; Mc 15, 46-47)
Guía:
Oremos:
El que preside:
Ayúdanos, Padre, a meditar y
desentrañar el misterio de la cruz, porque en ella están
nuestra confianza y nuestra grandeza; y que al morir y
sepultarnos con Cristo, nuestra existencia pobre y débil se transfigure
y resucite con Él. Que vive y reina contigo por
los siglos de los siglos.
Todos:
Amén.
CONCLUSIÓN
Guía:
Oremos:
El que preside:
Que tu bendición, Señor,
descienda con abundancia sobre esta familia tuya que ha conmemorado
la muerte de tu Hijo con la esperanza de su
santa resurrección; venga sobre ella tu perdón, concédele tu consuelo,
acrecienta su fe y consolida en ella la redención eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
O bien:
Padre Santo, después de
recorrer paso a paso el camino de la cruz, concédenos
la gracia de grabar en nuestra mente y nuestro corazón
la imagen de tu Hijo crucificado en este acto supremo
de amor con el que ha quebrado la amargura y
el sinsentido del dolor, convirtiéndolo en dulzura y medio indispensable
de salvación y santificación. Que a la constancia del dolor
en nuestra vida, sepamos responder con la constancia del amor,
y a la intensidad del sufrimiento, con la intensidad del
ofrecimiento. Por el mismo Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.