Búsqueda      Idioma 
     

Señor mío y Dios mío
Jn 20,19-31 (Artículo)
La calidad en el amor
Mt 26,14-27,66 (Artículo)
La Cena de los misterios
Jn 13,1-15 (Artículo)
“Mi decisión de colaborar es una respuesta al llamado de Dios” (Artículo)
Bendicen la primera piedra del nuevo edificio del Highlands School de Barcelona (Artículo)

Via Crucis
INTERNACIONAL | VIDA ESPIRITUAL | PRESENTACIÓN GENERAL
La contemplación de los momentos supremos de la entrega de Cristo por nuestra redención.

Via crucis
Cristo ayudado por el Cireneo. Vía crucis de la capilla del centro de noviciado de la Legión de Cristo (Salamanca, España).

El vía crucis, como ejercicio espiritual de gran arraigo en la piedad tradicional de la Iglesia católica, pretende reavivar en la mente y en el corazón la contemplación de los momentos supremos de la entrega de Cristo por nuestra redención, propiciando actitudes íntimas y cordiales de compunción de corazón, confianza, gratitud, generosidad e identificación con Cristo.

Esta forma de meditación, casi escenificada y alternada con cantos y oraciones, nos ayuda no sólo a recordar los sufrimientos de Cristo, sino a descubrir, en cierta medida, la profundidad, la dramaticidad, el misterio sumamente complejo, donde el dolor humano en su más alto grado, el pecado humano en su más trágica repercusión, el amor en su expresión más generosa y más heroica, la muerte en su más cruel victoria y en su definitiva derrota, adquieren la evidencia más impresionante.

INTRODUCCIÓN

Guía:
Oremos:

El que preside:
Padre santo, mira benigno a quienes junto a Jesús, nuestro Redentor, nos disponemos a recorrer, paso a paso, el camino luminoso de la cruz. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

O bien:
Oh Dios, mira benigno a quienes, junto a Jesús, nos disponemos a contemplar los misterios de su pasión; edúcanos en la escuela del dolor redentor, para que sepamos descubrir y aceptar nuestra cruz, abrazándonos a ella por amor. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la primera estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:
Primera estación: Jesús es condenado a muerte.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Viendo entonces Pilato que nada conseguía sino que el tumulto crecía cada vez más, tomó agua y se lavó las manos delante de la muchedumbre, diciendo: “Yo soy inocente de esta sangre, allá vosotros”. Y todo el pueblo contestó diciéndole: “Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Entonces se lo entregó para que lo crucificasen».
(Mt 27, 24-26)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Te pedimos, Dios nuestro, que nos enseñes a agradecer y corresponder a todo lo que padeció y sufrió Jesucristo por nuestro amor, dando su vida por nosotros en la cruz y derramando toda su sangre para que nosotros nos salváramos. Por Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Segunda estación: Jesús es cargado con la cruz.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Los soldados le llevaron dentro del atrio y convocaron a toda la cohorte, le vistieron una púrpura, le ciñeron una corona tejida de espinas y comenzaron a saludarle: “Salve, Rey de los judíos”. Y le herían en la cabeza con una caña y le escupían, e hincando la rodilla le hacían reverencias. Después de haberse burlado de Él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus propios vestidos y le llevaron a crucificar».
(Mt 15, 16-29)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Concédenos, Señor, serte fieles no sólo en el momento de la prosperidad, cuando la fidelidad no es difícil, sino también en las horas amargas de la vida, ya que es entonces cuando sobre todo vale la pena ser fieles, siguiendo las huellas de Cristo, camino de la cruz. Te lo pedimos, por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Tercera estación: Jesús cae por primera vez.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre».
(Jn 15, 20-21)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Concédenos, oh Dios, no pensar en vidas sin cruces, sino más bien en cruces con Cristo; porque la cruz es un instrumento connatural a la vida del hombre y, en especial, para aquellos que hemos aceptado seguir a Cristo por los caminos del Calvario. Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Cuarta estación: Jesús encuentra a su madre.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Cuando lo vieron en el templo, en medio de los doctores, quedaron sorprendidos y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo angustiados, te andábamos buscando”. Él les dijo: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”».
(Lc 2, 48-49)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Al agradecerte, Señor, el claro ejemplo de fe que nos ha dado María, te pedimos que meditando y sufriendo con Ella, crezca en nosotros la comprensión de los misterios de Cristo, y que la fe constituya nuestra fortaleza y seguridad hasta el fin de nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Quinta estación: Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la cruz.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Tomaron a Jesús y lo llevaron fuera para crucificarlo. Mientras salían, encontraron a un transeúnte, un cierto Simón de Cirene, y le obligaron a tomar la cruz, detrás de Jesús».
(Mc 15, 20-21)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Señor Jesús, danos la gracia de cargar con entusiasmo y constancia la cruz que tú benignamente nos has entregado para acompañarte camino del Calvario, alentados por el amor a las almas alejadas de ti. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación, todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Sexta estación: la Verónica enjuga el rostro de Jesús.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino... porque tuve hambre, y me disteis de comer; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme».
(Mt 25, 34-36)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Ante el ejemplo de la Verónica que honra a Cristo y le rinde el homenaje sincero de su amor y gratitud, danos tu fortaleza, Señor omnipotente, para que seamos hombres del Reino que no se arredran ante una perspectiva de cruz y sufrimiento. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Séptima estación: Jesús cae por segunda vez.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra; bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados; bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el Reino de los cielos».
(Mt 5, 4-5. 10)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Jesucristo, conscientes de que tú lo mereces todo de nosotros y que siempre será insignificante nuestra donación, mira con agrado nuestro afán de gastar la vida por ti sin cálculo y sin medida, y sé la garantía de nuestro triunfo final. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Octava estación: Jesús consuela a las santas mujeres.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Y les decía: “El que os recibe a vosotros, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que diere de beber a uno de estos pequeños aunque sólo fuera un vaso de agua fresca, en verdad os digo que no perderá su recompensa”».
(Mt 10, 40-42)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Padre de bondad, ilumina nuestra mente y nuestro corazón para que comprendamos todo lo que Cristo quiere ser para nosotros, y otórganos gozar del perdón y de la paz que Él nos ha ganado con su entrega generosa. Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Novena estación: Jesús cae por tercera vez.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Y Jesús les dijo: “Velad y orad para que no caigáis en tentación; el espíritu está pronto pero la carne es flaca”. Y decía: “Padre mío, si esto no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”».
(Mt 26, 41-42)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Padre Santo, haznos comprender que no importa caer mil veces cuando se ama la lucha y no la caída; danos fuerza para luchar continuamente seguros de que esto le agrada más a Cristo que la posesión pacífica y cómoda de una victoria fácil. Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Llegando al sitio llamado Gólgota ?que quiere decir lugar de la calavera?, diéronle a beber vino mezclado con hiel, mas en cuanto lo gustó no quiso beberlo. Después, los soldados se dividieron los vestidos echándolos a suertes, y sentados, hacían allí la guardia».
(Mt 27, 33-36)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Señor nuestro, clava en nuestra conciencia la certeza de que a medida que la vida avanza y la eternidad se acerca, sólo el amor de Cristo queda; haz que este amor sea nuestro tesoro por el cual vendamos todo, hasta llegar a sentir gusto y alegría de ser semillas caídas en el surco junto a Él. Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación, todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Tomaron, pues, a Jesús y le crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado y a Jesús en medio. Escribió Pilato un título y lo puso sobre la cruz. Estaba escrito: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”. Muchos de los judíos leyeron este título porque estaba cerca de la ciudad el sitio donde fue crucificado Jesús, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego».
(Jn 19, 18-20)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Padre lleno de amor, que en la cruz de Cristo nos has manifestado la realidad viva de tu amor personal al hombre, ilumina nuestro interior para que creamos que no hay vida más fecunda y hermosa que la del que sigue a Jesucristo hasta la cruz para cumplir tu voluntad. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Duodécima estación: Jesús muere en la cruz.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Uno de los malhechores crucificados le insultaba diciendo: “¿No eres el Mesías? Sálvate, pues, a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le increpaba: “¿Ni tú, que estás sufriendo el mismo suplicio temes a Dios? En nosotros se cumple la justicia pues somos dignos de castigo, pero éste nada malo ha hecho”. Y decía: “Acuérdate de mí, Señor, cuando llegues a tu Reino”. Él le dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Después, dando una gran voz, gritó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y habiendo dicho esto, inclinó la cabeza y expiró».
(Lc 23, 39-43. 46)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Padre Santo, viendo a tu Hijo en la cruz, vituperado por sus enemigos, negado por los suyos, callando y sufriendo por nuestro amor, infúndenos valor para que llevemos nuestra cruz con el optimismo del cristiano que por la fe conoce la trascendencia de su vida frente a la eternidad, y ayudemos a otros a llevarla, como buenos samaritanos. Por Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Decimotercera estación: Jesús es bajado de la cruz.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Y uno de los soldados atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; él sabe que dice la verdad para que vosotros creáis, porque esto sucedió para que se cumpliese la escritura: “No romperéis ninguno de sus huesos”. Y otra que dice: “Mirarán al que traspasaron”. Después, José de Arimatea rogó a Pilato que le permitiese tomar el cuerpo de Jesús, y Pilato lo permitió. Vino, pues, y tomó su cuerpo».
(Jn 19, 34-38)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Haz, Señor, que nuestros sufrimientos no nos alejen de ti, sino que nos hagan comprender mejor los sufrimientos de la pasión de tu Hijo Jesucristo y nos acerquen más a Él. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Durante el trayecto a la siguiente estación todos rezan el padrenuestro.


Guía:

Decimocuarta estación: Jesús es colocado en el sepulcro.

El que preside:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
«Le envolvieron en una sábana y lo depositaron en un monumento, cavado en la roca, donde ninguno había sido aún sepultado. Movieron la piedra sobre la entrada del monumento. Era el día de la Parasceve y estaba para comenzar el sábado. María Magdalena y María de José, miraban dónde se le ponía».
(Lc 23, 53-54; Mc 15, 46-47)


Guía:

Oremos:

El que preside:
Ayúdanos, Padre, a meditar y desentrañar el misterio de la cruz, porque en ella están nuestra confianza y nuestra grandeza; y que al morir y sepultarnos con Cristo, nuestra existencia pobre y débil se transfigure y resucite con Él. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

Todos:
Amén.


CONCLUSIÓN

Guía:
Oremos:

El que preside:
Que tu bendición, Señor, descienda con abundancia sobre esta familia tuya que ha conmemorado la muerte de tu Hijo con la esperanza de su santa resurrección; venga sobre ella tu perdón, concédele tu consuelo, acrecienta su fe y consolida en ella la redención eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

O bien:
Padre Santo, después de recorrer paso a paso el camino de la cruz, concédenos la gracia de grabar en nuestra mente y nuestro corazón la imagen de tu Hijo crucificado en este acto supremo de amor con el que ha quebrado la amargura y el sinsentido del dolor, convirtiéndolo en dulzura y medio indispensable de salvación y santificación. Que a la constancia del dolor en nuestra vida, sepamos responder con la constancia del amor, y a la intensidad del sufrimiento, con la intensidad del ofrecimiento. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2008-02-21


 

 


 



Síguenos en :   
Auspiciada por la congregación de los Legionarios de Cristo y el Movimiento Regnum Christi , Copyright 2014 , Legión de Cristo. Todos los derechos reservados.

¿Deseas agregarVia Crucis a tus favoritos?
  -    No