EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN
No hay pecado que no
pueda ser perdonado si nos acercamos a la misericordia de Dios
con un corazón contrito y humillado. Ningún mal es más
poderoso que la misericordia de Dios.
La confesión frecuente
recomendada por la Iglesia, aumenta el justo conocimiento propio, hace
crecer la humildad cristiana, ayuda a desarraigar las malas costumbres,
aumenta la delicadeza de conciencia evitando caer en la tibieza
o en la indolencia, fortalece la voluntad y conduce al
alma a un constante esfuerzo para perfeccionar en sí misma
la gracia del bautismo y a una identificación más íntima
con Jesucristo. Así mismo ayuda a afianzar la experiencia de
la propia impotencia en el orden sobrenatural y a confiar
plenamente en la gracia de Dios nuestro Señor.
Consciente
de la necesidad permanente de la conversión del corazón para
la realización plena de la voluntad de Dios sobre su
vida el Movimiento Regnum Christi recomienda a sus miembros acudir
al menos una vez al mes al sacramento de la
reconciliación, haciendo de él un encuentro vital y renovador con
Cristo y con la Iglesia.
Hay que acercarse al sacerdote -en
la medida de lo posible un confesor fijo- actuando su
fe en la presencia y en la acción santificadora de
Jesucristo, con sencillez y humildad. Exponiendo las fallas con orden,
brevedad, claridad e integridad. Aceptando con espíritu sobrenatural las orientaciones
del confesor y cumpliendo su penitencia con verdadero espíritu de reparación en
la primera oportunidad posible. Ofrecer, además, las obras y trabajos diarios
en satisfacción por los pecados.
Agradecer a Dios nuestro Señor el
don de su perdón y de su amistad con un
propósito de enmienda alentado por el amor y el santo
temor de Dios y con una vida de mayor fidelidad
a la misión encomendada en la vida cristiana.
EL EXAMEN
DE CONCIENCIA
A continuación y sin proponerlo como algo exhaustivo y
mucho menos obligatorio, se ofrecen como ayuda, unos puntos de
examen para la confesión, tomados del Ritual de la penitencia.
El cristiano puede servirse de ellos o de otros que
sean más apropiados a sus necesidades personales.
ORACIÓN PARA PEDIR
AYUDA
Señor y Dios mío, que conoces el corazón de cada
hombre, dame la gracia de examinar sinceramente y conocer verdaderamente
el mío, de manera que descubra todos mis pecados, a
fin de que, confesándome bien, y enmendándome de ellos, merezca
tu perdón y gracia en la tierra y la vida
eterna en el cielo. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
1. ¿Voy
al sacramento de la penitencia con sincero deseo de purificación,
renovación de la vida y amistad más profunda con Dios,
o, por el contrario, lo considero como una carga que
se ha de recibir muy raras veces?
2. ¿Me olvidé o
callé a propósito en las pasadas confesiones algún pecado grave?
3.
¿Cumplí la penitencia que me fue impuesta? ¿Reparé las injusticias
que acaso cometí? ¿Me esforcé en llevar a la práctica
los propósitos de enmendar mi vida según el Evangelio?
II
1.
¿Tiende mi corazón a Dios de manera que en verdad
lo ame sobre todas las cosas en el cumplimiento fiel
de sus mandamientos, como un hijo ama a su padre,
o, por el contrario, vivo obsesionado por las cosas temporales?
¿Obro en mis cosas con recta intención?
2. ¿Es firme mi
fe en Dios, que me habló por medio de su
Hijo? ¿Me adhiero firmemente a la doctrina de la Iglesia?
¿Tengo interés en mi formación cristiana escuchando la palabra de
Dios, ilustrando mi fe con lecturas apropiadas, participando activamente en
las actividades de formación y evitando cuanto pueda dañar mi
fe? ¿He profesado siempre con vigor y sin temores mi
fe en Dios? ¿He manifestado mi condición de cristiano en
la vida pública y privada?
3. ¿He rezado por la mañana
y por la noche? Mi oración, ¿es auténtica conversación de
mente y corazón con Dios o un puro rito exterior?
¿He ofrecido a Dios mis trabajos, dolores y gozos? ¿Recurro
a Él en mis tentaciones?
4. ¿Tengo reverencia hacia el nombre
de Dios o le ofendo con blasfemias, falsos juramentos, usando
su nombre en vano? ¿Me he conducido irreverentemente con la
Virgen María y los santos?
5. ¿Guardo los domingos y días
de fiesta de la Iglesia participando activa, atenta y piadosamente
en la celebración eucarística? ¿He cumplido el precepto anual de
la confesión y comunión pascual?
6. ¿Tengo, quizá, otros «dioses» es
decir: cosas por las que me preocupo y en las
que confío más que en Dios, como son las riquezas,
las supersticiones el espiritismo o cualquier forma de inútil magia?
7.
¿Dedico al negocio de mi santificación cristiana y al de
mi vocación de apóstol, la atención y el esfuerzo que
dedico a mis negocios o a otras actividades personales o
sociales?
III
1. ¿Tengo auténtico amor a mi prójimo o abuso
de mis hermanos usándolos para mis fines y portándome con
ellos como no quisiera que se portasen conmigo? ¿Los he
escandalizado gravemente con palabras o con obras?
2. ¿He contribuido, en
el seno de mi familia, al bien y a la
alegría de los demás con mi paciencia y verdadero amor?
3.
¿Comparto mis bienes con quienes son más pobres que yo?
¿Me preocupo por los más débiles y necesitados, o, por
el contrario, desprecio a mi prójimo?
4. ¿Realizo en mi vida
la misión que acepté en mi confirmación y que ratifiqué
en mi incorporación al Regnum Christi? ¿Tengo celo apostólico? ¿Colaboro
en las actividades del equipo siempre que ello me es
posible? ¿He tratado de remediar, según mis posibilidades, las necesidades
de la Iglesia, del Movimiento, del mundo? ¿He orado por
ellas, especialmente por la unidad de la Iglesia, evangelización de
los hombres, el aumento de la vocaciones a la vida
sacerdotal y a la vida consagrada, la realización de la
paz y de la justicia?
5. ¿Soy generoso en la aportación
de los talentos que Dios me ha dado (cualidades personales,
capacidad de iniciativa, tiempo, recursos económicos, contactos profesionales, etc.), para
apoyar los apostolados del Regnum Christi y el bien general
de la Iglesia.
6. ¿Valoro lo que significa la salvación de
una sola alma? ¿He hecho todo lo posible para acercar
a Dios y a la Iglesia a mi familia y
conocidos? ¿He ofrecido a otras personas la oportunidad de formar
parte del Regnum Christi como un medio para crecer en
su vida cristiana y colaborar con la misión evangelizadora de
la Iglesia?
7. ¿Me preocupo por el bien y la prosperidad
de la comunidad humana en la que vivo, o me
paso la vida preocupado tan sólo por mí mismo? ¿Participo,
según mis posibilidades, en la promoción de la justicia, la
honestidad de las costumbres, la concordia y la caridad de
la convivencia? ¿He cumplido con mis deberes cívicos? ¿He pagado
mis impuestos?
8. ¿En mi trabajo o empleo soy justo, laborioso,
honesto, prestando con amor mi servicio a la sociedad? ¿He
dado a mis obreros, empleados o sirvientes el justo salario?
¿He cumplido mis promesas y contratos?
9. ¿He prestado a las
legítimas autoridades la obediencia y el respeto debidos?
10. Si tengo
algún cargo o ejerzo alguna autoridad, ¿los uso para mi
utilidad personal o para el bien de los demás, con
espíritu de servicio?
11. ¿He mantenido la verdad y la fidelidad
o he perjudicado a alguien con palabras falsas, con calumnias,
mentiras o la violación de algún secreto?
12. ¿He producido algún
daño a la vida, la integridad física, la fama, el
honor, o los bienes de otros? ¿He procurado o inducido
al aborto? ¿He odiado a alguien? ¿Me siento separado de
alguien por riñas, injurias, ofensas, resentimientos o enemistades? Si he
calumniado a alguien, ¿he reparado la injuria? ¿He hablado mal
de alguien, poniendo en evidencia sus defectos o limitaciones? ¿He
pensado mal del prójimo?
13. ¿He robado o deseado injusta o
desordenadamente cosas de otros o les he infligido algún daño?
¿He restituido o reparado ese daño?
14. Si alguien me ha
injuriado, ¿me he mostrado dispuesto a la paz y a
conceder, por amor a Cristo, el perdón, o mantengo deseos
de odio y venganza?
15. ¿He omitido, por egoísmo, algo que
debería haber hecho en justicia por mi prójimo?
IV
1. ¿Cuál
es la dirección fundamental de mi vida? ¿Me anima la
esperanza de la vida eterna? ¿Me esfuerzo en avanzar en
la vida espiritual por medio del cumplimiento fiel de mis
compromisos de vida espiritual: oración, lectura y meditación de la
Palabra de Dios, participación en los sacramentos, retiro mensual, mortificación?
¿Estoy esforzándome en domar mis vicios, mis inclinaciones y pasiones
malas: la envidia, la gula en las comidas y bebidas,
la pereza, la avaricia, la ira? ¿Me he levantado contra
Dios por soberbia o jactancia, o he despreciado a los
demás sobreestimándome a mí mismo? ¿He impuesto mi voluntad a
los demás en contra de su voluntad y derechos?
2. ¿Qué
uso he hecho de mi tiempo, de mis fuerzas, de
los dones que Dios me dio? ¿Los he usado para
superarme y perfeccionarme a mí mismo, según el querer de
Dios, o para mi provecho egoísta y exclusivo? ¿He vivido
ocioso o he sido perezoso?
3. ¿He soportado con serenidad y
paciencia los dolores y contrariedades de la vida? ¿He mortificado
mi cuerpo para ayudar a completar "lo que falta a
la pasión de Cristo"? ¿He observado la ley del ayuno
y la abstinencia?
4. ¿He mantenido mis sentidos y todo mi
cuerpo en la pureza y en la castidad como templo
que es del Espíritu Santo, llamado a resucitar en la
gloria, y como signo del amor fiel que Dios profesa
a los hombres, signo que adquiere toda su luz en
el matrimonio? ¿He manchado mi carne con la fornicación, con
la impureza, con palabras o pensamientos indignos, con torpes acciones
o deseos? ¿He mantenido conversaciones, hecho lecturas o asistido a
espectáculos o diversiones contrarias a la honestidad humana y cristiana?
¿He incitado al pecado a otros con mi falta de
decencia?
5. ¿He actuado alguna vez contra mi conciencia, por temor
o hipocresía?
6. ¿He tratado de actuar dentro de la
verdadera libertad de los hijos de Dios, según la ley
del espíritu, o soy siervo de mis pasiones?
V. PREGUNTAS
PARTICULARES
Para los hijos:
¿He sido obediente con mis padres, manifestándoles respeto
y prestándoles ayuda en sus necesidades espirituales y temporales?
Para los
padres:
¿Me preocupo de educar cristianamente a mis hijos, ayudándoles con
el ejemplo y ejerciendo mi autoridad con justicia y caridad?
¿Soy fiel a mi cónyuge en el corazón y en
la vida? ¿He observado la ley moral en el uso
del matrimonio?
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre
verdadero, Creador y Redentor mío: por ser tú quien eres
y porque te amo sobre todas las cosas, me arrepiento
de todo corazón de todo lo malo que he hecho
y de todo lo bueno que he dejado de hacer,
porque pecando te he ofendido a ti, que eres el
sumo bien y digno de ser amado sobre todas las
cosas. Ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de
mis pecados. Propongo firmemente con la ayuda de tu gracia,
hacer penitencia, no volver a pecar y huir de las
ocasiones de pecado. Señor, por los méritos de tu pasión
y muerte, apiádate de mí, y dame tu gracia para
nunca más volverte a ofender. Amén.