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| Legionarios de Cristo durante sus ejercicios de mes en el centro de estudios superiores de Roma. | |
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Roma, 13 de agosto de 2012. Desde el 15
de julio y hasta el 15 de agosto de
2012 un grupo de más de 50 legionarios
de Cristo está participando en los ejercicios espirituales de mes
en el centro de estudios superiores de Roma. La
mayoría son religiosos que han terminado el primer año
de teología. También hay cuatro sacerdotes y dos diáconos.
El director de esta tanda de ejercicios de mes
es el padre Donal Corry, L.C., profesor de teología
en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum y quien
desde 2003 colabora como oficial en la sección de habla
inglesa de la Secretaría de Estado de la Santa
Sede. «Desde 1973 he predicado ejercicios espirituales todos los
años. Aunque de mes sólo lo había hecho en 1990,
a consagradas, y en 1991, a legionarios. Las temáticas
son de todos conocidas, pero ahora las distribuimos en
cuatro semanas, de modo que al final del mes de
ejercicios espirituales salen más de cien meditaciones. Como se
puede comprender exigen preparación, pero es una ventaja tener
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| P. Donal Corry, L.C., predicador de los ejercicios espirituales de mes. | |
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algo ya listo de antemano», comenta el padre Donal.
En la Legión de Cristo, durante las vacaciones de
verano que siguen al primer año de los estudios
de teología, se tienen ejercicios espirituales de mes. Cuando
se le pregunta al director de ejercicios si en
su opinión le parece que éste es el mejor momento
para hacer esta experiencia, nos contesta: «Requieren cierta madurez
para hacerlos bien. Recuerdo cuando los hice como novicio,
ahora lo pienso y creo que pude haberlos aprovechado
mejor si hubiera tenido más experiencia de vida religiosa. Desde
mi punto de vista me parece que es un
buen momento ahora: todos han hecho prácticas apostólicas y
cada religioso tiene ya cierta madurez humana, un conocimiento
de sí mismo más serio y una experiencia de vida
espiritual mayor… Diría que son dos los factores importantes
en todo esto: experiencia de vida de oración y
maduración».
Aunque san Ignacio de Loyola ideó los ejercicios
para que duraran aproximadamente un mes, a algunas personas
les resulta difícil visualizar una tanda de ejercicios tan
larga, precisamente en un tiempo en que hay tantas
cosas que hacer. A este respecto el padre Donal comenta:
«Como comentaba, yo los hice como novicio en 1963
¡y los aguanté! El director de aquellos ejercicios espirituales
no era legionario. Los inicié y traté de aprovechar
pese a que mi español en aquel entonces tampoco era
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| Stephen Howe, L.C. (de Australia) en un momento de oración en la capilla. | |
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bueno. Por su duración ciertamente no son fáciles pero
depende mucho de lo que el ejercitante invierte. Se
saca un fruto espiritual si el ejercitante aprovecha su oración.
Desde luego hay casos y casos: unos que entran
en la dinámica fácilmente y otros que les cuesta
un poco más al principio».
El 16 de diciembre
de 1979 el beato Juan Pablo II recordaba en
el Ángelus la carta Encíclica Mens Nostra de Pío XI
sobre los ejercicios espirituales destacándolos como «un conjunto de
meditaciones y oraciones en atmósfera de recogimiento y de
silencio, y sobre todo un particular impulso interior ―suscitado
por el Espíritu Santo― para abrir amplios espacios en
el alma a la acción de la gracia». Años más
tarde, en la Exhortación apostólica post sinodal Pastores Dabo
Vobis, se refería a ellos como una ocasión «para
un crecimiento espiritual y pastoral, para una oración más
prolongada y tranquila, para una vuelta a las raíces de
la identidad sacerdotal; para encontrar nuevas motivaciones para la
fidelidad y la acción pastoral» (cf. n. 80). «Ante
todo hay que decir que los ejercicios espirituales suponen
una renovación de cara a Dios y a la propia
vocación. Muchas veces esto se plasma en una mayor
perfección de vida religiosa. En la medida en que uno
se deja llevar a esa vivencia más perfecta se
es más de Dios y eso, de por sí, ya
supone una renovación del propio “sí” a Jesús y,
así, un gran fruto en la propia vida», menciona
el padre Donal al hablar de los frutos que a
él le ha tocado ver en la vida de
legionarios que hacen los ejercicios espirituales de mes.
Y
a todo esto, ¿cuál es más específicamente el papel
del director de los ejercicios espirituales de mes?, preguntamos al
padre Corry. «El director habla al grupo –contesta el
padre Donal–. Suele haber homogeneidad, ciertamente, y en esa
medida el predicador trata de adaptar lo que dice
u ofrece al grupo al que se dirige. No se
puede negar que el papel fundamental del predicador es
proponer el material para meditar como medios para alcanzar
el fin específico de cada meditación. En cierta manera viene
a ser como una lectio divina».