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| El padre Mark Thelen y el hermano Andrew Gronotte acompañando a unos jóvenes de Estados Unidos en el Panteón. | |
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Roma, 28 de agosto de 2012. Alrededor de 4,2 millones
de personas de diversas partes del mundo visitan cada año
los Museos Vaticanos, en Roma. Este dato demuestra el vivo interés
de los peregrinos en conocer esta ciudad llena de historia,
arte y espiritualidad, y plantea, en segundo lugar, el papel
preponderante del arte como vehículo de evangelización.
El Santo Padre Benedicto
XVI dijo a los periodistas en la entrevista concedida durante
el vuelo a España, el 6 de noviembre de 2010:
«Vosotros sabéis que yo insisto mucho en la relación entre
fe y razón; en que la fe, y la fe
cristiana, sólo encuentra su identidad en la apertura a la
razón, y que la razón se realiza si trasciende hacia
la fe. Pero del mismo modo es importante la relación
entre fe y arte, porque la verdad, fin y meta
de la razón, se expresa en la belleza y se
realiza en la belleza, se prueba como verdad. Por tanto,
donde está la verdad debe nacer la belleza; donde el
ser humano se realiza de modo correcto, bueno, se expresa
en la belleza. La relación entre verdad y belleza es
inseparable y por eso tenemos necesidad de la belleza».
Teniendo en
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| El padre David Abad explicando algunos aspectos del Capitolio de Roma a un grupo de hermanos de la Sede de la Dirección General. | |
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cuenta el llamado del Papa Benedicto XVI a la nueva
evangelización, varios padres y hermanos en formación han empezado a
ofrecer visitas guiadas a peregrinos, dándoles la oportunidad de descubrir
la belleza de la fe católica a través de la
historia y el arte de Roma. El padre Mark Thelen,
L.C., de la sede de la Dirección General, quien participa
en esta iniciativa apostólica, confirma la importancia del arte para
la transmisión de la fe: «Pertenecemos a la generación del
Internet y de libros fáciles de conseguir, descargar e imprimir.
Pero antes, durante muchísimos años, se comunicaba la fe a
través de imágenes. Estudiando las obras de arte –desde los
primeros tiempos cristianos hasta los tiempos modernos- el lenguaje del arte
ha ocupado un papel importante en la transmisión de la
fe, y es un lenguaje que a veces hoy en día
no entendemos del todo. Hay que volver a entrar en
las obras desde esta perspectiva».
Ciertamente es un reto poder compaginar
el tiempo dedicado a las clases y al estudio para
poder ofrecer este servicio. Algunos legionarios han asistido a cursos
de especialización, como el padre Luis Láska, L.C., recién ordenado diácono
y que es guía acreditado en lengua portuguesa para la
necrópolis vaticana, también conocida como los “scavi”. Quizás el reto
más importante es que el viaje a la Ciudad Eterna
no sea sólo para ver una serie de monumentos, sino
que se convierta en un encuentro con las propias raíces
cristianas. A este respecto el padre Mark comenta: «Me inspira
mucho lo que dijo el Santo Padre en su audiencia
del 31 de agosto del año pasado: “Las ciudades y
los países de todo el mundo contienen tesoros de arte
que expresan la fe y nos recuerdan la relación con
Dios. Que la visita a lugares de arte no sea
sólo ocasión de enriquecimiento cultural, sino que se pueda convertir
en un momento de gracia, de estímulo para reforzar nuestro
vínculo y nuestro diálogo con el Señor”. Creo que nuestro
objetivo es justamente este: que la visita, la peregrinación no
sea sólo ocasión de enriquecimiento cultural, sino que sea una
oportunidad para entrar en contacto con el misterio y con
la gracia, tejiendo juntos los hilos no sólo del arte
pero también de la historia y sobre todo de la
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| Rumbo al Coliseo... | |
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fe. Ciertamente hay muchos guías profesionales y muy buenos, pero
creo que como legionarios, con nuestra preparación en el campo
humanístico, histórico y teológico podemos aportar algo nuevo: una síntesis
desde la fe. Podemos restituir una visión del arte mucho
más orgánica y menos fragmentada».
Roma ha jugado un papel predominante
en la historia de la humanidad. Ha sido el cruce
de caminos de la cultura y del arte. Desde ahí
se ha irradiado la fe a todo el mundo. Poder
estudiar y vivir en Roma es una gracia particular, no
sólo por la cercanía al Santo Padre, sino también por
los tesoros culturales y artísticos que encierra, además del testimonio
de los santos que han recorrido sus calles y, en
no pocos casos, la han fecundado con su sangre. El
hermano John Studer, L.C., quien ocasionalmente colabora en este apostolado,
nos comparte su impresión personal sobre la Ciudad Eterna: «Puedo
decir con cierta seguridad que, en cuanto a una experiencia
completa del arte, de la fe y de la historia,
no hay ciudad como Roma. En primer lugar, la historia
de Roma por hace casi tres milenios ha sido riquísima.
Después para la fe, excepto quizás Jerusalén, no hay igual.
Todo lo que ha pasado y sigue pasando en la
Iglesia está centrado y de alguna manera emana de Roma.
Finalmente refiriéndonos al arte, creo que como consecuencia de esta
experiencia humana y espiritual profundísima que permea la ciudad, ha
brotado una expresión creativa inigualable que cualquier otro lugar. Ciertamente
no es que el arte sea sólo de Roma, pero
si se consideran los eventos históricos, las condiciones de vida
y la técnica, y también la fe que ha inspirado
y permitido tanta obra maestra, esto responde por sí mismo.
Mi artista favorito es Miguel Ángel y me gusta la
pintura. Creo que este hombre ha logrado desarrollar un lenguaje
artístico con el cuerpo humano como culmen de la belleza
física».
El Santo Padre indica que una verdadera peregrinación marca una
diferencia «pues hay que salir de la vida cotidiana, del
mundo de lo útil, del utilitarismo, para ponerse verdaderamente en
camino hacia la trascendencia, trascenderse a sí mismo y la
vida cotidiana, y así encontrar también una nueva libertad, un
tiempo de replanteamiento interior, de identificación de sí mismo, para
ver al otro, a Dios» (Entrevista concedida a los periodistas
de camino a España, 6 de noviembre de 2010). El
padre Mark, quien prefiere llamar a las visitas guiadas peregrinaciones,
comparte el impacto que esta experiencia tiene en las personas:
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| Una de las cúpulas en la Basílica de San Pedro. | |
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«La gente se queda impresionada al ver la profundidad de
obras como la Capilla Sixtina, la Cúpula Vaticana, la Pietà,
etc. En diversas ocasiones me han dicho o escrito por
correo electrónico que su peregrinación a San Pedro, a los
Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina no sólo fue el
mejor momento de su visita a Roma, sino que también
ha sido una experiencia que ha dejado huella para toda
la vida. Pero de nuevo, siendo honestos, creo que esto
se ha logrado por ser un momento de la gracia
divina. Como guías, nuestro papel más que transmitir contenidos y datos,
es facilitar una experiencia de la belleza en todos los
sentidos a través del arte, pero también situándolo en su
contexto personal e histórico para que pueda realmente servir de estímulo para
reforzar nuestro vínculo y nuestro diálogo con el Señor, como
dice el Papa».
Si esto es importante para cualquier peregrino, lo
es mucho más para los religiosos que llegan a Roma para
continuar su formación. Ellos están teniendo visitas guiadas para recorrer
sistemáticamente la Ciudad Eterna, y algunos se preparan para también
ser ellos mismos guías de peregrinos y evangelizadores a través
del arte. De alguna manera son conscientes de que, como
refiere el Beato Juan Pablo II en su libro Don
y Misterio, más aún que los estudios, esenciales para la
misión del sacerdote, es importante aprender Roma misma.