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| El coro de la Universidad Europea de Roma en una foto grupal (y de derecha a izquierda) con Mons. Lisane-Christos Matheos Semahun (Etiopia); el rector, P. Paolo Scarafoni, L.C. y Mons. Bruno Forte. | |
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Por Carlo Climati
(original en italiano)
La cultura
y la educación; la pobreza y la justicia social; la
familia y la vida. Estos son los temas fundamentales que
caracterizan el esfuerzo académico de la Universidad Europea de
Roma, que ha llegado a su 7º año de actividades.
Así
lo subrayó el rector, P. Paolo Scarafoni, L.C., el pasado
15 de noviembre, en el mensaje de apertura de la
ceremonia de inauguración del año académico 2011-2012.
Según el P. Scarafoni:
“La crisis económica general internacional no concluirá fácilmente, porque es
algo profundo y cultural”. “Es un hecho que la cultura
de occidente no sabe sobrellevar, no tiene una idea clara
de humanidad, no tiene una identidad; las ciencias pasan por
una crisis profunda y no saben si están en posibilidad
de promover el desarrollo humano o si responden a un
mecanismo sin sentido. Asistimos, casi impotentes, a la aceleración del
archipiélago biogenético y al decaimiento de la institución familiar. Todo se
ha vuelto una mercancía. Es urgente hacer una reflexión sobre
la emergencia antropológica y educativo-familiar”.
El rector de la Universidad Europea
de Roma ofreció en su ponencia un mensaje de esperanza
para el futuro, recordando que “la Iglesia, no obstante las
dificultades que encuentra en su labor pastoral, ve abrirse ante sí
la oportunidad de llenar el gran vacío cultural para remediar
el declive imparable de las clases dirigentes occidentales”.
“Los ateneos como
el nuestro”, concluyó, “deben sentir fuertemente la responsabilidad de formar
nuevas clases dirigentes provenientes de nuevos sectores de la población.
Se requiere savia nueva que no alimenten los mecanismos de
los viejos círculos estrechos y transversales que nos han llevado
al turbo-capitalismo sin reglas y sin sentido, más padecido que
aceptado por la mayoría de la población mundial, y también
por la mayoría de la población italiana; se necesitan nuevas
palancas surgidas de los cristianos que puedan dar una contribución
a los modelos sociales de desarrollo no nada más basados
en el lucro, sino también en formas de mutualidad y
de cooperación orientadas al bien común (cfr. Caritas in veritate).
Mons.
Bruno Forte, arzobispo de Chieti-Vasto, tuvo la Lectio Magistralis sobre
el tema de la emergencia educativa, partiendo del icono bíblico
de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35): “Me parece que
el modelo del Hijo de Dios, que se hace educador
de los dos discípulos, tan semejantes a nosotros y a
nuestros jóvenes, como nosotros ‘necios y torpes para creer lo
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| Mons. Bruno Forte, arzobispo de Chieti-Vasto. | |
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que dijeron los profetas’, puede ayudarnos a comprender cómo responder
al reto tan urgente como decisivo de la educación”.
“La narración
de Emaús nos hace, sobre todo, comprender que la educación
es un camino”, explicó Mons. Forte. “Esta no surge en
la cerrazón de una relación exclusiva y tranquilizadora, determinada de
una vez para siempre, sino se expone al riesgo y
a la complejidad del devenir de la persona, extendida entre
la nostalgia y la esperanza, de la que es figura
el camino de Jerusalén hacia Emmaús recorrido por dos discípulos
y por el viajero misterioso. Todos hemos salido de la
ciudad de Dios, en cuanto obra de sus manos, y
somos peregrinos hacia el mañana avanzando en este atardecer, necesitados
de alguien que nos esté cercano, y que podamos contar
con su presencia confiable.
Si el hombre está solo en este
mundo, la última palabra sobre su destino no podrá más
que ser aquella del final silencioso en el cual se
apagará su existencia. Si, en cambio, hay un Dios que
es amor, cada ser personal es un “tú” único y
singular a quien se dirige este amor, y como tal
vive y vivirá para siempre gracias a la fidelidad eterna
del interlocutor divino. La tristeza de los dos discípulos al
inicio de la narración de Emmaús es aquella de quien
teme que la muerte haya vencido a la vida; el
entusiasmo con el que parten en la noche para ir
a anunciar a todos el haber encontrado al Resucitado es
aquel de quien sabe que la vida ha vencido y
vencerá a la muerte”.
Mons. Bruno Forte ha recordado que “entre
las dos opciones, la elección es decisiva y se realiza
cada día”. “Por ello –afirmó– estamos todos en camino por
la vía de la educación, para elegir siempre de nuevo
aquello sobre lo que se mantiene o cae el sentido
último de nuestra vida. Y por ello el anuncio de
la vida victoriosa sobre la muerte debe resonar todos los
días, en un incesante testimonio visto en el compartir del
camino y en la propuesta humilde y valerosa de la
buena nueva del amor, hecha en la más amplia variedad
de formas, de lenguajes, de experiencias: es esta la “nueva
evangelización” que necesita cada generación. Siempre habrá necesidad de educadores,
que sean personas de corazón nuevo, capaces de cantar el
canto nuevo de la esperanza y de la fe a
través de los caminos, a veces tortuosos y escarpados, a
los que los peregrinos del tiempo están llamados a recorrer”.
“Quien
educa –subrayó el arzobispo– no deberá olvidar nunca que la
puesta en juego en la educación es una elección decisiva
de la persona, la opción fundamental que calificará su estilo
de vida y las decisiones singulares sectoriales. Educar quiere decir
introducir al sentido de la realidad total, a través de
un proceso que ayude a las personas a reconocer como
verdaderas y a acoger en la libertad las razones de
vida y de esperanza que le vienen propuestas. La meta
de una educación plena y realizadora no puede ser otra
que la elección libre y fiel del bien, la única que
permita a la persona de entrar en la obediencia al
diseño de Dios sobre ella, donde está su verdadera paz”.
La
ceremonia concluyó con los cantos del coro de la Universidad
Europea de Roma y con la mención al mérito de
los mejores estudiantes.