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| P. Carlos Ma. García de Alvear, L.C. | |
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Santiago (Chile), 20 de julio de 2012 – LeCristo.
A inicios del mes de junio de 2012 se ha
hecho público el nombramiento del nuevo director del Colegio Cumbres masculino. Se trata del P. Carlos María
García de Alvear, L.C., quien remplazará al P. Alfredo
Márquez, L.C., que ha sido nombrado asistente del director territorial
para los centros educativos del territorio de Monterrey.
El
P. Carlos María, quien es originario de la ciudad
de Sevilla en España, ingresó a la Legión
de Cristo a los 18 años en el noviciado de
Salamanca, en septiembre de 1983. Al año siguiente es
enviado a continuar su noviciado en Chile, en la comuna
de Puente Alto. Realiza sus estudios humanísticos en la
ciudad de Salamanca en España y, posteriormente, se traslada
a Roma, en donde estudia filosofía y obtiene su
licenciatura en Teología en el Ateneo Pontificio Regina
Apostolorum.
El 25 de noviembre de 1994 es ordenado
sacerdote y, desde ese momento hasta la fecha, ha realizado
su ministerio sacerdotal ayudando en la formación de los
legionarios en muy diversas funciones como: Director del Instituto
para Formadores de Seminarios del APRA (1994- 1999); Vicepresidente
del Consejo Administrativo de la Fundación Villaggio dei Ragazzi
(2008-2012); y formador en el Centro de Estudios Superiores
y en la sede de la Dirección General en Roma.
A continuación, el P. Carlos María García de Alvear,
L.C., nos comparte sus impresiones sobre su nuevo nombramiento y
su labor apostólica en Chile.
Durante más de 20
años usted ha sido formador de legionarios en Roma.
¿Cómo cree que esta experiencia le ayudará en su
nueva misión como director de un colegio?
Espero que sí
me ayude; imagínese que no me ayudase. Desde los
21 años estoy dedicado a la formación y me ha
tocado la gracia de trabajar con niños, adolescentes, jóvenes
y personas mayores. Formar y educar son labores maravillosas,
pero hay que recordar que que no dependen sólo
de un director en un colegio, sino de toda la
comunidad educativa. Y el equipo del Colegio Cumbres es
muy completo y competente.
Geográficamente Italia y Chile no
son países cercanos. ¿Qué sintió cuando le dijeron que
vendría a Chile? ¿Fue una sorpresa o lo esperaba?
Me
puse feliz pues en Chile hice mi 2º año
de noviciado en el curso 1985-86. Ya entonces me quedé
profundamente tocado por la belleza del país, la fecundidad
de su tierra y por la grandísima calidad humana
y amabilidad de todos los que conocí. Para alguno parecería
una visión excesivamente positiva, pero así fue. Y eso
que no conocí el sur del país. Lo único
lamentable fue la experiencia del terremoto del 1985 que nos
derrumbó el Noviciado.
¿Qué elementos considera usted importante
para la formación de la niñez y juventud?
Coincide con
el ideal formativo que propone la Legión de Cristo
y el Movimiento Regnum Christi para sus obras educativas
que es la formación integral. No se me escapa que
la excelencia académica es uno de mis grandes objetivos,
así como que sean espíritus inquietos e innovadores que
tengan una mirada que supere las fronteras. Pero ¿de
qué serviría si a su vez no son hombres honrados,
respetuosos y sensibles a las necesidades de los demás,
hombres que aprovechan sus talentos; cristianos que conozcan, amen
su fe y construyan unas familias de bien? Claro, también
es una prioridad que el Colegio Cumbres siga siendo
el que gana todo en deportes… al menos esa
es la fama que llega hasta Roma.
¿Cómo es su
familia y qué valores aprendió de ellos?
He tenido
la gracia de ser el séptimo de 10 hermanos.
Tengo otro hermano sacerdote legionario mayor que yo. Cuando
pienso en mis padres me lleno de sano orgullo pues
son excepcionalmente normales, alegres y llenos de fe. Hubo
una desgracia familiar que nos marcó a todos. Mi
hermano mayor tuvo un accidente de automóvil a los 18
años y murió. Fue el día de la Asunción,
el 15 de agosto. ¿Cómo explicas esto a unos niños?
Imposible. Mis padres hicieron suyas las palabras de Job:
Dios nos lo dio, Dios nos lo quitó. ¡Bendito
sea Dios!
Y a nosotros Dios nos enseñó que estamos
de paso en esta vida; que no nos llevaremos
nada más que lo que hemos hecho por Dios
y por nuestros hermanos. Que la vida hay que aprovecharla.
Otro gran valor que nos han trasmitido es el
amor a la Virgen María. Todos los hermanos tenemos
el nombre de María y a todos nos consagró a
Ella nuestra madre al nacer; con su protección y
compañía la vida y la muerte es más bella.