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“Mis papás tenían un secreto”
BRASIL | APOSTOLADO | TESTIMONIOS
Testimonio Vocacional del P. Carlos Porto Nogueira, L.C.

Pe. Carlos Nogueira, L.C.
P. Carlos Nogueira, L.C.
Hasta los 26 años jamás se me había ocurrido ser sacerdote. Pensaba en tener una vida “normal”, como la mayoría de los jóvenes de mi edad: tener un buen empleo, ganar mucho dinero, tener una familia, hijos y disfrutar de la vida. Fue así que traté de estudiar, y empecé a trabajar. Mi pasión era la música, y quería dedicarme a ella de por vida. Dedicaba mi tiempo al trabajo y a la música, pero, poco a poco, me fui dando cuenta de que algo más me faltaba... Conforme iba conquistando mis objetivos, me quedaba siempre más claro que el proyecto de vida que había planeado no podría llenarme. Precisamente en esta época conocí a la Legión de Cristo.
              
El sacerdote legionario que llegó a mi ciudad, Porto Alegre, me mostró la cara de la Iglesia que siempre había buscado, que me había ilusionado desde mi niñez. La seriedad, la alegría, la fidelidad al Papa y la cercanía de este joven sacerdote despertó en mí la curiosidad por conocer mejor a los legionarios. Hasta entonces, era sólo curiosidad, nada más. Al menos era así como lo veía. Pasaba por un momento de aridez espiritual, y necesitaba urgentemente de un momento de reflexión. Decidí aceptar la invitación del padre a pasar el triduo sacro en Curitiba, en el noviciado de la Legión. Yo realmente no me imaginaba lo que estaba sucediendo, pero la Providencia daba los primeros pasos para llevarme por el camino del sacerdocio. Al final del retiro, me vino a la mente, con insistencia, la pregunta: “¿por qué yo no podría ser también como ellos?” Entendí desde aquel momento que sólo Dios podría responder a esta pregunta. No tuve miedo, ni intenté escaparme. Simplemente le pedí a Dios que me ayudase a conocer con claridad cuál era su voluntad. Que si Él me llamaba al sacerdocio, me lo hiciera saber con seguridad. Aún no sabía lo que le estaba pidiendo a Dios, pero Él tuvo paciencia con mi atrevimiento, y me fue mostrando el camino.
 
A lo largo del año, fui entendiendo cada vez más el
P. Carlos Porto Nogueira, L.C. al momento de la entrega del caliz y la patena al momento de su ordenación sacerdotal.
P. Carlos Porto Nogueira, L.C. al momento de la entrega del caliz y la patena al momento de su ordenación sacerdotal.
plan de Dios para mí. El Señor atendía mis peticiones y me fue llenando de gozo y tranquilidad para dejarlo todo.
 
La raíz de mi vocación: la oración de mi mamá

En septiembre de este mismo año, conocí a Nuestro Padre Fundador. El encuentro con él y sus palabras motivadoras me ayudaron a tomar la decisión definitiva.
 
Al final del mes de diciembre, fui a la oficina de personal del banco donde trabajaba. Pedí la renuncia de mi trabajo, conquistado con tanto esfuerzo. Era el fin de mi estancia en el mundo. Salí lleno de consolación, con la certeza de estar haciendo algo grande y maravilloso por Dios.
 
Los siguientes catorce años fueron una época llena de aventuras por amor a Cristo. Me tocó estar en algunos países y culturas diversas, mucho estudio y muchas pruebas. Sería demasiado largo contarlo todo. Pero quisiera antes de terminar, ir a lo que considero la raíz de mi vocación.
 
Vengo de una familia de seis hijos, cuatro varones y dos chicas. Hoy, de los seis, cuatro son consagrados: dos legionarios (el P. Celso Nogueira y un servidor), uno jesuita y una consagrada en el movimiento Regnum Christi. Mi otra hermana, la mayor, está casada; y el más pequeño vive con mis papás en Rio. La gente, cuando se entera, quiere saber cómo han salido tantas vocaciones de la misma familia. Yo mismo me interesé por saberlo, y creo poder dar una respuesta.
 
Un antiguo escritor cristiano, Tertuliano, decía que la sangre de los mártires era semilla de nuevos cristianos. Parafraseándole, podría decir que el sacrificio de una madre es semilla de nuevas vocaciones. Mis papás tenían un secreto... Rezaban para que Dios les mandara una vocación en la familia. Nunca nos lo contaron hasta que nos consagramos. Se lo pedían con frecuencia al Señor, pero Dios también tenía un pedido que hacerles... Mi mamá debía seguir pidiendo por las vocaciones, pero ya no en esta tierra. En seis meses un cáncer muy doloroso le fue quitando la vida, y ella siguió ofreciendo sus padecimientos por los sacerdotes y las vocaciones. En 1974, cuando murió, las semillas empezaron a germinar, y después de muchos años, salieron los primeros brotes. Mi hermano jesuita entró al seminario en 1990. Mi hermano y un servidor entramos juntos a la Legión el año 1994. Mi hermana se consagró en 1999. El sufrimiento, una vez más, mostró toda su eficacia, cuando es aceptado y ofrecido por amor a Cristo. Nuestra vocación empezó allí, donde la semilla cayó en el surco. Mi mamá, desde el cielo, sigue intercediendo por los sacerdotes y las vocaciones, especialmente por las de sus hijos. Nos ha dado el ejemplo del apostolado del dolor.
              
¡Ahora nos toca a nosotros!
 
El P. Carlos Porto Nogueira nació el 30 de diciembre de 1967, en Porto Alegre, Brasil. Durante cuatro años estudió química en la Universidad Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, Brasil. Ingresó a la Legión de Cristo el año 1994, en Curitiba, Brasil. Hizo sus prácticas apostólicas en São Paulo y en Venezuela (Caracas y Barquisimeto). Estudió filosofía y teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma. Actualmente trabaja con los grupos de jóvenes en Rio de Janeiro.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2008-02-12


 


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