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Amar desde el dolor
MÉXICO | APOSTOLADO | TESTIMONIOS
«Los dos lo recibimos con amor cuando nació y ahora lo entregamos a Dios con mucho más amor».

Natividad Reyes Mondragón.
Natividad Reyes Mondragón, Evangelizador a Tiempo Completo.

México, 14 de julio de 2006. Publicamos a continuación el testimonio que Natividad Reyes, evangelizador a tiempo completo, escribió el pasado mes de abril. Nos narra su conversión y crecimiento en la fe a través de experiencias marcadas por el dolor.

Los evangelizadores de tiempo completo buscan ayudar a los obispos y a los párrocos a formar agentes laicos bien preparados que se dediquen totalmente a la evangelización, con prioridad a la catequesis.

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Mi nombre es José Natividad Reyes Mondragón, mi esposa Hortencia Carreño de Reyes. Soy evangelizador de tiempo completo desde el año 1989. Originario de Cd. Altamirano, Gro., parroquia del Sr. De Esquipulas de la diócesis de Cd. Altamirano.

Antes de ser evangelizador había sido protestante, asistí 6 meses con los testigos de Jehová. Un día ellos me regalaron una revista que no me convenció, entonces me integré con los pentecostales en donde estuve 3 años y estudié para pastor, pero tampoco era por ahí el camino a seguir. Regresé a la Iglesia católica junto con mi esposa haciendo nuestra profesión de fe ante el obispo de nuestra diócesis Dn. Raúl Vera López, hoy obispo de Saltillo. Con él consagramos también nuestro matrimonio. Pasaron doce años y nosotros no podíamos tener hijos, los médicos en 3 ocasiones después de estudios y tratamiento nos decían que mi esposa nunca podría tener hijos; sin embargo nunca perdimos la esperanza y la fe.

Un día mi esposa llegó contenta con una oración que se la había dado una ancianita para que la hiciéramos juntos pidiendo la bendición y protección de nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen. Los dos la rezábamos a diario hasta que en el mes de noviembre de 1998 empecé a notar cambios en mi esposa, pero no le comenté nada sino que ella me dijo que creía que estaba embarazada, le dije que no se emocionara mucho, que tomara las cosas con calma. En el mes de febrero, le pedí que se hiciera estudios y los resultados fueron positivos: seríamos padres.

El 28 de julio de 1999 nació mi primer hijo al que le pusimos por nombre José Natanael (en hebreo Dios me lo ha dado). A los dos años y medio el Señor nos bendice con nuestro 2º hijo al que le pusimos por nombre Israel, nació el 25 de enero del 2002. El 9 de febrero del 2004 el Señor nos bendice por 3ª vez con una niña a la que le pusimos por nombre Belkis Almaruth. A los 5 meses de nacida se nos enfermó gravemente, le detectaron un soplo en el corazón. La trasladamos al hospital del niño en Toluca, en donde le hicieron estudios más especializados. Fue necesaria la cirugía. Al poco tiempo la llevamos a Acapulco, el resultado del estudio fue el mismo, la canalizaron a México al Hospital S. XXl y fueron los mismos resultados. Nos comentaron que no se podía operar hasta después de 2 años. La enfermedad de mi pequeña se la hemos entregado a nuestro Señor Jesucristo y nuestro sufrimiento sigue en pie, no hemos dejado de anunciar el amor de nuestro Padre Dios y de nuestro Señor Jesucristo.

En estos momentos, en que escribo este testimonio, nos encontramos viviendo un momento de dolor por nuestro primer hijo, Natanael.

Todo comenzó el 7 de marzo de este año, por la mañana. Mi hijo estuvo muy mal, los maestros nos hablaron que fuéramos por él y lo llevamos de inmediato al doctor, el cuál le dio sólo calmantes. Nuestra vida siguió normal, preparando misiones de Semana Santa en las comunidades de nuestra parroquia, a mi hijo lo veíamos muy alegre y animoso por las misiones, sin embargo, el 13 y 27 nuevamente se nos puso más delicado, estando bajo tratamiento. El día 30 de marzo lo tuvimos que internar. Ya no se sostenía, su voz se iba perdiendo, él me preguntaba: ¿qué es lo que me está pasando? El 31 por la tarde, fue trasladado a Acapulco para sus estudios.

Mi niño ya no habló, mi esposa y yo lloramos, nunca dejamos de hacer oración, mi hijo estaba a punto de morir. En el mismo hospital existe una pequeña capilla en donde oré y le entregué a mi hijo al Señor, cuando regresé con mi esposa ella había hecho lo mismo, le dije: acabo de hacer los mismo, pero ahora, hagámoslo juntos como padres ya que los dos lo recibimos con amor cuando nació y ahora lo entregamos a Dios con mucho más amor.

El sábado 1º de abril, a las 4 de la tarde, le tomaron una tomografía, el resultado fue un tumor en el cerebro. Esta noticia nos destruyó moralmente, sin embargo, perseverábamos en oración y constantemente estamos recibiendo llamadas de nuestros hermanos y sus oraciones, así como de los sacerdotes ofreciendo sus misas. El lunes 3 de abril fue trasladado al hospital S. XXI de la Ciudad de México en donde tuvo dos intervenciones. En cada una de éstas, mi hijo se debilitaba más. El día 6 nos informaron que el tumor era maligno así que prácticamente no nos daban esperanzas de que viviera.

Por la tarde nos visitó el P. Luís Carmelo Suena, L.C. para administrarle los santos óleos, en ese momento mi hijo obtuvo una gran recuperación ya que no había abierto sus ojos desde el día 1º de abril y comenzó a reaccionar.

El 7 de abril, a las 10 de la mañana, los Drs. Rivas y López nos informaron del estado de vida de mi hijo que era grave y que no era seguro que viviera, firmamos para que lo intervinieran quirúrgicamente.

A las 11 de la mañana nos despedimos de nuestro hijo y le dimos su bendición, mientras orábamos constantemente tanto por nuestro hijo, como por los demás niños, ya que hemos visto el sufrimiento de otros padres de familia por sus hijos, en donde  me he acercado a fortalecerlos con la palabra de Dios dándoles ánimos.

El pasado 12 de abril, se lo hemos entregado al Señor con mucho amor, como cuando lo recibimos, ya que nuestro hijo desde los 3 años nos decía que deseaba ser sacerdote y después obispo, tal vez nosotros no hubiéramos podido conducirlo por el camino de nuestro Señor Jesucristo como Él lo está haciendo en su presencia. Hoy mi hijo está gozando de la presencia del Señor.  El paso por esta vida para Él fue muy corto, cumplió con su misión de ser un buen hijo.

A nosotros corresponde seguir sembrando en el corazón de las familias el amor de nuestro Padre Dios y de nuestro Señor Jesucristo para la salvación de los hombres, a pesar de las dificultades que se nos presentan en nuestra vida y poder decir: «Señor, ayúdame a que pueda decir, ¡OH! bendita cruz, que tu Señor me diste, primero te sufría con paciencia, luego con gozo y hoy te abrazo con amor».

Les pido a todos sus oraciones por nosotros para que el Señor nos fortalezca y sepamos aceptar siempre con serenidad su voluntad.

Atentamente,
J. Natividad Reyes Mondragón


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2006-07-14


 

 


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