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Una experiencia inolvidable
| APOSTOLADO | TESTIMONIOS
La plenitud que siento, no puede ser reemplazada por posesión material alguna, ni nada que se le parezca.

Marga Cacho
Marga Cacho, miembro del Regnum Christi, atrajo muchas almas a los pies de Jesús, gracias a su sonrisa, entusiasmo y caridad.
Todavía me acuerdo del primer día de misiones de aquel 6 de noviembre de 2002. Íbamos en coche, camino a ver el poblado cerca de Malvar, en las Filipinas, y recuerdo que por primera vez pensé: "¿Esto es real? ¿En verdad iré tocando de casa en casa las puertas de personas que me son completamente extrañas para ver si puedo entrar y hablar con ellos de Dios durante un rato? En ese momento no me creí la persona indicada para ello.

En cuanto llegamos, a cada grupo se asigno una zona para misionar y entonces... ¡la aventura comenzó! Lo que posteriormente haríamos sería entrar en una vivienda, leer un pasaje de la Biblia, rezar y hablar con la gente sobre sus vidas y sus preocupaciones.

Al principio, algunos de los habitantes se mostraban algo escépticos. No entendían exactamente por qué estábamos allí. Pero creo que después del primer día, las noticias acerca de nuestra presencia se esparcieron por el poblado. Lo cierto es que, a medida que transcurría el tiempo, muchas familias nos invitaban a sus casas, aun antes de que nosotros las invitáramos a ello.

La gente del lugar era verdaderamente hospitalaria y generosa. Recuerdo muy bien que al segundo día vi un cabrito en el camino y comencé a jugar con él; antes de que me diera cuenta, la gente ya estaba ofreciéndomelo para que me lo llevara. Gestos como éste me impactaron, ¡cómo era posible que esta gente, que no poseía mayores bienes, ofrecía lo poquito que tenían!

En particular, recuerdo la visita que le hicimos a una ancianita. Estuvimos hablando con ella e invitándola a que se confesara esa misma tarde. Nos estuvo diciendo que ella antes solía ser muy activa en la Iglesia, pero que hacía tiempo que ya no participaba. La razón era que había quedado semi-paralizada de la cintura para abajo a causa de dos golpes. Le dijimos que trataríamos de pedirle al sacerdote que viniera a verla, pero no estábamos seguros de si podría hacerlo. Por fortuna, el padre estaba disponible y en ese momento llegó a visitarla. Escuché decir que los ojos de la anciana brillaban de emoción después de ello.

Gracias a esta experiencia, me di cuenta de que el gozo de ayudar a otra gente es, de hecho, la felicidad más grande que uno puede experimentar. La plenitud que siento no puede ser reemplazada por posesión material alguna. Sólo espero que el Regnum Christi continúe creciendo más y más aquí, en las Filipinas, para que los futuros misioneros puedan experimentar lo que viví yo.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2003-05-27


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