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| El P. Luis Alfonso Orozco, L.C., presentando el tema de la "cristiada". | |
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Tomado del Semanario Arquidiocesano de Guadalajara, del
21 de junio de 2012.
El martes 12 de junio, por
la noche, en Hacienda la Providencia, el Padre Luis Alfonso
Orozco, Religioso Legionario de Cristo, ofreció una Conferencia exponiendo
los resultados de su Tesis Doctoral, así como material de
algunos de sus libros, para seguir ahondando en el tema
de la persecución religiosa en México, una realidad ignorada todavía
por muchos mexicanos.
Organizada por la Escuela de la Fe,
esta ponencia fue un éxito y reunió a un centenar
de personas interesadas en conocer más acerca de estos tópicos,
de los cuales “no se habla en los libros de
historia oficial”. Esta Agrupación se encarga de promover, entre los
católicos, Diplomados, Talleres, Conferencias, con la finalidad de que adquieran
una mayor y mejor formación en materia de fe.
De inicio,
el Padre Alfonso identificó los momentos de una agresión a
la libertad religiosa en nuestro país, que se inició de
manera directa con la Revolución Mexicana, y que concluyó (aunque
en la realidad continúa hasta nuestros días) en 1938. Dentro
de este período, los mexicanos, cansados de la vulneración de
sus libertades y en legítima defensa de su fe, se
levantaron en armas. Este capítulo ha sido conocido como La
Cristiada o Guerra Cristera (de 1926 a 1929). En todo
este lapso de persecución, abundaron los Mártires que dieron testimonio
de Cristo. Y, por cierto, las reliquias de algunos de
ellos estuvieron expuestas durante la charla.
México tiene identidad guadalupana
Por otra
parte, el también Profesor del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum,
de Roma, afirmó que, de inicio, no se entiende México
sin el evento Guadalupano: “Hay que tomar en cuenta que,
antes de la Conquista, no podemos hablar de un país;
era, más bien, un territorio con multitud de tribus diferentes
que peleaban entre sí. Después del doloroso parto de la
Nación Mexicana que fue la Conquista, puede hablarse ya de
identidad nacional a partir de 1531. De hecho, la Independencia
de México no marca el inicio del país; en 1821
(fecha de la Consumación de la misma) no se hace
México; sólo se independiza”.
Entonces, la identidad de México es, como
tal, la fe; una cultura de devoción, sobre todo a
La Guadalupana, en una nación que, para la época de
la Revolución, se consideraba 98% católica, asentó el investigador: “De
ahí que no se entienda que, justamente los ‘héroes’ mexicanos,
los oficiales, sean personas totalmente anticlericales. Hay que tomar en
cuenta que los Gobiernos de la Revolución son prácticamente la
misma línea que gobernó México hasta el año 2000. Este
grupo creó una ‘historia oficial’ mexicana, con sus propios héroes
y villanos”.
La persecución se debe al odio a la fe
Durante
la época carrancista (del Presidente Venustiano Carranza Garza), se intensificó
el odio a la fe, y de ahí, se sucedieron,
paulatinamente, atentados contra las creencias y devociones de los mexicanos.
Ejemplo de ello fue la bomba colocada en la Basílica
de Santa María de Guadalupe.
Después llegó a la Presidencia de
la República el General Plutarco Elías Calles, calificado por el
expositor como una persona fanática: “Se dice que un fanático
es alguien que no piensa, no razona y es intolerante.
Calles reunía estas características. Él pensaba que podía y debía
erradicar la fe del pueblo; quiso aplicar los Puntos de
la Constitución de 1917 en su forma más radical, redactando
una serie de normas que serían llamadas más tarde ‘la
Ley Calles’”.
Por eso surgió la lucha por la libertad religiosa
en México, a la que se sumaron, en su mayoría,
campesinos y gente de pueblo, personas sencillas que sólo querían
recuperar el derecho a manifestar libre y públicamente su fe.
De esta época existen testimonios de numerosas víctimas inocentes, pero
también de muchos Mártires; aquéllos que hasta el último momento
fueron testigos de su fe, que no tomaron las armas,
pero fueron personas -Sacerdotes y Laicos- que valientemente predicaron a
Cristo hasta las últimas consecuencias.