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Hacer memoria de Dios.
2014-08-15 (Artículo)
«El camino para ser creativos es a través de la oración» (Artículo)

«Hacen falta sacerdotes que tengan la voluntad de servir a Cristo en las almas»
MÉXICO | APOSTOLADO | NOTICIAS
Experiencias del P. Patrick Corrigan, L.C., en tierras de misión.

P. Patrick Corrigan, L.C
P. Patrick Corrigan, L.C

«Hermanos, nosotros tenemos un tesoro: éste de Jesucristo Salvador. La Cruz de Jesucristo, este tesoro del que nos jactamos. Pero lo tenemos en un vaso de barro. Jactémonos también de nuestro prontuario, de nuestros pecados. De esta forma el diálogo es cristiano y católico: concreto, porque la salvación de Jesucristo es concreta. Jesucristo no nos ha salvado con una idea, con un programa intelectual. No. Nos ha salvado con la carne, con lo concreto de la carne. Se ha abajado, hecho hombre, hecho carne hasta el final. Pero solamente, sólo se puede entender sólo se puede recibir, en vasos de barro» (Homilía de la misa celebrada en Santa Marta, 14 de junio de 2013). Con estas palabras el Papa Francisco exhortaba a los sacerdotes a valorar su propio sacerdocio y vivir desde la verdadera humildad, que sabe reconocer los dones de Dios en su propia vida y ponerlos al servicio de los demás. En esta misma línea, queremos compartir el testimonio sacerdotal del padre Patrick Corrigan, L.C., quien actualmente funge como párroco en la ciudad de Chetumal, territorio de la Prelatura de Cancún-Chetumal, donde nos
Presentando su libro “Memorias de un misionero” en el canal de televisión de Chetumal.
Presentando su libro “Memorias de un misionero” en el canal de televisión de Chetumal.
cuenta cómo conoció la Legión, su formación y su actual ministerio sacerdotal.

Un camino por recorrer

«Nací en Dublín Irlanda el 27 de Julio de 1943. Mis papás, que de Dios gocen, se llamaban John y Mary. Estudié mi secundaria y preparatoria en St. Mary´s College, Rathmines. Durante el último año de preparatoria, visitaban nuestro salón sacerdotes de diferentes congregaciones religiosas. Ente los muchos que pasaron, sólo uno me produjo un “click”: el padre James Coindreau, legionario de Cristo. Pasados algunos días, vino a mi casa en Renalagh, al sur de Dublín. Me dijo que me iba a llamar, pero no lo hizo. Le llamé por teléfono y luego de pedirme disculpas por el olvido, me invitó que me fuera lo antes posible al noviciado en Hazelbrook. Era una granja en las afueras de Dublín. Mi mamá me acompañó hasta la puerta. Bajé mis maletas del coche. Nos abrazamos un ratito. Ella se fue y yo me quedé. Era el mes de septiembre del año de 1960».

«Terminados los ejercicios, 19 novicios recibimos el uniforme. Mi “ángel” (el novicio encargado de introducir a los de
En medio de la construcción de la nueva parroquia en Chetumal.
En medio de la construcción de la nueva parroquia en Chetumal.
nuevo ingreso a las actividades del noviciado) era el padre Raymund Comiskey, L.C. Nos quedamos un año en Dublín. El segundo año de noviciado lo pasamos en Salamanca. Estando en España, nos avisaron que nos fuéramos a Roma para atender a los obispos que se hospedaron en el colegio durante el Concilio Vaticano II. Cumplida nuestra tarea nos regresamos en el camión a España para continuar nuestro juniorado».

«Nos entregamos al estudio hasta terminar el curso. De nuevo empacamos nuestras cosas y regresamos a Roma para iniciar la filosofía y la teología. Al finalizar  los ejercicios espirituales en Salamanca del mes de septiembre del año 1969, recibí la tonsura. En el mes de octubre del año 1970 recibí el diaconado y el día primero de noviembre del mismo año fui ordenado sacerdote en nuestra parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y san Felipe mártir, en Roma, de manos del Mons. Ernesto Civardi, quien años después fue creado cardenal por el Beato Juan Pablo II».

El ministerio sacerdotal en tierra de misión

«Fui enviado a las misiones de Quintana Roo. Llegué el 27 del mismo mes de noviembre a la ciudad capital de Chetumal para que, sin demora, estrenara mi sacerdocio. El entonces padre Jorge Bernal Vargas L.C. (quien fue consagrado obispo el 19 de marzo en el atrio de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe) y los padres Alfonso Valencia, L.C., y John Coady, L.C., fuimos los primeros cuatro legionarios que llegamos a las misiones de Quintana Roo. Ejercí mi ministerio como párroco en Isla Mujeres. Me correspondió la atención pastoral de 22 comunidades y otra isla con el nombre de Holbox. Seis años después me trasladaron a Bacalar, a media hora de Chetumal. El número de comunidades sumaban 38. También atendía dos campamentos de refugiados guatemaltecos con un número de ocho mil cada uno. Finalmente el siguiente cambio fue para la ciudad capital de Chetumal, donde llevamos adelante el proyecto de la construcción de un edificio que sería una parroquia y otra Iglesia. Son colonias pertenecientes a los nuevos desarrollos de la ciudad».

«Puedo decir que desde el principio mi mayor desafío ha sido lograr la corresponsabilidad de los laicos en las obras de la Iglesia, concientizar a todos en su participación activa. En particular, he buscado formar a quienes han manifestado un mayor interés por entregarse más a la evangelización. Me ha ayudado a ser una persona independiente, que piensa en sus metas y las va a alcanzar impulsando a unos y empujando a otros, con tal de realizar lo que considero que es de máxima importancia para Dios, para la Iglesia y para las almas».

«Una de las dificultades que se me vino encima y perjudicaba mi actuar era que, algunas veces, la iniciativa de la gente brillaba por su ausencia. Aunado a lo anterior, y quizás muy relacionado, está el hecho de que no se daban cuenta de las necesidades de la Iglesia. Expresé mi inquietud a un grupo de ocho señores que me daban su apoyo. La respuesta que me dio uno de ellos fue muy reveladora: “Niño que no llora, no mama”. Tal vez sea lógico. Pero en realidad, yo pensaba que entre tantas personas, seguramente algunas podrían detectar mis necesidades y las del ministerio. Reflexionándolo después, me di cuenta que yo tampoco sabía cuáles eran las necesidades de ellos. Si no hay un  diálogo sincero, ¿cómo van a conocer mis inquietudes y necesidades más apremiantes? Sentía también un poco de pena para pedir y pedir tantas cosas. Pero, por amor a Cristo, superé mis complejos y el problema del idioma. Y así he logrado entender que a mí, como sacerdote legionario, me tocaba con el tiempo formar la iniciativa en las comunidades».

«¿Cómo podemos ser verdaderos discípulos y misioneros y hacer que quienes nos rodean lo sean también? Hay que reflexionarlo. Si decido seguir a Cristo, tengo que pensar a qué me voy a dedicar: debo mirar hacia adelante. No pueden depender ni mi esfuerzo ni me entrega de las actuaciones de los demás. Tengo que meterme en la cabeza que no podemos compararnos con los demás. Mi ánimo no debe depender de la compañía ni de quienes me rodean, sino de los objetivos que me he propuesto alcanzar con la gracia de Dios. Los hechos son parte muy importante de la fe. Hay muchos discípulos que aman a Cristo, pero por miedo, complejos, falta de iniciativa, ganas y sacrificio no hacen nada. Son personas muy educadas, pero no discípulos de Cristo».

Si me permiten un consejo en esta etapa de nuestra historia, les comparto que indudablemente tenemos que analizar nuestra Constitución para mejorar, corregir lo que hay que corregir; prevenir para que los fallos del pasado no se repitan. Quienes están decididos a seguir a Cristo en la Legión, que tengan sus ojos puestos hacia el futuro. Hacen falta sacerdotes aquí en las misiones de Quintana Roo y en donde quiera. Es necesario que tengan la voluntad de servir a Cristo en las almas. Dios es glorificado y alabado por nosotros. La Legión de Cristo es el camino que Él nos ha trazado. Estemos con Cristo en las buenas y en las malas. Que cada uno se busque la compañía permanente de nuestra Madre María».

Mira aquí dos vídeos documentales sobre el territorio de misiones.

Ver MISIÓN 1
Ver MISIÓN 2
Ver MISIÓN 3






FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-06-20


 

 


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