Búsqueda      Idioma 
     

«Hoy es el momento de la cosecha, tras una larga siembra» (Artículo)
Cuando en Navidad te dedicas a amar (Artículo)
El evento más grande de la historia y tú has sido invitado (Artículo)
¡Donde nace La Alegría! (Artículo)
"Vuestra vocación es al amor, y al amor más grande" (Artículo)

Cuando las rosas regresan
| APOSTOLADO | TESTIMONIOS
Cómo construimos nuestra familia adoptiva, un itinerario espiritual.

Jay Dunlap and family with Anthony
La familia Dunlap con el bebé Anthony
La cruz más pesada puede llegar a ser la bendición más dulce. Mi esposa Margie y yo hemos aprendido mucho sobre esta paradoja como padres adoptivos. Después de tres años de casados, intentamos tener un hijo. Habíamos probado utilizando la Planificación Natural Familiar, tratamientos de fertilidad, y hasta una operación quirúrgica; ningún resultado. Nos sentíamos frustrados. Llegamos a pensar incluso que Dios retenía a los niños que queríamos con tanto anhelo. Así que comenzamos a plantearnos la posibilidad de la adopción.

Antes de casarnos, ya queríamos adoptar por lo menos un niño, inspirados por el ejemplo de mi familia. Mis abuelos adoptaron un niño japonés que quedó huérfano después de la Segunda Guerra Mundial, y mis padres agregaron tres niños adoptados a sus nueve hijos biológicos.

En marzo de 1994, nos reunimos por primera vez con el personal local de adopción de Caridad Católica y casi milagrosamente, nueve meses después, trajimos a nuestro hogar el primer hijo adoptivo: Patrick.

En septiembre de 1997, adoptamos a nuestra primera hija, Marie Elena. Una joven madre dio a luz
Margie Dunlap
Margie y la pequeña Susannah Rose
al tercer niño que adoptamos Leo, nacido en febrero 2000.

Si se han alguna vez si sus oraciones por la cultura de la vida son escuchadas y atendias, considérense las gracias espirituales que se requieren para que una madre soltera pueda desafiar las presiones sociales y escoger el camino de la adopción. Los niños son adoptados sólo gracias al sacrificio generoso, heroico y doloroso de padres que dan el regalo más grande de toda la existencia. “¡No hay mayor amor que éste!".

Aprendimos que la adopción puede llegar a ser una vocación por sí misma. Y no es algo fácil. De hecho, el proceso de adopción nos hace bastante vulnerables a la desilusión, a las reveses, a la tristeza. Es ahí donde entra la fe.

El bebé y el cambio
Después de Patrick, nos encontramos varias veces con una mujer embarazada que nos escogió para adoptar a su hijo, una vez que naciera. Al final decidió que no nos lo podía entregar. Circunstancias de ese tipo en la adopción son semejantes, para nosotros, a perder un bebé durante el embarazo. Ella y su hijo permanecen en nuestras oraciones.

Pero lo peor estaba por venir. Apenas seis meses antes de que naciera Leo, trajimos a nuestro hogar a una niña a la que llamamos Verónica. No podía ser dada en adopción, porque nadie había localizado al padre biológico para obtener su consentimiento. Sabíamos que había un riesgo, pero dimos nuestro corazón a Verónica, con la esperanza de que podría permanecer como nuestro tercer hijo. Había estado con nosotros durante un mes, cuando apareció su padre y se interesó por ella. Tuvimos que pasar por varias semanas de costosas maniobras emocionales y legales. Después de tres meses de canciones de cuna, biberones y cariños, entregamos a Verónica pocas semanas antes de la Navidad.

Es duro cuando un plan de adopción fracasa, y peor aún rendirse y entregar a un niño que se ha amado durante meses. Ésa es la cruz. Aquí hay un misterio. ¿Por qué el Señor, nos escoge para amar a uno de estos niños sólo unos pocos meses? ¿Por qué herir nuestros corazones? Podemos dar gracias a Dios por la oportunidad de unir nuestros sufrimientos a los suyos; aquí hay un consuelo profundo y misterioso. Pero el sufrimiento... oh, el sufrimiento...

Dos meses después obtuvimos una nueva respuesta a nuestras oraciones: Leo, un pequeño y hermoso niño que podríamos adoptar. Dios es bueno, nos dimos cuenta una vez más; Él purifica nuestro amor.

Adoptar a otro bebé después de no haber podido culminar la adopción anterior ayuda a llenar un vacío. Siempre hay una gran alegría en criar a un nuevo hijo. Pero el que uno pierde siempre permanece como una parte especial de uno mismo. Leo es Leo, y el lugar de Verónica permanece en nuestro corazón. En este sentido, su lugar está vacío, pero estamos seguros de que Dios confió en nosotros para darnos este hijo, aunque fuera sólo por un breve tiempo. Es un misterio. Una parte de nuestro interior encuentra la paz simplemente sabiendo que Él está detrás, más allá de nuestro entendimiento.

En mayo de 2000 llevamos a casa desde el hospital a otro hijo: Anthony. Tuvimos un encuentro con sus padres y procuramos tener resuelto todo el papeleo en uno o dos meses. Tenía confianza en que el dolor que sufrimos al perder a Verónica, no lo tendríamos que sufrir nuevamente.

Rosas
El día del Padre, me dieron cuatro rosales para el jardín: uno rojo de parte de Patrick, uno rosa de Elena, otro rojo y blanco de Leo, y el último amarillo del bebé Anthony. Nos llevó unas pocas semanas encontrar el tiempo, pero los hijos mayores me ayudaron a plantarlos en la parte de enfrente del jardín. Con mucho cuidado (y mucho fertilizante) los rosales crecieron hermosos.

Seguíamos esperando al padre biológico de Anthony para terminar los trámites de la adopción, y él no asistía a las citas. Los trabajadores de la adopción, que sabían lo que habíamos sufrido con Verónica, seguían adelante para acelerar el proceso. Tres días antes de la cita en el tribunal, tuvimos malas noticias: La mamá del padre de Anthony se acababa de enterar de la existencia de su nieto. Su hijo no se lo había dicho. Lo supo por la carta del juez que notificaba a su hijo la fecha de la cita en la que se finalizarían sus derechos como padre. Debió haber sido un golpe muy duro para ella.

Arreglamos una reunión con los padres de Anthony, junto con sus abuelos paternos y esperábamos que todo se podría resolver, pues los padres de Anthony vieron los beneficios que ambos tendríamos con la adopción.

El abuelo comenzó a acusarnos de manipular a los padres de Anthony para satisfacer nuestros propósitos egoístas. Él creía que de algún modo había dinero en todo esto. Él y su esposa se volvieron sordos a las consideraciones que les hice: los abuelos no crían a los bebés, los padres sí. Estábamos perfectamente dispuestos a que ellos estuvieran presentes en la vida de Anthony como sus abuelos. Margie pidió a todos que pensáramos en lo que era mejor para el bebé, no para nosotros mismos. Una vez más, sólo obtuvimos respuestas negativas y hostilidad. La reunión llegó a su fin. No teníamos nada que hacer; Anthony nos dejaría.

Al final, Margie se reunió a solas con la abuela, dos personas que amaban a este bebé, aunque no estuvieran de acuerdo en qué era lo mejor para él. Acordamos que la abuela pasara una hora todas las tardes con Anthony para que, mientras se terminaban los trámites, él pudiera conocerla y establecer un lazo emocional con ella.

Así fue como empezamos a ver la mano de la Providencia. Tal vez si los abuelos hubieran conocido la existencia de Anthony desde el principio le hubieran visto como una carga. Anthony llegó a ser una persona amada por ellos, quienes se entregaron y lucharon por él. Quizá ésa era nuestra misión, enseñar a la familia de Anthony que él es digno de ser amado. Una razón más para nuestra alegría.

El 14 de agosto iniciamos el día asistiendo a Misa toda la familia. Parecía ajustarse a nosotros la fiesta de San Maximiliano Kolbe, un franciscano de origen polaco que dio su vida en Auschwitz a cambio de la de otro hombre, para que sus hijos no quedaran huérfanos.

Después de Misa, llevamos a Anthony a su nuevo hogar. Margie estuvo ocupada explicando los detalles de cómo le gustaba todo a Anthony. Patrick y Elena se turnaron para sostener al bebé. Leo subía y bajaba de todos los muebles y tiraba algunos juguetes. Por mi parte, sólo mantuve una conversación amable con los abuelos de Anthony. De pronto, el bebé se puso muy inquieto y hubo varios intentos de tranquilizarle. Le tomé en brazos, sostuve su cabeza junto a la mía, le miré a los ojos y comencé a cantarle una canción de cuna "Toora loora looral ..." Sus lágrimas se convirtieron en sonrisas.

Después de una hora, nos debíamos ir. Margie sostuvo al bebé para que cada niño le diera un beso. Lo cogí en mis brazos y volvió a molestarse. Traté de cantarle por última vez, pero las lágrimas no me lo permitieron. Sólo le abracé fuerte y con gran pena le dejé ir.

El camino de regreso a casa reinó el silencio. Leo y Elena se quedaron dormidos, a pesar de que era temprano, ellos también sintieron el estrés. Patrick se sentó callado, e hizo algunos comentarios: “¿Sabéis qué es lo bueno de esto?” preguntó. “Primero, es la voluntad de Dios. Y segundo, Leo no se meterá más en problemas“. Margie y yo nos cogimos de la mano y tratamos de disimular aunque por dentro nos estábamos deshaciendo en lágrimas.

Cuando llegamos a nuestra calle, Margie miró al jardín de enfrente y comentó lo bien que se veían los rosales. Es cierto, pero noté que mientras tres de ellos estaban cubiertos de rosas, el cuarto, el amarillo no tenía ninguna, ni siquiera un botón. “¿Sabes de quién era ese rosal?” preguntó Margie. Nos miramos uno al otro. Lo sabíamos: era de Anthony.

Resurrección
Las oraciones de amigos y de la familia nos consiguieron de Dios las gracias necesarias para atravesar este difícil momento. Nos fuimos 10 días a visitar a la familia y amigos de nuestra ciudad natal. Para Margie y para mí, como para Patrick, Elena y Leo, pensar en Anthony significaba derramar lágrimas.

Unos días después de llegar a casa, la trabajadora del centro de adopción nos llamó para preguntarnos cómo estábamos. También tenía algunas noticias que darnos; una madre quería dar a su hijo y entregarlo en adopción.¿Estaríamos dispuestos a otra posible adopción? ¿Podríamos correr ese riesgo?

No estaba seguro. Pero mientras Margie y yo hablábamos, recordaba todas las oraciones de nuestros amigos y nuestra familia. Además ella nos habló de que esta madre quería dar a su hijo en adopción y había insistido en ver a quién se lo podía entregar. Ojeó nuestros retratos familiares y las cartas que Margie y yo habíamos escrito. Lo que más le atrajo de nuestra familia fue Margie. "A mí también" le dije

Dos semanas después, conocimos a los padres. Ambos parecían muy convencidos de la adopción. Yo sentía paz, aunque suene ilógico. Conforme se acercaba la fecha de entrega, Margie y la madre de este bebé se reunieron para tomar un café y a charlar. En nuestro jardín, algo increíble comenzó a suceder. El rosal amarillo de Anthony comenzó a florear. Era el primero de octubre, festividad de santa Teresita de Lisieaux, “la pequeña flor”.

Patrick y Elena trajeron a casa unas tarjetas de la novena de santa Teresita que les dieron en el colegio. Empezamos a rezar a santa Teresita, pidiéndole que Dios nos enviara “un bebé que permaneciera con nosotros para siempre”. Se dice que si santa Teresita escucha tu oración, recibes rosas que no esperabas.

El octavo día de la novena, un amigo nos envió media docena de rosas de color rosa. No las esperábamos. Al día siguiente, Margie se encontró de nuevo con la madre del bebé, que le dijo: “No sé por qué, pero sentí que debía darte esto”. Se trataba de una rosa amarilla.

La pequeña, Susannah Rose, nació el 17 de octubre; pesaba poco más de tres kilos, con su cabecita cubierta de pelo café oscuro. El juez dio por terminada la adopción la tarde del 31 de marzo de 2003. Ella está ahora en nuestro hogar. Cuando la arrullo en mis brazos, no puedo creer la maravilla de todo lo que estamos viviendo.


Jay Dunlap, es miembro del Regnum Christi. Trabaja en una oficina de relaciones públicas en New Haven, Connecticut.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2003-09-02


 

 


Enlaces relacionados

Red Misión
Familia Unida
CIFFA
Instituto Juan Pablo II para la familia
Virgen Peregrina de la Familia

 



Síguenos en :   
Auspiciada por la congregación de los Legionarios de Cristo y el Movimiento Regnum Christi , Copyright 2014 , Legión de Cristo. Todos los derechos reservados.

¿Deseas agregarCuando las rosas regresan a tus favoritos?
  -    No