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Misiones: sensibilización y humanización para toda la familia
MÉXICO | APOSTOLADO | TESTIMONIOS
Antonio González-Aller, miembro del Regnum Christi y de Familia Misionera nos comparte su experiencia, como padre de familia, de la Megamisión 2009.

Antonio González-Aller con su familia
Antonio González-Aller con su familia

Mi nombre es Antonio González-Aller, soy español, tengo 36 años y vivo en Culiacán, México, con mi esposa Silvia y nuestros tres hijos, Silvia María de 7 años, Antonio de 4 años y Pablo de apenas 1 año. Este año fue la tercera vez que fuimos de misiones con Familia Misionera, en Culiacán, más de 100 personas coordinadas por el P. Santiago Villafaña, L.C., por Fernando y Sandra Zamora, responsables de Familia Misionera y acompañados por Alfredo y Silvia Lomelí del equipo de Familia Unida. El Señor Obispo nos pidió que ayudáramos en un pueblo llamado “Cerro Agudo”, cuya cabecera es Mocorito. Cabe destacar que tanto Silvia como yo acudimos a misiones en Semana Santa desde antes de casarnos, con Juventud Misionera.

Cuando uno se plantea, o le plantean, ir de misiones, siempre le parece buena idea, pero cuando se acerca la Semana Santa y hay que hacer maletas a todos nos empieza a dar pereza. Uno  piensa en todo lo que deja (vacaciones en la playa, amigos, fiestas, descanso…, y todo esto puede ser, incluso, viviendo la parte religiosa…), pero es mejor no pensarlo mucho y dar el paso. Además uno siempre sabe que al terminar las misiones estará satisfecho de haber ido.

Estamos convencidos de que ir de misiones es algo que nos enriquece tanto a nosotros como a las personas misionadas, aunque en lo particular veo un efecto que realmente recompensa y es en mis hijos; Pablo que tiene 1 año suele quedarse dormido en las visitas a las casas pero para Antonio y para Silvia, que ya son un poco mayores el efecto es tremendo. De nuestra experiencia, esta Semana Santa, destaco 4 aspectos que ayudan a que las misiones sean también una experiencia formativa para toda la familia, sobre todo los hijos:

  • El ambiente: para los hijos el poder convivir más estrechamente y durante todo el día con un sacerdote legionario de Cristo, llevar con orgullo las camisetas de Familia Misionera, repartir imágenes de Cristo y de la Virgen María, y rezar en las casas etc., es toda una experiencia de evangelización. 
  • Los hijos se dan cuenta de una realidad a la que no están acostumbrados: ven niños de su edad viviendo en pueblos y lugares muy marginados, en casas que no tienen piso, que no tienen baño, y que te reciben y te invitan a pasar a sus hogares con gran alegría. Aunque ellos se adaptan y lo ven con gran naturalidad en el momento, tras la misión te hacen preguntas y hablamos sobre las experiencias vividas en el día; valoran lo poco o lo mucho que tienen. Ir de misiones es un gran ejercicio de sensibilización y humanización.
  • Ven el ejemplo de sus padres; tocando las casas, predicando abiertamente, rezando en las calles, rezando en familia y como dicen aquí en México, “con la camiseta misionera bien puesta”. Esto es un ejemplo que se les quedará marcado para siempre. En nuestro caso, además de sus papás, mis hijos tienen la suerte de ver misionando a sus abuelos, que son ya asiduos a las misiones de Semana Santa. Esto es un aprendizaje invaluable para mis hijos.
  • En todos, pero especialmente en los niños las misiones dejan una huella indeleble. Llegando de las misiones llevan a su escuela la tarea con dibujos de lo que hicieron en Semana Santa. Dibujan cruces, sacerdotes, tiendas de campaña, a Dios, etc. Es la forma sencilla de los niños de expresar algo muy especial, muy significativo para ellos. Durante el año, cuando salimos alguna vez con los niños de acampada, para ellos es ir “como de misiones”. Quiere decir, para ellos las misiones son una experiencia única.

En esta Semana Santa, además de los aspectos normales en una misión, tuve la gran suerte de ser elegido, junto con otro misionero que también es miembro de mi equipo del Regnum Christi, para ser “ministro extraordinario de la comunión”.  El P. Petrus, párroco del lugar, tiene 113 comunidades a las que debe llegar y la verdad es que el hombre no para de trabajar. No cabe duda que él sí vive en estado permanente de misión. Ser ministro extraordinario me llenó de gratitud desde el momento en que me lo dijeron. El Jueves Santo, el P. Petrus nos mandó a una comunidad llamada Tepantita, bastante marginada y alejada de todo, donde visitamos todas las casas invitándoles a asistir a los oficios que me tocaron dirigir: el lavatorio de los pies, una predicación, cantos etc. Todos pedimos mucho por las vocaciones sacerdotales. No había mejor excusa para pedir por las vocaciones que el hecho de no tener un sacerdote al frente de la celebración. A la comunidad de Tepantita les gustó mucho y estaban muy orgullosos de tener el lavatorio de pies en su humilde capillita. Fue para nosotros una experiencia muy bonita y profunda.

Los que fuimos de misiones tenemos que ser constantes en el seguimiento de los pueblos misionados, y aunque aún queda mucho tiempo hasta el otro año, creo que no es temprano para invitar a todos a la siguiente Megamisión.

Es una experiencia que merece la pena vivir en familia.

Les envío un saludo: Antonio


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2009-04-30


 

 


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Familia Unida
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Instituto Juan Pablo II para la familia
Virgen Peregrina de la Familia

 



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