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| Brian Bisgrove subiendo a las montañas Adiranondack (USA). | |
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Testimonio de vida de Brian Bisgrove
Brian ama el deporte, se
divierte al aire libre y explora la naturaleza. En las
vacaciones sube con voluntad firme a las montañas Adiranondack en
el nordeste del estado de Nueva York. Sus amigos ocupaban
un lugar muy importante en su vida, pero uno es
el mejor: Jesucristo.
En un equipo de jóvenes del ECYD fue
conociendo cada vez más a Jesús, descubriéndole en retiros, en
la oración y en el juego, en los sacramentos y
en el estar disponible para los demás.
A la edad de
doce años conoció la escuela apostólica de los Legionarios de Cristo
en Center Harbor (New Hampshire, USA), donde algunos jóvenes como
él cultivan juntos esta amistad con Cristo. El trato cordial
de los compañeros y la alegría que experimentó durante la
visita, le llevaron a una decisión: este es el lugar
ideal para mí.
Cuando solicitó su admisión la escuela apostólica, escribió:
No estoy seguro de que Dios me llame al sacerdocio,
pero quiero vivir con amigos que quieran encontrar el plan
de Dios en su vida.
Brian empezó su vida en el
centro vocacional con entusiasmo. Se sentía como pez en el
agua. Fue un gran ejemplo para sus compañeros por su
alegría, su responsabilidad en el cumplimiento de los deberes y
por su respeto a sus formadores. Todos podían contar con
él para cualquier iniciativa del equipo. Tuvo algunas dificultades con
los estudios pero se mantuvo disponible en todo momento para
realizar encargos con la condición de no faltar a clase...
Pero, como antes en el equipo del ECYD, se dedicó
a templar su carácter y superar la impaciencia. En todo
esto su amistad con Cristo era el punto de referencia
de su vida.
Al final del bachillerato se descubrió que Brian
no tenía vocación al sacerdocio. Pero quiere disponer de su
vida para servir a Jesucristo y a la Iglesia. Le
agrada ayudar a niños y jóvenes para que conozcan a
Jesucristo y lo transmitan también a los demás. Él quiere
extender la formación que recibió en el centro vocacional con
otros que no tienen la posibilidad de vivir esta experiencia.
Inmediatamente
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| Brian Bisgrove durante su estancia en el centro vocacional, acompañado por el entonces H. Thimothy Meehan, L.C. | |
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comenzó a fundar clubes de jóvenes con la ayuda de
un sacerdote. Durante dos años trabajó incansablemente, pues, los clubes
tienen que consolidarse con una sana mezcla de deporte, de
juego, de aventura, de catequesis y de formación del carácter,
pero siempre polarizado hacia el centro de todo: la amistad
personal con Jesucristo. Para esto es decisivo el apostolado, al
cual los miembros se dedican para hacer algo por Cristo
y por la Iglesia. Es más que juntarse con algunos
amigos alrededor de una fogata para sentirse bien y cantar
canciones. Con el apoyo económico de algunos empresarios, inicia un
programa mensual de televisión, producido por un equipo de jóvenes
con la ayuda de un adulto, y el contenido son
juicios morales sobre las películas que acaban de proyectarse en
los cines.
Aunque Brian no se ahorra esfuerzos,
no todo está exento de dificultades: muchas veces los chicos
no vienen, sus padres no están totalmente de acuerdo. Esto
le conduce a la idea de involucrar directamente a los
padres en los trabajos de los clubes y darles un
papel activo en la organización de las diferentes actividades. Este
intento resulta un gran éxito: los clubes ConQuest han nacido.
En
la primavera del año 1996 Brian regresa con su familia
para ayudarles en el rancho mientras continúa su trabajo con
los jóvenes. Pero Dios tiene otro plan para él. El
primero de mayo, durante una operación de emergencia, se le
diagnostica cáncer a las cuevas laterales, enfermedad que le causa
tremendos dolores de cabeza y que le hicieron sufrir por
casi seis meses. Para él ahora empieza el tiempo del
sufrimiento: operaciones, radioterapia, quimioterapia, tratamientos, medicinas naturales… todo eso deja
huellas profundas. Pero la formación que él recibió en el
centro vocacional le ayuda también en estas circunstancias. Acepta su
situación como un modo concreto de ver la voluntad de
Dios y ofrece sus sufrimientos por las vocaciones y por
el apostolado de los jóvenes. Brian ahora quiere mostrar a
otros, mediante su sufrimiento, que éste puede ser fructífero cuando
está unido a la pasión de Cristo y está llevado
por la salvación de las almas de los demás.
Brian continúa
ayudando a los clubes y viaja para transmitir sus experiencias
a otros, mientras se lo permitan sus terapias y sus
fuerzas; en una ocasión dio su testimonio en un programa
de radio.
Durante su permanencia en el hospital en México se
entera del proyecto de una parroquia pobre de edificar una
iglesia cerca de ese hospital: les falta el dinero para
el techo. Inmediatamente se pone a llamar por teléfono y
recauda 60.000 dólares para este fin. Dondequiera que vea una
dificultad, él busca una solución.
La lucha contra el cáncer resulta
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| Brian Bisgrove acompañado por su familia en el hospital, un sacerdote le confortaba en sus últimos momentos. | |
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en vano. Pero los frutos del sufrimiento llevado con amor
heroico y reciedumbre no se dejan esperar. Pocos días antes
de su muerte pudo presenciar el bautismo de su cuñado
Ken, que se convirtió gracias al ejemplo de fe de
Brian que la vivía intensamente, además de que él fue
su padrino. Brian ve en este acontecimiento el último gran
regalo de Dios.
Con sólo 21 años Brian devuelve su vida
al Creador. El día de su nacimiento fue el 22
de octubre 1976 y el día su nacimiento a la
eternidad fue el 10 de febrero 1998.
Su vida fue corta
pero intensa. Con la alegría de un auténtico cristiano, llevó
sus sufrimientos y se entregó a los demás hasta el
último momento de su vida. Dedicó su vida a Cristo,
a su familia y a sus amigos y dejó la
herencia de un trabajo floreciente con los jóvenes en los
clubes ConQuest, en el norte de los Estados Unidos. Por
su modo de aceptar la voluntad de Dios y de
vivir una caridad olvidada de sí mismo, permanece como un
ejemplo especial para los jóvenes del centro vocacional. Como botón
de muestra del fruto de su trabajo encontramos a un
joven seminarista que descubrió su vocación gracias a Brian: “Después
de siete años veo que Brian era mucho más que
un amigo, un ejemplo para los jóvenes. Él era más
que el joven deportista que yo conocí un día de
otoño en 1995. Brian era la mano de Dios en
mi vida. Sin él no estaría camino al sacerdocio. No
sería quien soy”.