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| Dos colaboradoras del Regnum Christi: Sofía Martínez y Celina Seaman. | |
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Me llamo Celina Seaman, soy de El Salvador. Tengo 23
años y soy la mayor de 4 hermanos.
Pertenezco al Movimiento
católico Regnum Christi, y dentro de este movimiento Dios
me dio la oportunidad de servirle como colaboradora. Ser
colaboradora es dar un año de la vida a la
Iglesia, orientando, motivando y acercando más almas a Cristo. Para
esto tuve un mes de formación y fui a Puebla,
donde trabajé pastoralmente.
En diciembre vine a mi casa para mis
vacaciones de navidad y antes de irme a México empecé
a sentir un dolor en la espalda, que confundí con
los riñones. Como era tan fuerte tuve que ir al
hospital. Allí me operaron y encontraron un tumor rasgado que
me causó una hemorragia interna. Después de hacerle la biopsia
al tumor lo diagnosticaron como maligno.
Mis papas decidieron enviarme a
los Estados Unidos para tratarme quirúrgicamente, donde me hicieron mi
segunda operación para verificar que no tuviera más cáncer. Para
que la doctora me operara tuve que firmar un papel
que la autorizaba a quitarme cualquier órgano que estuviera infectado
de cáncer.
Una noche antes de esa operación, llegó mi mamá
para estar allá conmigo y me llevó un retablo de
la Virgen Peregrina de la Familia. Esa misma noche
rezamos el rosario. A la mañana siguiente antes de la
operación, le recé un Ave María y le dije: «Virgencita,
por favor, que no me quiten nada, que no tenga
nada de cáncer, yo también quiero ser mamá como Tú».
Me encomendé a ella y me llevaron a la sala
de operaciones.
Cuando desperté, después de la operación, sólo recuerdo que
mi tía se acercó a mi oído y me dijo
que no habían quitado nada. Entonces yo tuve la certeza
de que había sido la Sma. Virgen quien había intercedido
por mí para que estuviera limpia de cáncer. Aunque después
de eso me dieron un tratamiento de tres quimioterapias, yo
sabía que estaba bien cuidada, porque además de mi familia,
tenía a Cristo y a la Virgen guiándome por ese
camino que Dios había escogido para mí.
Como hablaba seguido con
mi orientadora espiritual, llegamos a la conclusión de que Cristo
había querido que yo concluyera mi año de colaboradora del
Regnum Christi de una manera muy particular: uniéndome a su
sacrificio. Yo sé que la Virgen María, como mi Madre
del cielo, estuvo presente e intercediendo por mí en todo
momento. No hubiera podido pasar por todo eso sin la
gracia de Dios y sin las fuerzas que Él, a
través de su Madre me dio y me sigue dando.